Luis Leonel León
@luisleonelleon

Cuando este jueves 10 de marzo se realice el estreno mundial de la película La reina de los jueves en el teatro Olympia (Gusman Center for the Performing Arts), los que puedan verla van a asistir al momento quizás más emotivo de la edición 33 del Miami International Film Festival: esa noche se cumplirán exactamente 22 años de que la protagonista de este documental, la gran bailarina clásica cubana Rosario Suárez, la mítica Charín, bailó por última vez en la isla, también un jueves.

Igual esa noche será muy especial para su director, Orlando Rojas, que luego de trece años de exilio estrenará su primera película rodada en EEUU. Quizás el más hermoso, y a la vez el más doloroso documental realizado sobre el drama de los cubanos exiliados.

Tal pareciera que Albert Camus, en El mito de Sísifo, estaba pensando en el destino de Charín cuando escribió: “Los dioses habían condenado a Sísifo a empujar eternamente una roca hasta lo alto de la montaña, desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso. Pensaron con cierta razón, que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza”. Con esta cita comienza La reina de los jueves.

Sobre la cinta y los lazos entre su protagonista y él, conversó Orlando Rojas con DIARIO LAS AMÉRICAS.

Después de tantos años sin estrenar un largometraje, el cineasta se descubre como un niño con un juguete nuevo el día de reyes. “Algo siento en el estómago que me hace dormir mal. Es un documental complejo, fuerte, creo que hermoso, y a la vez estoy nervioso porque significa mucho para Charín. Estamos atravesando este momento del estreno, y los dos un poco lejos de cuando estábamos en una situación similar. Estamos en esta situación casi como nuevos, siendo ya viejos. Es nuestra ópera prima de la vejez. Y estamos nerviosos”, confesó emocionado.

Gracias a una beca Guggenheim, Rojas llegó a EEUU en el 2003 para hacer un documental sobre el arte cubano en el exilio, y desde siempre tuvo la idea que sería sobre Rosario Suárez: “Charín es parte de mi vida. Anduvimos las mismas batallas. Ella es sinónimo de gran artista. Su vida no está llena sólo de talento sino también de misterio creativo, de energía, una enorme capacidad de riesgo, un sentido del humor con una tristeza también muy pegada a lo que es lo cubano. Es uno de los últimos mitos del arte cubano. Era la única bailarina joven del Ballet Nacional de Cuba, que en la práctica era una perfecta émula de Alicia Alonso. Charín es el ejemplo de lo que un artista es. Y hacer un documental sobre eso era muy importante para mí”.

El autor de Papeles secundarios, Las noches de Constantinopla, Una novia para David, y A veces miro mi vida (con Harry Belafonte) siente que sus protagonistas se enfrentan solos contra el mundo. “No son películas sobre la lástima, sino de luchadores que se enfrentan a un conjunto humano, o a la sociedad en general, de una manera muy individual, y con muchos problemas. No es el caso de Charín en su primera etapa, cuando era una joven talentosísima, una de las mujeres más bellas que ha pisado La Habana. Después, por razones sociales y políticas, la vida se fue haciendo cada vez más dura y la puso en contra del mundo que la rodeaba en Cuba. También cuando fue al exilio en Madrid y después cuando vino para Miami, a una edad en que no suelen las bailarinas rehacerse, porque ya tenía 42 años. Ha sido una larga lucha por expresar como artista lo que ella siente, que no pasa incluso por el reconocimiento del público, sino que pasa por su propio afán”, explicó.

Una historia de emigración, exilio, ruptura

Rojas nunca olvida cuando le mostró la película sin terminar a unos amigos y uno de ellos le dijo: “Si a Charín que es una persona tan extraordinaria le pasan estas cosas, como a mí que soy un individuo normal no me van a pasar”. Y creo que sí, que tiene efectivamente un valor metafórico para cualquier persona que emigra, que se exilia, que pierde donde tiene sus raíces y tiene que echarlas en otro lugar. La película no es sólo sobre ella, sino también sobre todas aquellas personas que han tenido que desarraigarse, cargar con su árbol, cortar la mitad de las raíces y tratar que esas raíces vuelvan a nacer en otra tierra. Esa es la historia de la película. Una historia de emigración, exilio, ruptura. Charín no ha tenido nunca miedo de arriesgar, de desafiar su propia carrera, y esa es la historia del documental. Hay quienes siempre están arriesgando en busca de algo mejor para sus vidas, y en el caso de ella, como artista, para seguir expresándose cuando la capacidad de expresión era cortada. Cuando las alas eran cortadas, ella trataba de seguir produciendo, de seguir haciendo. Es la historia de esa lucha por crear arte toda una vida”.

Charín soy yo

La bailarina y el cineasta son de la misma generación. Por ello su amigo, el periodista y crítico cinematográfico Alejandro Ríos, afirma que en esta película se establece una relación similar a la de Gustave Flaubert y Madame Bovary: “Vivimos las mismas dificultades, caminamos los mismos senderos, los mismos fantasmas, demonios, represores, los mismos tiranos durante una larga vida. Ya más de seis décadas. Yo estoy en la película. Y desde muy pronto deseché para siempre la idea de contar con otros testimonios distintos al suyo. Ella me retó diciéndome: “Yo te cuento todo a ti porque somos amigos, pero no se lo cuento a la cámara”. Y entonces asumí el reto de que me lo contara a la cámara. No me contaba y yo seguía haciendo emboscadas, vueltas, dejando de filmar un día, dos meses”, expresó Rojas.

Siempre fue un proyecto a largo plazo, pues consistía en filmar cómo la vida de Charín se definía en el exilio. “Ella es muy tímida y no tenía muchos deseos de hacer el documental. No creía que la sustancia de su vida fuera propia de un documental. Lo hizo con reticencia. Y eso ha servido para mostrar el conflicto de alguien que no quiere decirlo todo, que prefiere callar a veces, no decir más de lo que ella quiere decir. Esa tensión entre lo que es y lo que ella quiere comunicar de lo que fue, hace que el documental tenga un dramatismo interior en la forma de hacer la entrevista, y requirió un largo proceso”, precisó.

Pero Rojas nunca tuvo apuro en terminar: “Siendo un documental sobre la vida de Charín, quería que se tomara todo el tiempo para vivir. Fui muy respetuoso con sus tiempos, sus problemas, sus deseos de hablar o de no hablar. Le respeté toda su forma de ser. Y ella me respetó a mí toda mi paciencia porque me contara su vida, y que la contara de la manera más hermosa, más suave, aunque se tratara de las cosas más duras y feas, pero que me lo dijera como ella baila. El documental es una charla bailada con Rosario Suárez, y de alguna manera, un ejercicio de cómo hacer con dos centavos una película profesional”, destacó.

Charín y Alicia Alonso

Se llama La reina de los jueves por un elemento que marcó la relación entre Charín y la directora del Ballet Nacional de Cuba, Alicia Alonso, uno de los conflictos que expone el filme. Sobre esto comentó Rojas: “Es demasiado vital para ella, y tiene mucho pudor, mucha ética para contar lo que pasó entre ella y Alicia. No lo quería contar y lo contó a medias. Por eso usé el narrador, que a veces suple lo que ella no quería decir. Y eso le da también un juego que estimo que pudiera ser novedoso”.

La eternidad del baile

Como buen cineasta, Rojas aprovechó el universo de expresiones, más allá de las palabras, de su protagonista: “A veces dice más de lo que quería decir. Habla con los gestos, con las manos, baila hablando. Y eso solo lo puede hacer una bailarina con una capacidad y una inteligencia como ella, con un sentido del diálogo y del respeto humano tan grande como el suyo. No quiere herir a nadie, no quiere caer en ningún terreno que pueda ser considerado un chisme, un brete, o como decimos los cubanos, un tiqui tiqui. Quiere ser justa, fiel a la verdad. Es una lucha por cada palabra, y ahí a veces dice cosas asombrosamente lúcidas, hermosas, sin estar en pose. Una de las más grandes bailarinas del ballet latinoamericano no se considera nada después de los años, porque no puede bailar, su vida consiste en bailar, en expresarse, ella no tiene otro objetivo. Ni poder ni lujos, lo que quiere es la eternidad del baile. Algo que es imposible, pero ella de alguna manera lo logra. Hasta hablando baila, hasta cuando piensa baila. Ella puede decirle muchas cosas no solo a los cubanos, sino al mundo entero. Un ejemplo de modestia, de cómo usar la duda y hasta los defectos personales en beneficio de lo quieres lograr”.

Más que un documentalista, Rojas se considera un cineasta de ficción: “Por eso abordo el documental con el mismo tipo de pensamiento que hago la ficción. Si vuelvo al cine de ficción, quisiera retomar esto con Charín como actriz. Creo que todavía le debo algo”.

La reina de los jueves no podía dejar de terminar con otra cita del El mito de Sísifo, donde Camus también parece describir el destino de Charín: “La lucha por llegar a las cumbres basta para llenar el corazón de un hombre. Hay que imaginarse a Sísifo feliz”.

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