LA HABANA.- IVÁN GARCÍA
Especial

Justo en la medianoche del jueves 17 de septiembre, dos añejos y gigantescos camiones Kp3 de la era soviética repletos de escombros, transitaban por la Calzada 10 de Octubre rumbo al vertedero de la Calle 100, al este de La Habana, escoltado por un buldozer y una motocicleta de la Policía.

Orestes, empleado del servicio de comunales, ha trabajado durante doce horas diarias en diferentes barrios de la capital en un intento por limpiar y embellecer la ciudad.

“La directiva del Gobierno es limpiar todo lo que podamos de la ciudad. Se han planificado recogidas de escombros en diferentes sitios de la urbe. No faltaron recursos ni combustible”, señala Orestes, jefe de una brigada de limpieza que recoge basura con un tractor al que se le ha acoplado un remolque.

La suciedad en La Habana es proverbial. Son habituales en las calles los salideros de agua y albañales de las deterioradas redes hidráulicas. Enfermedades como el dengue y el chikungunya amenazan con convertirse en una pandemia.

Por la visita del Papa Francisco, Salud Pública ha incrementado la fumigación para combatir al mosquito Aedes Aegypti, que produce el dengue hemorrágico.

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“Estamos trabajando en dos turnos. Hemos recibido productos de mejor calidad para contrarrestar la epidemia de dengue y chikungunya. En La Habana se mantiene bajo control el cólera, pero en Holguín, donde el Papa ofrecerá su segunda misa, existe un estado epidemiológico preocupante”, apunta un funcionario de Higiene y Epidemiología.  

Ante la visita del Vicario de Roma, el régimen militar de los hermanos Castro no escatiman recursos para cambiar el panorama. Las fachadas de edificios ruinosos y con goteras en el techo han recibido una mano de pintura. Quince brigadas de pintores estatales maquillan la Avenida Boyeros, Carlos III, Reina y Prado, entre otras.

A pocas horas de que el avión papal aterrizara a las 4 de la tarde de este sábado en el Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana, los operarios trabajaban ultimando detalles en diferentes puntos de la ciudad.

Frente al Teatro Nacional, flanqueado por la estatua de mármol de José Martí y una holografía de Ernesto Che Guevara que cubre la pared frontal del Ministerio del Interior, se montó una tribuna de acero revestida de madera y adornada con banderolas blancas, azules y rojas, donde el Papa Francisco oficiará su primera misa en Cuba, el domingo 20 de septiembre a las nueve de la mañana.

Para Ángela, ama de casa y católica ocasional, la visita del Papa se asemeja a los recibimientos multitudinarios que organizaba la autocracia castrista a dirigentes de los países del extinto bloque comunista de Europa del Este o 'pueblos hermanos' de África, Asia y América Latina.

Instituciones estatales ubicadas en el municipio Boyeros han sido convocadas para vitorear a Francisco al paso de su Papamóvil. Representantes de diócesis y parroquias de todo el país saludarán a Su Santidad durante el trayecto. Unos doscientos peregrinos viajarán desde Miami para participar en el recibimiento.

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Los monumentales recibimientos a personalidades de Estado considerados 'compañeros de viaje' o aliados coyunturales, siempre han servido para engrasar la maquinaria propagandística de los Castro.

Pero el barniz chapucero que el partido y las llamadas organizaciones de masas, dan a esos recibimientos, le quita espontaneidad popular. Lo que pudiera ser una fiesta para jóvenes desilusionados que planifican su futuro lejos de Cuba o una ilusión para miles de personas pobres, una vez más es secuestrado por el aparato de difusión estatal.

Al menos así lo percibe María Luisa, ingeniera civil. “Soy católica, pero me parece de mal gusto el excesivo barraje informativo sobre la visita del Papa. El Gobierno se lo quiere atribuir como un mérito por su trayectoria política. Nada más alejado a la verdad. Si alguien sufrió en Cuba la intolerancia oficial fue la religión, en todas sus denominaciones. Pasa con cualquier cosa, sea un recital o un encuentro deportivo, el régimen se apropia de todo para su beneficio”.

Osniel, devoto a la religión afrocubana, no espera grandes cosas tras la visita del Papa. “En 17 años tres Papas han estado en Cuba. Ninguno de los Pontífices se ha reunido con representantes de religiones afrocubanas, que somos la mayoría de los devotos en el país. Al final es el Gobierno el que saca más provecho de esas visitas”.

Más por curiosidad que por fe, varios jóvenes y adolescentes del Reparto Sevillano, al sur de la capital, esperan asistir a la misa del 20 septiembre en la Plaza de la Revolución.

“El Papa me parece un tipo especial. Quisiera verlo lo más cerca posible. Las liturgias de las misas son bonitas. Y a lo mejor el hombre dice cosas diferentes al discurso oficial que estamos acostumbrados”, señala Yonsué, estudiante de primer año de Telecomunicaciones.  

Tanto en La Habana como en Holguín y Santiago de Cuba, cientos de ómnibus se pondrán a disposición de los ciudadanos, para que llenen todas las actividades del programa oficial del Papa donde habrá público. Incluso se movilizará a personas de provincias limítrofes. 

Paralelamente, y a medida que se acerca la llegada del Papa, la represión se ha ido recrudeciendo. Los opositores Berta Soler y José Daniel Ferrer han denunciado el arresto de Damas de Blanco, activistas y disidentes en La Habana, Santiago de Cuba, Holguín, Bayamo, Santa Clara y Pinar del Río.

Cuba es un país con una crisis económica estacionaria que se extiende por 25 años, infraestructura del cuarto mundo y un segmento amplio de sus ciudadanos que optan por emigrar. Sería provechoso que las oraciones del Santo Padre calen al interior de los cubanos decepcionados.

Es muy pretencioso pensar que las palabras del Papa puedan hacer milagros en una casta de ancianos aferrados al poder. Los Castro son expertos en manipular y revertir panoramas de riesgos. Y esperan tupir con multitudes y alfombra roja al mensajero de Dios en la tierra.

Veremos si el argentino Jorge Bergoglio se traga el anzuelo.

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