domingo 5  de  abril 2026
LITERATURA

Sergio Ramírez trae grandes memorias para contar

El escritor y exvicepresidente del Gobierno nicaragÁ¼ense (1986-1990) recoge su largo andar de autor en un libro que trae a Miami

El escritor nicaragüense Sergio Ramírez, Premio Alfaguara de Novela en 1998, conversó con DIARIO LAS AMÉRICAS sobre sus apreciaciones y su más reciente publicación Juan de Juanes (Óleo sobre tabla), La Pereza Ediciones, que presenta en el Koubek Center, el miércoles, 7:30 p.m., y en la librería Barnes&Nobles, en Kendall Drive, el jueves, a la misma hora.

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-Usted hace un repaso de sus memorias como escritor, a partir de su buen amigo, el escritor, periodista y editor español, Juan Cruz Ruiz. u00bfSon las memorias un asunto inevitable en la literatura?

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Cuando uno ha vivido como escritor, se da cuenta que de pronto tiene un cúmulo de historias en la cabeza, que vale la pena contar porque son de alguna manera trascendentes, o al menos son graciosas. Y uno se dice que si no las deja escritas, se perderían. u00bfSe perderían para quién? Para la historia, sería muy arrogante decirlo. Se perderían para uno mismo, para empezar.

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-Hay anécdotas sobresalientes, como el encuentro con Gabriel García Márquez, en un restaurante de Ciudad México, cuando le negó a unos lectores plasmar su autógrafo en una hoja de papel, pero les pidió traer uno de sus libros para fírmarlo y esperó por ellos más de una hora para hacerlo. u00bfCómo recuerda a Gabo, ahora que ha fallecido?

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La experiencia de haberlo conocido, tratado, ser su amigo, es inefable. Sus salidas de humor, sus respuestas magistrales, oírlo recitar a Rubén Darío, repetir de memoria el primer párrafo de La Vorágine. No era un genio en serio, con ínfulas de gran pavorreal, sino un fulano del Caribe caluroso con disposición natural a la u201cmamadera de gallo u201d. Todavía me queda mucho que contar sobre él.

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-En la nueva publicación recuerda su alocución en Radio Mambí, en Miami, cuando esperaba fuertes críticas de los radioescuchas cubanos exiliados, tras su experiencia revolucionaria sandinista, afín a la dictadura en Cuba. Entonces, u00bftenía usted claro que no es político, sino escritor, y que prefiere reservar la política a otros?

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Siempre fui un político a disgusto, alguien que nada en aguas ajenas por necesidad, pero sabe que al final, en el horizonte, esas aguas cambiarán de color y uno empezará a nadar en las propias, que son las de la literatura tal como yo la veo y entiendo, parte de la vida.

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- u00bfCómo percibe a los intelectuales en Latinoamérica, como voces de la realidad sociopolítica y cultural que vivimos?

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En Latinoamérica siempre se espera que los escritores digan algo. Tienen una voz y deben usarla. Carlos Fuentes y Vargas Llosa son los mejores ejemplos, una especie de deber ciudadano cumplido cada vez que expresan una opinión. Hablan desde una altura, saben que son escuchados, y no desperdician las oportunidades. En Estados Unidos ocurre lo contrario, casos como el de Susan Sontag vienen a ser una excepción; nadie espera que un escritor opine sobre política, y si lo hace, su voz no modifica ni influencia la opinión pública.

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-Usted es uno de los pocos escritores afamados que no han emigrado del pueblo natal: Masatepe, una localidad con apenas 5,000 habitantes hoy. u00bfSe alimenta del lugar de nacimiento para escribir y vivir?

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Masatepe es un lugar mítico para mí, el que viví durante mi infancia. Ahora la población se ha cuadruplicado, se ha vuelto un pueblo ruidoso, altavoces de cantinas y centros nocturnos que rajan los oídos a medianoche, jolgorio de altos decibeles de los templos evangélicos que abundan, hay uno en cada esquina. El mío no existe más, aquel lo guardo con devoción en la memoria.

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