sábado 3  de  diciembre 2022
OPINIÓN

Solamente una gran cobertura mediática

<p><span style="line-height: 1.6;">Una vez más, dirigentes y militantes comunistas, hasta hace unos años renegadores de cualquier culto o profesión de fe, ocupan sitios delanteros en las misas católicas. Como si fuera un desfile del Primero de Mayo, las  convocatorias y movilizaciones a las ceremonias fueron hechas desde los comités de base o núcleos del Partido, sindicatos o escuelas</span></p>

22 de septiembre de 2015 - 14:00

El papa Francisco es el tercer vicario de Cristo que visita la Isla en menos de dos décadas. Como la chanza es característica fundamental de los cubanos, hay quienes dicen que ven con más frecuencia a un Papa, que papas en los mercados. Y vale el chiste, porque bien poco seria ha sido esta visita apostólica.

Nuevamente el objetivo pastoral de los Santos Padres de estar con el pueblo de Cuba resulta administrado por las autoridades que son quienes deciden quiénes sí y quiénes no pueden, no solo acercársele al sucesor de Pedro, sino tan solo verlo pasar.

Con el pretexto de garantizar la seguridad personal del prelado hace meses que la Seguridad del Estado diseñó la audiencia a las misas y a cualquier otra actividad del recorrido papal. Lo peor es que la Iglesia cubana, en vez de exigir el acceso libre y masivo de feligreses o laicos aceptó que le fueran asignadas cifras de asistentes por diócesis o parroquias.

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Una vez más, dirigentes y militantes comunistas, hasta hace unos años renegadores de cualquier culto o profesión de fe, ocupan sitios delanteros en las misas católicas. Como si fuera un desfile del Primero de Mayo, las  convocatorias y movilizaciones a las ceremonias fueron hechas desde los comités de base o núcleos del Partido, sindicatos o escuelas, donde instrucciones muy precisas dictaminaron la hora desde la cual se debía estar concentrado en los grupos, los recorridos que haría cada uno para llegar a la Plaza y una vez allí, qué lugar debían ocupar en los llamados cordones de seguridad: primero, segundo, tercero…, la prohibición de corear consignas y las órdenes de combatir cualquier tipo de manifestación de la disidencia, en caso de suceder. Probablemente fueron los reales devotos quienes ocuparon los sitios más lejanos para ver u oír a Su Santidad, mientras que los cinco exespías y sus familias estaban cómodamente colocados delante.

El papa Francisco, con sus discursos espontáneos y su destreza para no comprometerse demasiado ni con el Gobierno ni con la oposición, prefiere hacer buen uso de las parábolas, diciendo frases en el aire que puedan ser interpretadas de ambas partes como si fueran a su favor.

Hace constante alusión a estar junto a los pobres, a los desposeídos, a las (como él las llama) víctimas de la política del descarte. Pero en su apretada agenda no hubo visitas a ningún presidio, sanatorio u hospital, en cambio sí que fue a Punto Cero (el Palacio Real) a rendirle pleitesías al monarca emérito y hacerse fotos con su "sagrada familia". No tuvo tiempo de recibir a ningún disidente porque entre misas y recorridos tenía que intercambiar regalos con el monarca regente.

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En la televisión entrevistan a gente eufórica por el recibimiento y todos parecen  repetir lo mismo. La cobertura mediática ocupa durante tres días los principales canales televisivos, la radio y la prensa escrita y digital, fotos del Papa, documentales del Papa, entrevistas a creyentes católicos y otros que agradecen a la Revolución por el apoyo a las religiones y, para colmo, una aberrante repetición de los encuentros del Sumo Pontífice con los hermanos Castro. A título personal nada nuevo me aporta esta visita, y me atrevo a decir que a la gran mayoría de los cubanos tampoco.

Este martes se irá a Washington y hablará ante el Congreso y será igual de ambiguo y, entre parábolas e improvisadas alocuciones, pedirá la paz y que recen por él y no logrará nada más que una mayor cobertura mediática.

Publicado orginalmente en Diario de Cuba

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