Alejandra Constanza atravesó el océano Pacífico interesada en aprender la lengua chino mandarín. Escogió Taiwán como destino y no pensó que el tiempo de descanso que se había tomado en sus estudios universitarios, en Administración de Empresas, se convertiría en años y cambiaría para siempre el curso de su vida.

A la vuelta de nueve años, de su Chile natal, extraña a la familia, “y las comidas, sobre todo en tiempo de celebraciones”, pero ha echado raíces en Tainan, ciudad localizada en la costa suroeste taiwanesa, que fuera capital de la bella isla durante la dinastía Qing, entre los años 1683 al 1887.

Reconoce que al principio “fue bastante duro, muy pocos hablaban inglés y cuando quería comprar mi comida y mis cosas, pasaba mucho trabajo”.

Pero en apenas siete meses se hizo el milagro de la comunicación y cuando vino a darse cuenta, además de aprender la lengua, decidió que podía terminar en Taiwán la carrera iniciada en su país y lo logró.

“Los taiwaneses son muy amigables con los extranjeros; desde el principio uno se siente acogido. Creo que por eso decidí quedarme”, asegura la joven y se muestra emocionada de comentar sus memorias en español, mientras conversa con periodistas latinoamericanos y de España que recorrimos el país en fecha reciente.

Pero hay otras razones por las que Alejandra ya se siente parte de la tierra que la recibió hace casi una década. En una de las plantaciones de orquídeas del parque biotecnológico de orquídeas de Taiwán, donde se desempeña como ejecutiva, encontró el amor.

Es un chico taiwanés, especializado en el cultivo y cuidado de las orquídeas, a quien Alejandra además le está enseñando el idioma español.

Toda una industria

Del verdor exuberante que se aprecia en Taiwán, las flores sobresalen como una de sus bellezas naturales y constituyen además uno de los rubros exportables más prominentes que se consolidan en el país. De las más de 3.800 hectáreas utilizadas en el cultivo de flores, 751 están dedicadas especialmente a la producción de orquídeas.

En el parque de orquídeas en la ciudad de Tainan, verdadero paraíso de esta exótica y delicada flor, nos encontramos con Alejandra Norambuena Cares, adaptada y convencida de la decisión que tomó al quedarse.

Hay orquídeas de disímiles tamaños, en una amplísima gama de colores y en tres variedades principales: la mariposa, la bailarina y la llamada sapatinho. La variedad de tonos y combinaciones en pétalos que parecen pintados a manos se obtienen gracias a la aplicación de tecnologías para injertar especies con lo que se consigue satisfacer la solicitud de cualquier cliente.

Desde Taiwán se envían pedidos de orquídeas a otros países asiáticos, como Vietnam, Corea del Sur, Japón y Singapur; también exportan a Holanda, Gran Bretaña y Australia, y en América, reciben encargos desde Brasil y EEUU.

No por gusto, la feria de la orquídea que cada año tiene lugar en Taiwán figura entre las tres más importantes del mundo, con 11 días de duración y la asistencia de más de 40 países.

Gracias a un trabajo minucioso y a la disciplina característica de la cultura asiática, de la exportación de orquídeas cultivadas en los invernaderos en este parque, los ingresos por concepto de exportación de orquídeas en Taiwán durante el año 2018 superaron los 192 millones de dólares, según informes ofrecidos por el Consejo Nacional de la Agricultura.

El propósito de ese parque, establecido en tierras del sur de la isla, además de producir para la exportación, es atraer la inversión del sector privado en la mayor dimensión posible, teniendo en cuenta que los terrenos los provee el gobierno y reciben apoyo tanto del ministerio de la Agricultura como del ayuntamiento local.

Buscan convertirse en líderes mundiales del cultivo de orquídeas, tanto por patrones de excelencia como por las técnicas de producción que emplean para lograr los colores solicitados por los clientes.

El parque opera con un presupuesto anual de 60 millones de dólares. Desde su fundación hasta el año 2018 había servido como fuente de empleo para unas 981 personas.

Al igual que Alejandra, hay muchos jóvenes latinos que encuentran espacio para forjarse un futuro en Taiwán.

“Hay muchos latinos acá, vienen a estudiar. Lo primero que debe hacer alguien que llegue aquí, con intención de establecerse, es matricularse en una buena universidad porque abre muchas posibilidades de hallar trabajo y un sueldo bueno”, asegura Alejandra.

“Hace unos años mi familia se convenció de que yo ya no volvía a Chile. Voy una vez al año a verlos, ellos también han venido, pero menos porque el viaje es muy distante, pero les ha gustado”.

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