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@DesdeLaHabana

La Habana. El calor de plomo no ayudaba. Tampoco la lentitud de la fila para entrar en la residencia de la Encargada de Negocios de la Embajada de Estados Unidos en Cuba. Los invitados, entre ellos opositores, activistas y periodistas independientes, esperaban su turno para ser revisados por los guardias de seguridad, mientras se secaban el sudor con un pañuelo.

La tarde del jueves 27 de junio era lo más parecido a una sauna a cielo abierto en La Habana con 34 grados Celsius [93.2 fahrenheit] de calor a la sombra y una percepción térmica de 42 grados. Mucho más terrible si tienes que llevar traje o camisa de mangas largas.

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Medio en broma, medio en serio, algunos invitados comentaban la posibilidad de que la próxima recepción en conmemoración del Día de la Independencia de los Estados Unidos se celebrara en una piscina o en la playa.

No sé si la embajada estadounidense tomará nota. Aunque por precaución, los organizadores entregaron un abanico con la bandera de las barras y estrellas para que los invitados intentaran amortiguar el calor.

Pero lo cierto es que desplazarse hasta la majestuosa residencia de la Encargada de Negocios, Mara Tekach, puede demorar un par de horas si intentas llegar con el caótico transporte público. Hay dos opciones entonces: o pagas cien pesos en un taxi colectivo en un viaje de ida y vuelta, o te apuntas en una lista para coger un transporte que pone la embajada desde la casa de la agregada de Prensa y Cultura en Miramar y te ahorras la mitad del dinero.

La residencia de la sra. Tekach está ubicada al oeste de la ciudad, en un sector donde antaño vivió la clase más pudiente de Cuba. La mayoría de esas mansiones ahora son propiedad de la nueva burguesía verde olivo.

Cuando al fin franqueabas el cordón de seguridad y llegabas al salón de la entrada, en fila india, diplomáticos estadounidenses, incluida la Encargada de Negocio, te saludaban antes de pasar a un vasto patio donde camareros ya se encontraban sirviendo cocteles, cervezas, jugos y camarones.

En el patio se observaba un mar de abanicos sacudiéndose al unísono, como si fuera una coreografía de Hollywood. Un cantante interpretó a capella los himnos de Cuba y Estados Unidos. Numerosos invitados se acercaron lo más posible a la barra donde servían cerveza fría. En una carpa blanca preparaban perros calientes y hamburguesas.

Una novedad fue que los funcionarios de la embajada invitaron a varios emprendedores privados. Sandra Borges presentó una colección de bisuterías. Sus productos se venden en varias galerías, paladares y hoteles habaneros. Sandra dijo a DIARIO LAS AMÉRICAS que las últimas medidas de la Casa Blanca contra el régimen cubano apenas han afectado sus ventas, “porque mi negocio no está enfocado hacia los turistas estadounidenses”.

La Encargada de Negocios, pequeña y delgada, vestida de azul Prusia, le dio la bienvenida al cuerpo diplomático, a los disidentes y la incipiente sociedad civil cubana. Tekach jugó al duro. Sin afeites.

Comenzó agradeciendo al equipo de la embajada por la contribución y el aporte a la celebración. “Estamos orgullosos de compartir con ustedes nuestra experiencia del 4 de julio que celebra la democracia y el respeto por los derechos individuales”.

Exaltó la buena fortuna, prosperidad y excepcionalidad de su país. Contó que ella nació en Filadelfia, hogar de la simbólica Campana de la Libertad que resonó para declarar al mundo el nacimiento de una nación única en la historia de la humanidad. Tras el repaso de la historia norteamericana, la funcionaria arrojó la toalla diplomática a un lado y se puso los guantes de boxeo como si fuese a golpear a una pera. El saco, en todo caso, era la autocracia neocastrista.

Tras recordar que ha viajado varias veces a la Isla y conocido a muchas personas, precisó que “el pueblo de Cuba tiene derecho, como cualquier pueblo, a una sociedad abierta. Y posee la habilidad y el impulso para hacer que la economía prospere y que la vida florezca. La idea de una Cuba próspera no es solo un sueño. Existen ideas claras sobre cómo hacer que suceda. Si tan solo el régimen tuviera confianza en el pueblo, el pueblo cubano implementaría su visión y lograría la Cuba soñada”.

Luego enumeró la falta de libertades y condenó la represión hacia los que piensan diferente. A continuación, subrayó que “el presidente Trump ha dejado clara la solidaridad de los Estados Unidos con el pueblo de Cuba. Expresó nuestro ardiente deseo de ayudar a que los cubanos tengan una vida independiente y libre del control represivo del gobierno. El secretario Mike Pompeo ha explicado las razones sencillas de la política estadounidense de sanciones económicas contra el régimen cubano. Son formuladas para privar al régimen de los recursos que emplea para reprimir a su propio pueblo y promover la represión fuera de sus fronteras. Cuanto antes los asesores y el aparato militar de Cuba abandonen Venezuela, más pronto podrá Cuba contribuir al mejoramiento de la región”.

La Encargada de Negocios concluyó diciendo: “Apoyamos el deseo de los pueblos de Cuba y Venezuela de tener gobiernos del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

Entre los opositores invitados al evento hubo consenso en que su discurso ha sido el más crítico pronunciado por un diplomático estadounidense acreditado en La Habana. “Ni Vicki Huddleston ni James Cason fueron tan contundentes. Mara Tekach ha sido muy precisa al describir la agonía que vive el pueblo cubano”, subrayó Ángel Moya, esposo de Berta Soler, líder de las Damas de Blanco.

Rolando Rodríguez Lobaina, activista y director de Palenque Visión, coincide en que “las palabas de la Encargada de Negocios fueron demoledoras para el gobierno cubano. Ha marcado distancia con respecto a las políticas de Obama. Habrá que esperar las repercusiones. Es probable que el régimen desate su batería de insultos contra la oposición”.

Después hubo música y los invitados continuaron bebiendo cerveza. O comiendo hamburguesas y perros calientes. El calor de fuego lo aplacaban con el abanico obsequiado por los organizadores. Que por cierto, era hecho en China.

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