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Ante la vicisitud y la incertidumbre, no son pocos los que tratan de ver la luz al final del túnel a pesar de 67 años de autoritarismo y propaganda política con lo poco que saben de democracia
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LA HABANA. - Bajo el sol intenso del mediodía, Gabriel, 56 años, jornalero agrícola, siembra frijoles en una finca de tierra rojiza y fértil ubicada en Cuba, el municipio Alquízar, a poco más de 50 kilómetros al suroeste de La Habana.
Trabaja descalzo en surcos anegados de agua. Usa un viejo sombrero de yarey, una gastada camisa de mangas largas y un pantalón verde olivo. Después de plantar las semillas, levanta la cabeza, mira al horizonte y se seca el sudor con un paño empercudido. Deja los aperos de labranza en un cobertizo de madera y camina hasta una turbina. Abre la llave, se mete bajo el chorro de agua y se refresca del espantoso calor.
Luego se sienta a la sombra de una frondosa mata de aguacates y almuerza un poco de arroz blanco con salchichas de pollo en salsa de tomate. Después se empina de un pomo reciclado medio litro de agua y se pone a conversar con otros jornaleros.
“Hablamos de lo dura que está la vida en Cuba y qué va a pasar en el futuro”, dice Gabriel, quien llegó a la provincia Mayabeque hace siete años huyendo de la miseria de un poblado recóndito en el municipio III Frente, Santiago de Cuba, a más de 1.000 kilómetros al este de La Habana.
“Trabajaba entre 10 y 12 horas diarias en un negocio maderero que tenía el comandante Guillermo García (exguerrillero de la Sierra Maestra, quien con casi 100 años es uno de los pesos pesados de la dictadura castrista). La paga era una mierda. No me alcanzaba para mantener a mi familia. Daban buena comida y de vez en cuando una jaba con viandas, carne de puerco o pollo más lo que te podías robar de la finca. Pero no era suficiente”, recuerda Gabriel.
Una noche se montó en un tren y viajó a La Habana, donde intentaría cambiar su destino. Cuando usted le pregunta cuál es la Cuba que quisiera, tras una breve pausa responde despacio, como masticando sus palabras.
“Terminé a cocotazos el séptimo grado. Leo poco y mal. Y la política es cosa de gente mañosa. Pero como cualquier cubano, quisiera que la situación cambiara. Que mis hijos puedan salir de la pobreza, que comer no sea un dolor de cabeza y que la vida diaria no sea tan complicada. No creo que pida tanto”, dice.
¿Qué tipos de cambios? Políticos, económicos, ambos, un gobierno democrático con diversos partidos, libertad de expresión, sistema judicial independiente, empresas privadas, le pregunto.
El jornalero sonríe. “Compay, si el gobierno no se entromete tanto en la vida de los cubanos, uno puede ser dueño de un pedazo de tierra y tener un negocio legal, que no te metan preso por decir lo que piensas, que se acaben los apagones y que almorzar y comer no sea una hazaña. Creo que la mayoría de la gente levantaría la mano y lo aprobaría. El sistema debiera ser capitalista, pues el socialismo no sirvió. Lo demás, al menos para mí, no es importante”.
Ideas
Roldán, trabaja 14 horas conduciendo un destartalado jeep Willvs que utiliza como taxi colectivo. Es un tipo preparado. “Soy graduado de física. Dejé mi trabajo debido a los bajos salarios. Ganaba 6.000 pesos al mes (unos 13 dólares al cambio paralelo). Ahora de taxista gano eso en un día. Quisiera que los gobernantes renunciaran masivamente, desde los ministros hasta los cargos inferiores. Prohibiría el partido comunista y el servicio militar obligatorio. Debido a la falta de fuerza de trabajo, no deberíamos tener ejército, como Costa Rica. Solo una guardia costera profesional que coordinara con Estados Unidos y otros países del área, el combate al narcotráfico y el tráfico de personas”.
“Y reduciría las fuerzas de Seguridad del Estado. Que se dediquen a velar por la seguridad nacional del país y enfrentar el terrorismo y no ser guardia pretoriana del gobierno. En el futuro se debiera adoptar un modelo capitalista con economía de mercado, pero con énfasis en lo social. Somos una de las sociedades del mundo con más habitantes de la tercera edad. Los ciudadanos deben elegir a quienes los van a gobernar", plantea.
Raisa, ingeniera, cree que “ya es hora de que la población presione al gobierno para que haga un plebiscito. Cada vez más en las redes sociales se propaga ese concepto. Si al gobierno de verdad les interesa Cuba y los cubanos, lo más digno es que dejen el poder. Si lo hicieran de forma voluntaria pudieran participar en la reconstrucción del país. Para mí no sería democrático ilegalizar el partido comunista. No podemos ser igual que ellos. Uno de los problemas para un cambio pacífico es la burocracia política. Constituye un freno poderoso”.
Luego agrega: “Han vivido de lucrar del sistema, son una estructura empobrecedora. Las instituciones son más importantes que los individuos. Si el gobierno no renunciara voluntariamente, la comunidad internacional, en particular Estados Unidos, debieran forzarlos a dimitir. Debido a la represión y al miedo, no tenemos poder de convocatoria suficiente para quitarnos de encima a esa lacra”.
Un estudiante universitario de 24 años considera que “el cambio en Cuba, para que sea real, habrá que apartar a los gobernantes del poder. Si hacen como en Venezuela, se reinventan y duran una eternidad. Que no haya diálogo, solo un ultimátum: váyanse del país. Les daría un mes de plazo. Si no se marchan, haría un juicio como el de Nüremberg y que la justicia decida. Casi todos irían a prisión muchos años. Los que han cometido crímenes podrían ser fusilados”.
Reformas
La mayoría de los cubanos consultados apuesta por reformas profundas en lo político y en lo económico. Se inclinan por el modelo capitalista. Con algunos matices en temas sociales.
Camila, profesora jubilada, piensa que “algunas conquistas sociales alcanzadas en la salud pública, acceso a la cultura y el deporte debieran mantenerse y potenciarse. También en el futuro deberíamos ser un país con democracia participativa como Suiza y otras naciones nórdicas, con total transparencia”.
Un sector de la oposición, representado por Manuel Cuesta Morúa y la profesora Alina Bárbara Hernández, opta por una socialdemocracia moderna e inclusiva donde la soberanía nacional no se negocie.
Algunos, como Henry, gastronómico, asegura “que muchos cubanos, aunque no lo dicen porque no es políticamente correcto, quisieran ser el Estado 51 de Estados Unidos. O al menos un modelo parecido al de Puerto Rico donde todos los cubanos podamos tener permiso para viajar a Estados Unidos. Para qué quiero una nación soberana, si después por culpa de un sistema político como el comunismo o la corrupción imperante le entregan el país a otra nación o se roban el patrimonio nacional mientras el pueblo se muere de hambre”.
Nuria, licenciada en ciencias políticas, está convencida que “si el pueblo cubano pudiera escoger libremente en las urnas el modelo de país que quisiera, nos llevaríamos una sorpresa. La opción del capitalismo ganaría. Los más capacitados en política, apostarían por un capitalismo social de corte humanista. Pero hay personas partidarias de la anexión. Otros, de un cambio de gobierno utilizando la fuerza militar de Estados Unidos”.
Carlos, sociólogo, expresa que “como en cualquier fin de ciclo, la ciudadanía debate con entusiasmo cuál es el modelo de país que desea. No siempre esos deseos son viables. Por muchas razones, desde económicas, políticas y genéticas, de la noche a la mañana no tendremos una democracia como la de Estados Unidos. Pero que el tema esté en el candelero, es una muestra que un porcentaje alto de cubanos quiere cambios no solo económicos, también políticos”.
Dudas
La gran duda que tienen muchos en la Isla es si están preparados para esas reformas. Gabriel, el jornalero agrícola, mueve la cabeza de un lado a otro: “Si los cubanos residentes en el exterior no regresan, el país no saldrá adelante. Aquí hay una pila de viejos. Falta gente pa’ trabajar la tierra y reconstruir Cuba”.
Dinorah, arquitecta, concuerda que “no siempre los sueños se atemperan con la realidad. Tenemos un 30% de personas de la tercera edad, incluso los más capacitados, no domina las actuales herramientas y tecnologías de punta. Supongo que, si se aprueba un marco jurídico autónomo e imparcial y leyes que favorezcan las inversiones muchos compatriotas en el extranjero regresen, sino definitivamente, al menos inviertan en su país. Es clave para que en un plazo de ocho a diez años comenzar a desarrollarnos”.
Según Gustavo, economista, el “presente es espantoso, pero el porvenir no es un camino de rosas. Hay que construir un país casi de cero. Eso conlleva inversiones de miles de millones de dólares. Solamente para reconstruir el sistema electro energético nacional hay que desembolsar entre 7.000 y 12.000 millones de dólares. La electricidad es la base del progreso. Y las arcas estatales están vacías. Los empresarios cubanos que residen en Estados Unidos no van a arriesgar su capital sino hay garantías jurídicas y políticas”.
Cuando usted conversa con los cubanos en la calle el futuro no les asusta. Peor no van a estar.
