Los sucesos de la Embajada de Perú, en La Habana ocurridos en abril de 1980, constituyen el mayor fenómeno de asilo y refugio bajo protección diplomática que se conozca. Alrededor de 10.800 cubanos entraron a la sede oficial del país andino en menos de 48 horas luego de que el régimen castrista retirara la custodia militar.

Este evento contribuyó, ese mismo año, al denominado éxodo de Mariel, franja temporal por donde más de 120.000 cubanos lograron salir de la isla y llegar a Florida para constituir otra generación más del exilio cubano.

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El 1º. de abril de 1980 tres cubanos tomaron un ómnibus de transporte público y lo estrellaron contra la verja de la sede diplomática peruana. La posta abrió fuego y uno de los guardias cayó mortalmente herido víctima de los disparos cruzados entre los custodios. Fidel Castro los acusó de la muerte del guardia, pero Perú se negó a entregarlos y tres días después Cuba retiró la guarnición de la embajada, lo que atrajo la avalancha de miles de cubanos.

No obstante, la maquinaria propagandística de la dictadura volcó sus múltiples recursos para tratar de distorsionar la historia y exponer otra imagen de los hechos.

Esto condujo a la convocatoria oficialista de facilitar la salida de reclusos, enfermos mentales y delincuentes, que fueron incluidos solapadamente entre quienes salían por Mariel, para ‘respaldar’ su tesis de que ‘los que se van son antisociales’.

Surgieron los mítines organizados de repudio, cortes de luz y agua contra familias que ‘pedían salir’ por Mariel. Unos salieron en las embarcaciones que arribaban de Florida, otros por aviones.

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Los sucesos de la Embajada de Perú, en La Habana ocurridos en abril de 1980, constituyen el mayor fenómeno de asilo y refugio bajo protección diplomática que se conozca

Los sucesos de la Embajada de Perú, en La Habana ocurridos en abril de 1980, constituyen el mayor fenómeno de asilo y refugio bajo protección diplomática que se conozca

Tres cubanos

Sin embargo, los tres cubanos que protagonizaron la entrada a la embajada peruana quedaron atrapados en un limbo diplomático y permanecieron en la sede diplomática por casi 10 años hasta que, la gestión de Luis González Posada, ministro de Justicia y de Relaciones Exteriores de Perú, durante el primer gobierno del presidente Alan García, logró lo que para muchos era imposible.

Felino Ramírez Batista, Eduardo Herrera Díaz y Pedro Betancourt Collazo llevaban una década mirando la vida pasar desde las ventanas de una casa anexa a la sede diplomática. En conversación con DIARIO LAS AMERICAS, el excanciller, reveló detalles de la epopeya que conllevó a la liberación.

“Se convirtieron en símbolos, no podían salir. Existía una disyuntiva: no podíamos darles asilo político porque no calificaban, no eran activistas. Entonces se utilizó el calificativo ‘ingresantes’, dado por el derecho internacional”, rememoró González.

No obstante, los tres cubanos temían por su futuro. “Vivían con miedo, escuchaban historias de que iban a invadir el lugar. Recibían amenazas. Nuestra embajada tuvo una actuación extraordinaria”, rememoró el exministro peruano.

Aquello “se convirtió en un trauma. Hizo la gestión (el presidente Francisco) Morales (Bermúdez) y después el gobierno de (Fernando) Belaúnde (Terry) hizo dos gestiones, exactamente iguales y el resultado fue el mismo: rechazo total. Luego vino la gestión nuestra. Cuando yo asumí la cancillería tenía, por alguna razón, esa carga emocional: consulté y me dijeron: - ese tema ni lo toques, no van a aflojar, todo ha fracasado – pero yo me sentía muy incómodo de tener a tres rehenes en la embajada”, aseveró el exministro, mientras organizaba los recuerdos.

Entonces, durante una reunión de cancilleres en Venezuela, llegó González y preguntó por su homólogo cubano y le señalaron a Isidoro Malmierca. Se le acercó, lo saludó y le dijo, según declaró:

LGP - “Si me permite quisiera tomar parte de su tiempo para conversar un tema bilateral. Lo que yo quiero hablar es el tema de los tres ciudadanos que están en la embajada.

IM - ¿A usted no le han dicho que ese tema no es tratable? – replicó Malmierca

LGP - Eso tengo entendido…

IM - Ese tema no lo conversamos. Esa gente que se entregue.

“Yo realmente me sentí incomodo con la aspereza de la respuesta”, señaló González.

Posteriormente se realizó una reunión del Movimiento de Países No alineados en La Habana.

“Yo venía con el pensamiento de resolver el tema, sea como sea. Hablé con nuestro embajador Carlos Higuera y le dije:

LPG - Tengo que hacerlo.

CH - Tú sabes lo que piensan ellos.

LGP – Sí, pero yo tengo que hablar con Fidel Castro. Necesito cinco minutos. Haz una gestión discreta para que no esté ahí Malmierca.

“Yo no sé cómo lo hizo, pero lo logró”, subrayó.

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Luis González Posada, ministro de Justicia y de Relaciones Exteriores de Perú, durante el primer gobierno del presidente Alan García, logró lo que para muchos era imposible

Luis González Posada, ministro de Justicia y de Relaciones Exteriores de Perú, durante el primer gobierno del presidente Alan García, logró lo que para muchos era imposible

La cita

“Cuando llegué a la sala había un montón de cancilleres, entré sobre las 4 de la tarde. Ahí estaba Castro, lo saludé y para ganarle tiempo le dije:

LGP - Quisiera hacerle un primer pedido, invíteme a un café.

Castro apretó un botoncito y ordenó el café.

LGP - Tengo tres problemas. Tres piedras en el zapato. Vengo a tratar el tema de los cubanos en la embajada

“La respuesta fue clara, no áspera o grosera como la de Malmierca”, recordó el exministro peruano

FC - Mira posada, ese tema no lo tratamos.

González insistió y le pidió escucharlo.

LGP - Yo no soy diplomático. Yo soy político y como político tengo que hablar con absoluta franqueza: primero, esas tres personas no han matado a nadie, no están en investigación de la muerte. Se han quedado ahí solo por el miedo a salir, y en esas circunstancias ha ido pasando el tiempo y temen que cuando salgan los procesen o enjuicien y les pase lo que usted sabe que les va a pasar. Entonces los dos tenemos un problema, porque por ese tema permanentemente los cuestionan a ustedes en el Consejo de Derechos Humanos.

González recuerda cómo Castro lo escuchaba mientras se hacía nudillos en la barba, como bolitas. “Yo lo miraba y él me miraba. Y le dijo “¿Me invita a otro café?” y volvió a apretar el botón.

LGP - Quiero hablar con claridad, como canciller tengo que responder a mi país y tengo que responder al Congreso y yo no puedo llevar la misma respuesta que han llevado otros ministros. Por eso he venido a hablarle directamente.

Castro “hizo una pausa. Se quedó callado varios segundos:

FC - ¿Qué es lo que tú quieres?

LGP - Yo quiero, comandante, sacarlos. Llevarlos al Perú, que usted les dé una visa (permiso de salida).

FC -Tienes razón, vas a conseguir algo que no se ha podido conseguir.

“Yo realmente sentí una gran sorpresa”, reconoció González.

LGP - ¿Cuándo les puede dar la visa?

FC - En un año.

LGP – No. Un año es demasiado. Deme seis meses.

FC - Damos por terminado este problema

En ese momento Castro volvió a apretar el botón:

“Que venga Malmierca”, ordenó,

“Como comprenderán, yo me quedé mudo y pensé: ¿Malmierca? esto se malogró”, recordó.

“¿Ustedes se conocen?”, preguntó Castro. “Sí, lo conocí en Venezuela”, respondió González.

Entonces, Castro le dijo a Marmierca, “hemos llegado a un acuerdo y solucionamos el tema de los tres de la embajada”.

“Permítame que le trasmita al canciller los temas del acuerdo”, propuso González.

“Vayan, hagan el documento y fírmenlo”, concedió Castro.

“Recorrí un larguísimo pasillo y llegamos a una oficinita y él (Malmierca) se sentó en una máquina de escribir” escribió el documento mientras González orgulloso le dictaba los términos de la negociación.

“Fue un gran alivio porque pueden imaginarse lo que significa vivir en esa tensión durante tanto tiempo. En un incidente internacional de ese volumen, de esa categoría, de ese nivel. Nunca se había presentado en la historia de América Latina”, recalcó.

Meses después, los tres cubanos lograron salir, con sus familias. Al llegar a Perú, ya González no estaba en el cargo.

“Me dejaron una carta de agradecimiento, muy bonita. Uno de ellos murió años más tarde en un accidente”, rememoró.

DIARIO LAS AMERICAS tratará de contactar a los otros dos. “Si los encuentran díganme. Me encantaría poder hablar con ellos”, concluyó el excanciller.

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