martes 31  de  enero 2023
Elecciones

Con el nuevo mandato de Lula, Brasil no lo tiene fácil

Los brasileños sostienen la ilusión de un Brasil democrático como la samba pero reconocen que en un tercer término de Lula enfrentan el reto de la polarización

Por DARCY BORRERO BATISTA

RIO DE JANEIRO.-A dos semanas del intenso proceso electoral que vuelve a poner a Brasil en manos de Lula da Silva, la ardiente Rio de Janeiro descifra en las noches, a toque de samba, su humor político. Una imagen siempre imperfecta se lleva el foráneo que desconoce la garganta profunda de los conflictos.

Detrás la polarización que se distingue en los carteles de bares, cantinas y antros; detrás de las banderas a favor de uno y otro candidato que se levantan en las comunidades; el ritmo vertiginoso de la ciudad, que en ningún caso puede tomarse como representativo de todo un país con más de 214 millones de habitantes, habla en clave de progreso, democracia, transparencia, derechos humanos. Palabras, a veces, muchas veces, en desgaste y desuso, pero que, en una nación altamente polarizada, empiezan a cobrar sentido.

Voto de castigo

No están lejos de la verdad los analistas que advirtieron en el estrecho margen ganador (de menos de dos puntos porcentuales) de Lula da Silva, el castigo de la ciudadanía a un Jair Bolsonaro que lideró bajo fundamentos ultranacionalistas en un contexto atravesado por la pandemia de COVID-19, y aderezado con la acumulación histórica del saqueo al Estado, a lo largo de muchos gobiernos.

La ciudadanía, cuando llega al límite, suele olvidar demasiado rápido. Si en 2018 había brasileños que, como citaba la BBC, preferían “un presidente homofóbico o racista que un ladrón”; en 2022, llamados a las urnas, un alto por ciento inclinó la balanza al otro lado, permitiéndole a Lula un tercer mandato incluso después de haber permanecido en detención un año y medio, acusado de corrupción.

“El voto de castigo volvió a dictar sentencia, y así como Bolsonaro fue su principal beneficiario en 2018, en 2022 es su víctima por excelencia”, se lee como resumen en La Prensa Gráfica, uno de tantos informativos que atribuyen el resultado de los comicios al mencionado “voto de castigo”.

En 2018, con el 99,49% del voto escrutado, Bolsonaro (Partido Social Liberal), se llevó un 55,21% de los votos frente al 44,79% de su entonces opositor, Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores.

Polarización

Esta vez, el aspirante a la reelección consiguió 49,27 % frente a Lula, quien se hizo con el 50,73%. Según el mapa final de resultados, Bolsonaro triunfó en el Sur y centro de Brasil, en muchos casos con una diferencia importante, mientras que Lula da Silva se impuso en el norte del país, donde en algunos estados superó el 70% de los votos.

Para el periodista Lucas Ribeiro, radicado en Salvador do Bahía y columnista en Brasil Sem Medo, en su país “tienen hegemonía medios de izquierda” que intentan tratar a Bolsonaro como si fuera “un monstruo fascista, un Hitler”. De acuerdo con su visión, “no se trata de eso”.

—Sí, es un político que habla duro —reconoce. Es conservador, de derecha. Y hay gente que lo odia, pero —defiende— no es un dictador.

Ribeiro alertó, en tanto, de que “al revés no pasa”. Esto es, “la izquierda cuando tiene posibilidad de censurar, lo hace sin que le tiemble la mano. Silencian las voces que no son socialistas con el pretexto de combatir las fake news”, dijo, en alusión a los gobiernos autoritarios que se perpetúan en Nicaragua, Venezuela y Cuba.

A diferencia de esos países, el resultado electoral de Brasil es expresión de la alternancia en el poder, un valor de la democracia y de la existencia de recursos, al menos formales, para fiscalizarlo, aun cuando han estado en crisis las libertades de prensa y de expresión y las diferencias políticas extremas han llevado a la generación de mensajes de odio, noticias falsas y desinformación.

Democracia y libertad de prensa

Para Clara Saco, de 31 años y directora del Datalab, una organización de investigación para la generación de datos y comunicación ciudadana en Complexo do Maré, una zona marginada y empobrecida en Rio de Janeiro, no ha sido fácil ejercer en el Brasil actual, que mantiene la ilusión de ser tan democrático como la samba.

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Clara Saco, directora de proyecto para el levantamiento de datos demográficos.

Clara Saco, directora de proyecto para el levantamiento de datos demográficos.

“Trabajamos en el Datalab con la perspectiva de generar datos. Se trata de la producción de investigación para incidencia, y ganancia de derechos en políticas públicas y para hacer herramientas de trabajo con datos accesibles para la población de la periferia y para comunicadores de la comunidad”.

Mientras conversábamos, Clara daba las últimas puntadas a un evento de participación comunitaria que incluyó talleres didácticos y de manualidades y un cierre con música, en la sede del centro cultural Bela Maré.

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Sede del proyecto comunitario Bela Maré, a la entrada de la

Sede del proyecto comunitario Bela Maré, a la entrada de la "favela" homónima.

Los datos que recaba “tratan cuestiones que atraviesan las periferias urbanas brasileñas y siempre ofrecen una desagregación de raza y género”, explicó y valoró que antes y durante la campaña presidencial “el periodismo fue muy atacado, la producción de datos fue muy atacada. La investigación fue duramente atacada. Estamos ahora en un ejercicio de recuperar la legitimidad, desde el papel de la construcción, de la importancia del periodismo para construir y garantizar la democracia”.

Insiste en que fueron usados los medios de comunicación, principalmente las redes sociales para difundir noticias falsas. “Así que tenemos que reanudar el verdadero significado de lo que es la libertad de expresión, lo que es la libertad en los medios de comunicación en Brasil”, destacó.

Perspectivas para 2023-2027

La joven investigadora coincide en que, con el nuevo mandato de Lula, Brasil tampoco lo tiene fácil, no solo por la polarización de opiniones sino porque por el reto que supone para los brasileños vigilar la corrupción, incluida la que viene del propio partido gobernante.

“Aunque Lula fue elegido, en realidad tenemos el desafío de retomar los valores democráticos junto con la población, ¿no? No porque Lula fue elegido, este problema se acabó. Creo que tenemos que luchar como sociedad para que tengamos mecanismos en cuanto a la fiscalización, la lucha contra la corrupción. Esto es un hecho, esto ha estado sucediendo en Brasil durante muchos años, incluido el último gobierno. Hubo un recorte presupuestario muy grande en políticas anticorrupción; y la corrupción implica acuerdos entre el gobierno y las grandes empresas contratistas.

“Y vemos injerencia directa, por ejemplo en la designación de la Policía Federal, que también se encarga de investigar casos de corrupción a nivel Federal, por lo que esperamos que ahora los cuerpos puedan actuar con cierta autonomía para investigar, fiscalizar y condenar los casos de corrupción justamente dentro de las normas constitucionales, pero ciertamente no estamos libres, ustedes saben, de estos esquemas que en realidad forjan nuestra República desde siempre, entonces no es un problema solo del gobierno del PT. No es solo un problema del gobierno de Bolsonaro”, valoró.

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