martes 26  de  mayo 2026
TESTIMONIOS

"Cuba tiene que cambiar, por las buenas o por las malas; la gente no aguanta más"

Según datos de 2025 del Observatorio Cubano de Derechos Humanos, el 89% de la población en Cuba vivía en la extrema pobreza

Diario las Américas | IVÁN GARCÍA
Por IVÁN GARCÍA

LA HABANA.- La grisácea mole de doce pisos, construida con tecnología yugoslava, desentona en una antigua zona residencial de clase media en la Avenida 20 de Mayo, municipio Cerro, próxima a la Plaza de la Revolución, epicentro político de la dictadura castrista.

En el lobby del edificio faltan losas de mármol de las paredes. La limpieza brilla por su ausencia. Varios muchachos hablan a gritos de fútbol, un anciano flaco y encorvado le pregunta a un vecino si ya llegó el pan de la libreta. No muy lejos, se escucha que alguien está tocando un piano desafinado.

La mujer encargada del ascensor, sentada en un muro, chismea con una amiga sobre la novela turca, "buenísima, que vino en el Paquete”. Me paro frente al elevador, me mira como si fuera un bicho raro y me dice: “Señor, no lo espere, quitaron la luz hace un rato y es para largo”. Y me indica dónde está la escalera.

Luego de subir diez pisos, al final de un pasillo largo y estrecho, toco la puerta. La señora que me abre, hace un gesto con el dedo en sus labios, que haga silencio. Bajo la voz. La sala del apartamento se ha reconvertido en una improvisada aula de música. La adolescente que aprende a tocar el piano, aporrea las teclas como si las odiara.

En un rincón, dos muchachos vocalizan y otro rasga con timidez una vieja guitarra de cajón. Treinta minutos después termina la clase. Los padres que esperaban en el balcón, le entregan dos dólares o el equivalente en pesos al profesor. Se los presento: Lester, 46 años, padre de dos hijos y músico profesional. Durante la pandemia dejó de tocar el violín en una orquesta sinfónica.

“Después de la Tarea Ordenamiento, en enero de 2021, la inflación devoró mi salario de 5,700 pesos. Al principio, cuando el dólar costaba 40 pesos en el mercado informal, ese sueldo representaba 143 dólares mensuales. Me alcanzaba para comer lo básico y pagar la luz. Pero el peso comenzó a devaluarse a una velocidad supersónica. Hoy, esa cantidad equivale a 10.25 dólares (560 cuesta un dólar en la calle). Tuve que dejar de tocar el violín. Tenía que mantener a mis dos hijos, a mi madre enferma y a mi esposa, graduada de química, cuyo sueldo es un estipendio ridículo que no alcanza siquiera para comprar las bolsas de pan que nos comemos en un mes, como casi todos los salarios estatales en Cuba”.

Fue entonces que Lester comenzó a dar clases de piano, canto, guitarra y violín en su apartamento. “Al principio cobraba un dólar por clase. Pero la inflación es imparable y el costo de los alimentos sube más de prisa que el dólar en el mercado informal. Estoy cobrando dos dólares por cada clase. Si sigue el alza de precios, tendré que cobrar tres dólares. Es duro. Cada vez que subo el precio, pierdo clientes, muchos padres no pueden pagarlo. Me duele, pues hay muchachos que tienen madera. Pero mi familia está primero”, confiesa Lester.

Cuando le pregunto qué espera del futuro inmediato, con un gobierno paralizado, sin implementar las profundas reformas económicas y políticas que la población demanda, obsesionado con la absurda narrativa de resistencia creativa y preparándose para una supuesta invasión de Estados Unidos, el profesor de música responde:

“Ya no hay solución. El gobierno y las instituciones expiraron por fecha de caducidad. Se mantienen gracias al control social y el miedo que transmite estar en la mira de la Seguridad del Estado. La represión es lo único que funciona, porque la gobernanza pública y la administración de los servicios básicos es un rotundo fracaso. Lo peor es que no tienen una hoja de ruta que solucione la crisis. Todo son frases huecas y consignas. Por eso, la gente en la calle pide a gritos una intervención. Algunos quieren que seamos anexionados a Estados Unidos”.

“Esas personas están al límite. Nadie los escucha, no importan sus criterios ni propuestas encaminadas a aliviar la situación. Son meros espectadores, obligados respaldar al proceso y aplaudir. Esas frustraciones se han ido acumulando. Y piensan que la salida más fácil es que el ejército norteamericano deponga al régimen. Los medios oficialistas los tildan de apátridas y traidores. La culpa es de un sistema que nunca gobernó para los ciudadanos. Y entre esta tragedia nacional -apagones infinitos, déficit de alimentos, agua, combustible, medicamentos y transporte-, y un hipotético escenario de guerra, muchos escogen la guerra”, explica Lester.

Dunia, maestra jubilada, considera que "quien está en guerra con el pueblo es el gobierno. En los últimos diez años no ha habido una medida, una ley, que favorezca a los cubanos de a pie. El Estado solo piensa en dolarizar la economía, como si cobráramos en dólares. No ataja la subida de precios y en vez de invertir en la producción de alimentos y mejorar los servicios públicos, se ha dedicado a construir hoteles e instalaciones turísticas. La revolución se traicionó a sí misma. Los que abogaban por amparar a los más necesitados, ahora son millonarios y corruptos. Hace tiempo dejé de creer en la 'revolución de los humildes'. El gobierno no hará nada para salir del hueco en que está metido y en el cual metió a los que vivimos en la isla. Ojalá Trump y Marco Rubio nos tiren un cabo. No tengo miedo si un cohete me puede matar. Ya este régimen me está matando en vida”.

La feroz crisis multisistémica impacta a los más desfavorecidos; según datos de 2025 del Observatorio Cubano de Derechos Humanos, el 89% de la población en Cuba vivía en la extrema pobreza. La recesión también afecta a quienes reciben remesas y a los dueños de negocios privados. La ingeniera Yulieta Hernández, CEO de Construcciones SRL, cuenta a DLA que su “negocio viene afectándose desde mucho antes del actual panorama geopolítico”

“La economía cubana lleva años en recesión y eso impacta directamente a sectores como la construcción y los servicios. Por supuesto, las nuevas tensiones entre Washington y La Habana, junto con el contexto de Venezuela e Irán, agravan aún más la situación. No es que ahora haya comenzado la crisis para nosotros, es un deterioro sostenido que se ha profundizado con el tiempo”.

“La solución debe partir de la estructura en sí misma. Tenemos una policrisis estructural y sistémica. Es algo estructural. Sin transformaciones políticas, no habrá transformaciones económicas ni sociales viables y mucho menos sostenibles. Se necesitan derechos. Garantizar plenamente los derechos humanos y constitucionales, derechos reconocidos y protegidos jurídicamente. Se necesita democracia”, afirma la emprendedora habanera.

Mayté, empleada bancaria y madre de tres hijos, residente en Cienfuegos, provincia a unos 225 kilómetros al sureste de La Habana, opina que "los cubanos estamos padeciendo un genocidio psicológico. Me levanto a las tres de la madrugada a lavar y cocinar y al rato, se vuelve a ir la luz otras 20 o 30 horas. Comer arroz, frijoles y una croqueta es un lujo. No hay medicamentos y los hospitales apenas funcionan. Desapareció el transporte urbano e interprovincial. Cuba tiene que cambiar, por las buenas o por las malas. La gente no aguanta más”.

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