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@DesdeLaHabana

LA HABANA.- En una pared de la oficina donde funciona la sede municipal del Instituto de Vivienda en el municipio habanero Diez de Octubre, en el sur de La Habana, un chapucero mural estilo norcoreano exhibe el "concepto de revolución" elaborado por el fallecido dictador Fidel Castro, grabado en madera barata.

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En otra pared descorchada cuelgan dos fotos de los hermanos Castro. El retrato de Fidel, más grande, con su sempiterna casaca verde olivo, atizándose la barba, que le da un aire filosófico. El de Raúl, también en uniforme militar, resalta sus galones de general de Ejército y está colocado un peldaño más abajo.

Hace un calor de mil demonios. Las moscas revolotean alrededor de un cesto de basura mal tapado. Una docena de personas esperan en el salón de entrada para ser atendidas por el burócrata de turno, mientras la recepcionista juega con su teléfono móvil y un anacrónico ventilador de la era soviética intenta refrescar el ambiente.

Entre las cientos de instituciones generadas por la revolución cubana, hay unas más corruptas que otras. "Si estuviéramos en una competición olímpica, Turismo, Comercio Interior y Vivienda se alzarían con las medallas de oro, plata y bronce”, comenta en voz alta Igor, cuentapropista. Las mujeres y hombres de la cola que le escuchan, asienten con la cabeza. Son testigos de lo dilatado y costoso que resulta realizar cualquier trámite de vivienda en Cuba.

“Se puede entender que alguien pague dinero por debajo de la mesa para que le legalicen algo que es ilegal. Pero, en mi caso, poner la casa a mi nombre ha conllevado una enorme pérdida de tiempo además de gastar dinero. Tuve que pagar 50 cuc para que un arquitecto avalara mi casa. Después, 80 cuc a una abogada para que agilizara los trámites. Y ahora un ‘regalito’ de 30 cuc y un perfume, a la empleada que me entregará la propiedad”, explica Igor.

Un funcionario del Instituto de Vivienda cuenta a DIARIO LAS AMÉRICAS que "a pesar de ‘los explotes’, gente en la cárcel y dirigentes envueltos en escándalos de corrupción, [la dirección de la] Vivienda sigue siendo un organismo clave en la escala corruptora. Es el organismo que administra el fondo habitacional. Imagínate, en un país con un déficit de más de un millón de viviendas, la institución que controla ese sector se convierte en poderosa. Hay miles de afectados por ciclones y derrumbes, desde hace 15 o 20 años, esperando por un techo. Sin embargo, las casas que se quedan vacías se venden en miles de pesos convertibles, se entregan a 'pinchos' [funcionarios] del Gobierno o pasan al Estado”.

La propia sede del Instituto de Vivienda en Diez de Octubre, así como las que actualmente ocupan la Notaría, el Carnet de Identidad y el Tribunal Municipal, son residencias que fueron confiscadas a la otrora burguesía habanera.

A menos de un kilómetro de donde radica Vivienda, hay una pizzería estatal. En la oficina de Jorge, el administrador, pueden verse retratos de Fidel y Raúl Castro en colores, uno en blanco y negro de Camilo Cienfuegos y otro del Che con un brazo enyesado fumando un tabaco. Jorge nunca ha leído un manual marxista. Tampoco a José Martí. Pero de carretilla repite tres o cuatro consignas del momento, habla el metalenguaje de los burócratas cubanos, que llaman 'cuadros' a los funcionarios, 'factores' a las entidades y 'masas' a los ciudadanos que desayunan café sin leche. También conoce los automatismos engendrados por las directrices del Partido Comunista.

“Cuando hay elecciones del Poder Popular o algún evento del partido en Diez de Octubre, la dependencia que dirijo es la encargada de confeccionar la merienda y el almuerzo”, dice Jorge. Parece un apparatchik [funcionario] estatal, capaz de abrumarte con estadísticas y tratar de convencerte de que las cosas marchan bien.

En su entorno de confianza le llaman "El mago". “Cuando le revisan los papeles todo está Ok. Al cumplir el plan de ventas, queda bien con la empresa, pero también es capaz de hacer dinero. La plata que se hace por la izquierda es la ganancia que se llevan a casa los administrativos de la pizzería y el pago semanal de 1.000 pesos que recibe el director municipal de Gastronomía", relata una fuente y añade:

“El sector de Gastronomía funciona como un cártel mafioso o un plante abakuá [sociedad secreta traída a Cuba por los negros carabalí que solo admite hombres]. Si no cumples el plan de ventas y haces dinero, te vas del aire. Cuando tú eres un administrativo de puntería el director de la empresa te garantiza la materia prima para que nunca estés parado y te avisa cuando hay controles y auditorías, para que no te cojan "fuera de base". Si explotas, y no "chivateas" a nadie, tienes garantizado el dinero de tu familia y los gastos en la cárcel. Cuando sales de prisión, discretamente te vuelven a insertar en Gastronomía. Aquí tú ves a todo el mundo con camisas de cuadros y fotos de los líderes de la revolución en sus oficinas, pero en el fondo no son revolucionarios ni la cabeza de un guanajo. Son oportunistas, sanguijuelas que viven chupándole los recursos al Estado”.

Y es que robar se ha convertido en un modo de vida en Cuba. La élite política recibe gratificaciones sin tener que hacer trampas financieras ni delitos de cuello blanco.

“A los 'mayimbes' [funcionarios] los beneficios les caen del cielo. Los más altos funcionarios viven en residencias de primera clase. Mensualmente reciben bolsas de comida con carne de res, camarones, pastas italianas y vinos europeos, entre otros productos de primera calidad. A precios módicos pueden adquirir relojes suizos y teléfonos celulares de última generación. Los 'capos', como le llaman a los dirigentes históricos, pueden encargar cualquier pacotilla a la Embajada de Cuba en Washington o París. Mientras más arriba están, más rápida es la conexión a internet en sus casas. Y mientras un cubano de la calle está años esperando por la disponibilidad de un servicio telefónico, ETECSA le coloca cinco pares telefónicos a un dirigente de nivel en su residencia en un día. Esa gente vive sin libreta de abastecimiento y fuera del libreto del socialismo. Las leyes que hacen son para que las cumplan los otros, no ellos”, confiesa un exescolta.

La corrupción en Cuba es como un embudo. Los que ocupan altos cargos reciben beneficios de diversas maneras. Aquellos que tienen puestos intermedios, lucran con trampas financieras, desvíos de recursos y negocios económicos ilícitos. Para los de abajo, los "proletarios", queda el trabajo sucio.

Robar se ha convertido en un deporte nacional. Lo mismo sirve una libra de aceite de cocina sacada de una bodega que hojas de papel o una bombilla LED tomadas de una oficina estatal. Otros evaden los impuestos con doble contabilidad, sustraen combustible o estafan a la empresa eléctrica. Si de robar se trata, cualquier pretexto lo puede justificar.

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