NUEVA YORK — Jennifer Bergin ya era obesa y prediabética antes de la pandemia, y enterarse de que también era hipertensa la hizo preocuparse más por el COVID-19. Comenzó a caminar tres horas al día y al final bajó 27 kilos (60 libras).

“Sabía que era candidata ideal para contagiarme y no recuperarme”, dijo Bergin, de 50 años, de Charlotte, Carolina del Norte. Ahora con 77 kilos (170 libras) de peso y 164 centímetros de altura (5,4 pies), ya no se la considera obesa, pero le gustaría seguir mejorando su salud.

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Desde los primeros días de la pandemia, las autoridades de salud advirtieron que la obesidad y afecciones relacionadas, como la diabetes, eran factores de riesgo de desarrollar un cuadro grave de COVID-19. Fue otro recordatorio de los muchos problemas de salud subyacentes a menudo señalados por la obesidad, así como de lo difícil que puede ser la pérdida de peso sostenida.

Innumerables personas de todos los tamaños han subido o bajado de peso durante la pandemia. Para algunos como Bergin, dejar de ir a la oficina significaba más tiempo para caminar, comer menos y tener un mayor control sobre lo que comía.

Pero para otros, estar atrapados en casa significaba moverse menos y comer más debido al estrés, la ansiedad, la depresión o simplemente la proximidad a la cocina.

El espectro de cambios de peso subraya las complejidades de la obesidad, incluido el papel que pueden desempeñar las circunstancias de una persona en su salud, dijo Karen H. Yeary, investigadora de obesidad del Roswell Park Comprehensive Cancer Center en Buffalo, Nueva York. Esto es contrario a la idea de que bajar de peso es sólo una cuestión de fuerza de voluntad, dijo.

“Se necesita mucho esfuerzo y energía para comer de manera saludable y luego perder peso”, dijo Yeary.

En Estados Unidos, uno de cada cuatro adultos se considera obeso y otro de cada tres tiene sobrepeso.

A menudo las personas no se sienten motivadas a adelgazar hasta que sufren un gran problema de salud, como un ataque cardíaco, dijo Eric Plaisance, investigador de obesidad de la Universidad de Alabama en Birmingham.

Ese fue el caso de Mickey Beatima, un residente de Seattle de 29 años que comenzó a bajar de peso un par de meses antes de la pandemia, cuando su diabetes le provocó problemas en los ojos.

“Eso realmente me impactó”, dijo Beatima, quien mide 1,76 metros de alto (5,8 pies) y ha bajado de 136 a 77 kilos (300 a 170 libras).

La pandemia aceleró sus esfuerzos al facilitar la pérdida de peso: ya no compraba comida para llevar, tampoco salía con amigos o acudía a los festines con la familia.

También le tomó el gusto bailando con videos de YouTube y le motivó saber que estar más saludable reduciría su riesgo de desarrollar un caso severo de COVID-19.

FUENTE: AP

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