Los niños suelen dormir el tiempo que les demanda su cuerpo para recargar energía. Lo que sucede es que no duermen necesariamente de noche, sino cuando se cansan, cosa que bien puede suceder en cualquier momento del día. Eso lleva a que muchas veces sus pausas de sueño no coincidan con las de sus padres y allí es donde surge el problema.

No es que los niños necesiten dormir más horas. Los padres necesitan dormir la cantidad de horas suficiente y, si no se solapan con el sueño de los niños, se quedan cortos. Al menos es un problema muy frecuente en los primeros meses de vida de los bebés.

¿Cómo organizarlo? Por supuesto, no es un desafío nada sencillo. Si tiene a sus padres o suegros cerca, lo ideal es pedirle a alguien que pase un rato por casa y aprovechar ese momento para dormir un poco.

No hay que aprovechar cada momento que el bebé está dormido para ocuparse de otras cosas, hacer llamados, terminar cuestiones domésticas, etc. Hay que dormir.

En el largo plazo puede ser muy útil darle cierta estructura al día del bebé. Si come siempre a la misma hora y si es acostado siempre en un mismo horario, va adaptándose al ritmo de sus padres. A veces es útil reducir un poco las horas que duerme durante el día. Y por la noche es mejor no darles de comer inmediatamente antes de dormir. A partir de los seis meses, suelen poder dormir bien sin ser amamantados justo antes.

FUENTE: dpa

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