jueves 23  de  julio 2026
RELACIONES EEUU-CUBA

Caballos de Troya

La bandera norteamericana no se ve ondear en La Habana desde hace más de cinco décadas. A los estudiantes nos leían el poema de Bonifacio Byrne con tanta vehemencia como veíamos la foto del ultraje al Apóstol por aquellos marinos borrachos. Una fechoría casi infantil que sirve de alerta para posibles violaciones de nuestra soberanía. Sobre todo porque dicen que guerra avisada no mata soldados

Diario las Américas | JOSÉ LUIS RUMBAUT LÓPEZ
Por JOSÉ LUIS RUMBAUT LÓPEZ

Para algunos la ceremonia de izar banderas que restablece las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos es un error garrafal. Lo que cambia para ellos es de quién parte el error.

La bandera norteamericana no se ve ondear en La Habana desde hace más de cinco décadas. A los estudiantes nos leían el poema de Bonifacio Byrne con tanta vehemencia como veíamos la foto del ultraje al Apóstol por aquellos marinos borrachos. Una fechoría casi infantil que sirve de alerta para posibles violaciones de nuestra soberanía. Sobre todo porque dicen que guerra avisada no mata soldados.

El gobierno de Barack Obama, al mismo que consideran traidor a los intereses de la comunidad cubana que vive en los Estados Unidos, lo ha expresado directamente: no están renunciando a sus intereses de cambio de régimen, solo están cambiando la estrategia debido a que la anterior (hostigamiento, embargo, aislamiento, enfrentamiento, etc.) no dio resultados. El gobierno de Raúl Castro no ha sido tan transparente en sus propósitos.

La bandera cubana sí ha ondeado en Estados Unidos. Allí hay miles de cubanos que frente a sus casas o en sus autos tienen orgullosos su enseña nacional y proclaman un nacionalismo complicado pero ferviente.

Este nuevo escenario, una bandera norteamericana ondeando en el malecón de La Habana será sin dudas un recordatorio de que existe un modo diferente de hacer el día a día. Para los que no quieren el acercamiento desde Cuba, la imagen del Caballo de Troya con barras y estrellas es sinónimo de quintacolumnismo o de consabido enemigo durmiendo en nuestras camas.

La posibilidad de moverse que se supone tendrán los diplomáticos cubanos en el territorio de Estados Unidos, es para muchos una concesión que el presidente Obama no debía ceder frente al gobierno cubano. He escuchado esto de importantes y respetados periodistas y analistas que viven el caso Cuba de una manera muy cercana. Se me parece mucho al peligro que algunos directivos cubanos están alertando en La Habana por cuenta de los accesos a internet, y lo que los jóvenes de la nueva hornada verán en este nuevo mundo al que se están acercando peligrosamente.

Lo ejemplifican como un Caballo de Troya con barbas y verde olivo, una idea macabra que se le ha ocurrido a alguien muy inteligente en Washington: envenenar al Hombre Nuevo con los estándares de consumo de los que estos muchachos tontos no se han dado cuenta viendo las películas del sábado por la noche. Es una lástima que personas que respeto obvien la inteligencia de nuestros jóvenes que ven videos mucho antes de que llegara el paquete y usan Levis al mejor estilo del oeste norteamericano.

Y más curioso todavía sigue siendo que no ven los nuevos tiempos, los que cambian el mundo y sus rutinas. El contacto con las realidades que han sido al menos veladas por mucho tiempo solo ensombrece el panorama para quienes han mentido, para los que no tienen en cuenta el peso de la Historia. Hay suficientes estudios de ambos lados para que el enfrentamiento ideológico y las consecuencias políticas se puedan enrutar por el camino más conveniente para la nación.

Y también hay muchos ejemplos de cómo el miedo a la tecnología y la poca comprensión de ella en medio del presente ha pasado facturas cada vez más impagables a quienes subsisten con las mismas mañas del pasado, con censuras y limitaciones al contacto de lo que está en el éter, de lo que pasa de mano en mano sin que nadie sea capaz de pararlo.

El miedo verdadero

Creo que los miedos a ambos lados tienen mucho en común. Hay miedo al cambio. Ninguno de los dos bandos quiere perder. No quiere perder el que hace cinco décadas atrás salió de Cuba. No quieren perder quienes hoy, a pesar de los años, siguen siendo los hombres fuertes en un gobierno que por momentos pienso que está medio perdido en la oscuridad que traen los nuevos tiempos.

Hay materias diferentes que aprender, que vencer. Hay opciones diferentes, múltiples, novedosas, y ante estas novedades muchas personas temen. No puedo olvidar lo que me dijo mi madre en 1991 cuando volvía de su viaje a Miami mientras todos estábamos viendo los Juegos Panamericanos, el último espectáculo antes del Período especial: ¡Si vas no regresas! Pero yo fui varias veces, y siempre regresé. Lo que se teme es lo que no se quiere, lo que asusta es lo que no conocemos.

Hay miedo cuando se trata de lo nuevo; hay sospecha de conspiración en todo grupo que no esté jugando dominó, en cada persona que piense diferente y lo diga en los medios que se proclaman democráticos en el país a donde muchos fueron a buscar democracia. El miedo es general si los síntomas son parecidos, tampoco tiene ideología ni tendencias políticas.

El miedo, el verdadero miedo, está en que debemos enfrentar lo nuevo con nuevas técnicas, con nuevas estrategias, no viciadas, desprovistas de los viejos trucos de la Guerra fría. Hay que soportar el futuro con troncos recién cortados y no con los antiguos y erráticos troncos que demostraron su incapacidad para soportar el peso de la Historia.

No hará falta Caballos de Troya. Cada uno de nosotros podemos serlo o, a su vez, derrumbarlos, si por el camino que escogemos no estamos dispuestos a sortear los peligros que trae inherente el desarrollo.

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