LA HABANA.- ESPECIAL DLA / IVÁN GARCÍA 

La Habana. Cuando en el otoño de 2010, Mariano comenzó a reparar su destartalado apartamento en el bullicioso barrio de la Víbora, a 25 minutos del centro de La Habana, planificó las obras en tres fases.

“Primero arreglar la cocina y el patio interior. Luego el baño y las tres habitaciones. Y después el pasillo, la terraza y pintar toda la casa. Pero he tenido que ir improvisando, por falta de dinero o porque en ese momento no aparece el material que necesitas”, cuenta Mariano.

“Pensé haber terminado en 2015. El dinero no es el único ni todo el problema. Trabajo por cuenta propia y tengo parientes fuera de Cuba. Pero a veces no aparecía el cemento cola, herrajes de plomería o la cerámica para el piso que deseaba. El carpintero no tenía el aluminio para las ventanas o no aparecía la madera de calidad para las puertas. Y del costo, ni hablar. En cinco años he gastado más de 6 mil dólares y todavía me falta tirar el piso del último cuarto y de la terraza y reparar la fachada. Ya tengo el piso y el material comprado y la mano de obra me saldrá en 400 dólares o más. Pese a todo, me siento optimista, ya casi es el final”, apunta mientras muestra su apartamento.

Inversión

Propietarios de pequeños negocios exitosos han desatado una ola de reparaciones y construcciones en sus viviendas. “Todas las ganancias se me han ido reparando mi casa y construyéndole una a mi hija que está embarazada. Ya he invertido más 10 mil dólares y aún no he terminado. Debes lidiar con los inspectores corruptos, pues cuando estás haciendo cualquier obra, te revisan los papeles como si fueras un delincuente, buscando un fallo para multarte o para que les ofrezcas dinero por debajo del tapete”, acota Diego, dueño de un bar.

Según Erasmo, quien está construyendo una casa de mampostería en Artemisa, 60 kilómetros al oeste de La Habana, los “bancos en Cuba otorgan créditos de risa. ¿Qué se resuelve con 10 o 20 mil pesos (350 a 750 dólares) para edificar una vivienda? Eso se te va en las meriendas y almuerzos de los albañiles, electricistas y plomeros”, apunta.

Optimismo

Noelia, dueña de una peluquería en la sureña Cienfuegos, a tres horas de La Habana en ómnibus, se sentía optimista tras el nuevo panorama político entre Cuba y Estados Unidos después del 17 de diciembre.

“Leí la propuesta de Obama y su intención de ayudar con microcréditos y materiales de la construcción a ciudadanos comunes y dueños de pequeños emprendimientos. Pero el Gobierno no ha publicado una palabra de cómo eso se puede hacer efectivo. Deberían hacerlo, porque el alto costo de reparar una casa es insostenible, incluso para aquéllos que reciben remesas o tienen un pequeño negocio. Me pregunto cómo pueden arreglar sus viviendas las personas que trabajan para el Estado, no reciben dólares y viven exclusivamente de su salario”, se pregunta la peluquera.

De a poco

La respuesta se la pueda dar Dianelis, profesora, residente en el municipio habanero de Playa. “Mi esposo y yo llevamos doce años reparando nuestra casa. Así, a medio terminar, vivimos con los dos hijos. El piso es de cemento pulido y a falta de azulejos, las paredes del baño son de estuque. Todavía no hemos repellado parte del interior y nos falta todo el exterior. Por no tener dinero para comprar los cristales, las ventanas de hierro las tenemos con cartones. A no ser que suceda un milagro, tendremos que esperar más de seis años para terminarla".

Difícil realidad 

Cuando usted recorre el país, observará miles de viviendas que no han sido terminadas de construir y en ellas siguen residiendo sus moradores. Las autoridades reconocen que alrededor del 60% de las casas en Cuba están en regular o mal estado técnico.

La construcción de viviendas no es una prioridad del Gobierno. En la primavera del año 2000, Fidel Castro prometió edificar 100 mil casas por año para paliar el déficit habitacional en la Isla.

En una casa cubana es normal que convivan tres generaciones distintas bajo el mismo techo. Matrimonios durmiendo con sus padres o abuelos en la misma habitación. O en un colchón en la sala.

Los números

Según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, en los primeros seis meses de 2014, en el territorio nacional se habían edificado 10.063 viviendas, de las cuales solo 3.734 fueron construidas por el Estado y 6.329 por esfuerzo propio (los particulares terminaron 678 viviendas más que en igual período de 2013). 

En 2015 las cifras no deben variar mucho. Desde hace un tiempo, el régimen estimula la construcción de casas con recursos y esfuerzos propios. “Pero los créditos bancarios, además de lentos y engorrosos, son insuficientes. No se corresponden con la inflación y los precios actuales”, indica Dayron, economista.

Solo en La Habana existen más de 30 mil familias viviendo en albergues precarios, incómodos y calurosos. Como el de Miraflores, al sur de la capital. “Esto aquí es una cárcel chiquita. Son frecuentes las riñas por cualquier cosa. Ron mañana, tarde y noche. Prostitución y drogas a toda hora. Un infierno. Aquí llevo 22 años, perdí mi casa en un ciclón [huracán]. El Gobierno provincial me ha prometido vivienda, pero todo se queda en palabras”, dice Ángela resignada.

José Carlos duerme en una chabola [casucha] ilegal de aluminio y tejas de fibrocemento en las afueras de la ciudad, y ni siquiera se pregunta cuánto cuesta reparar una casa. Sin dinero ni futuro, a él eso le suena a ciencia ficción.

 

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