MIAMI.- Una de las ventajas de poder ver dos obras distintas de un mismo dramaturgo en Miami en una misma semana (privilegio que tienen muy pocos) es que permite analizar los recursos y constantes que maneja el autor, que es además, en este caso, el director de sus propias piezas. En Foro, que formó parte del recién concluido Festival Internacional de Teatro de Miami, y Hierro, una producción de Arca Images, se observan las coincidencias en los desplazamientos de los actores, la economía de recursos escénicos, los cambios con apenas movimientos de luces, entre otros detalles, que dibujan el método de trabajo del autor-director Carlos Celdrán.
La diferencia notable entre las dos propuestas tiene que ver con la transparencia de los personajes y la historia en sí misma. En Foro el espectador no llega a saber cuál es el trauma que padece el personaje principal, que es un premiado escritor, ni por qué la mayoría de los que intervienen o se mencionan en la obra, viven fuera de Cuba.
En Hierro todo resulta más claro y cristalino teatralmente. Ambientada en el siglo XIX, los cubanos que viven en Tampa y Nueva York se encuentran en el exilio luchando por la libertad de Cuba.
En el caso particular de Hierro, que es la obra que nos ocupa, la gran figura de las letras y el pensamiento cubano, José Martí, viaja a Nueva York con su esposa, Carmen Zayas Bazán, y el hijo de ambos. Durante su estancia Martí enfrenta conflictos familiares, reclamos, encontronazos con su esposa y celos. Ese Martí hombre, es la base de esta propuesta.
Hierro, título que tiene sentido por el anillo que llevaba Martí en su dedo y que fue hecho del grillete que llevó en su juventud, transcurre en dos momentos de la vida del patriota y escritor, en Nueva York en 1885 y en Tampa, en el año de 1892.
La etapa neoyorquina presenta el conflicto matrimonial, y la cercana relación con la familia Mantilla. Se hace énfasis en los vínculo (y rumores históricos) sobre una posible relación entre Martí y Carmen Mantilla, y hasta que tuvieron una hija, María.
Las escenas en Tampa se desarrollan alrededor de un envenenamiento que casi le cuesta la vida a Martí. También este episodio martiano tiene un respaldo histórico.
Celdrán armoniza muy bien la visión martiana que presenta y que resulta válida. En eso radica el peso de Hierro, en acercar al público a un Martí posible, más bien, muy posible.
Con elenco de actores sólidos, Caleb Casas como José Martí estuvo convincente, mientras que a Claudia Valdés en el personaje de Carmen Zayas Bazán, se le vio poco expresiva, aunque logró hacer bien su trabajo. Brilló Rachel Pastor como Carmen Miyares, estuvo maternal, protectora, en ocasiones angustiada, transiciones muy bien marcadas en todo momento. Gilberto Reyes como Manuel Mantilla, con un personaje más bien breve, pero penetrante, muy suspicaz en la mirada, sugiriendo mucho.
Los otros personajes, eran ocho en total, llevaron a buen término sus personajes, Carlos Acosta Melián como el médico, Ariel Texidó, con un papel bien diseñado de un patriota cubano en Tampa, Joel Lara como Miguelito, el hijo de los Mantilla, marcando muy bien el ímpetus del joven que interpreta y Daniel Romero, como el hombre que intentó matar a Martí, un personaje con muchos matices al que este actor le imprime intensidad.
De José Martí, se ha dicho y escrito mucho, quizás los estudios de Carlos Ripoll sean los más relevantes y en cierta medida recientes. En teatro, Matías Montes Huidobro se aproximó al hombre en la obra Un objeto de deseo, pero el texto no resultó convincente. La pieza de Celdrán resulta más próxima al José Martí que pudo haber sido en su vida y cotidianidad y aunque es ficción, se aprecian las lecturas y las investigaciones para sustentar su texto. Una nueva y necesaria mirada a un hombre que dejó muchas huellas a lo largo de su breve e intensa vida.