miércoles 24  de  junio 2026
LITERATURA 

Mónica Mendoza: cuando el dolor encontró un propósito

La periodista, coach de duelo y creadora de Café y Duelo transformó algunas de las experiencias más difíciles de su vida en una misión para acompañar a otros. Su libro El arte de no morir de dolor explora las múltiples formas de pérdida

Diario las Américas | CARLOS ARMANDO CABRERA
Por CARLOS ARMANDO CABRERA

MIAMI.- El café suele ser sinónimo de encuentro. De conversaciones largas. De noticias compartidas entre amigos. De historias familiares contadas alrededor de una mesa. Para la periodista Mónica Mendoza, también se convirtió en una herramienta para hablar de uno de los temas que más incomodidad genera entre los latinos: el duelo.

La idea nació después de atravesar algunas de las experiencias más dolorosas de su vida y descubrir que muchas personas cargan silenciosamente con pérdidas que nunca aprenden a nombrar. Así surgió Café y Duelo, un proyecto que busca crear espacios seguros para conversar sobre la muerte, las despedidas, los cambios de vida y todas aquellas experiencias que dejan huellas emocionales profundas.

“Una de las cosas que yo noté que teníamos todos en común era el café para reunirnos. Y la gente, los latinos, como no hablábamos mucho de duelo, entonces era una buena excusa para reunirnos y hablar de esas cosas que nos estaban doliendo, sea la muerte de alguien, sea la pérdida de un trabajo o la menopausia, o tantas cosas que representan duelos que no tenemos idea que estamos pasando”.

La iniciativa parte de una observación sencilla pero poderosa: muchas personas creen que el duelo únicamente aparece cuando fallece un ser querido. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja.

La ruptura de una relación, una mudanza, la emigración, el diagnóstico de una enfermedad, la pérdida de una oportunidad o incluso determinadas etapas de la vida pueden provocar procesos emocionales similares que rara vez son reconocidos como tales.

Precisamente esa reflexión se convirtió en el punto de partida de El arte de no morir de dolor, un libro que combina experiencias personales, testimonios, herramientas prácticas y años de aprendizaje para ayudar a quienes atraviesan momentos difíciles.

Una sucesión de despedidas

Aunque durante décadas desarrolló una carrera vinculada al periodismo de entretenimiento, Mendoza reconoce que nunca imaginó que terminaría dedicando buena parte de su tiempo a hablar sobre la muerte.

Todo comenzó a partir de una serie de acontecimientos que alteraron profundamente su vida.

“En 2024 muere mi prometido. Teníamos 10 años de relación y nos íbamos a casar, ya yo tenía todo listo y todo eso, y muere. Al día siguiente muere mi suegro, y unos meses después muere la perrita que había adoptado para lidiar con el duelo”.

La acumulación de golpes emocionales la obligó a detenerse y buscar respuestas.

“Eso fue como que tanto golpe que yo le decía: ‘Diosito, pero entonces, ¿en qué quedamos? ¿Dónde vamos? ¿Qué es esto? ¿Qué me estás enseñando?’”.

Aquellos acontecimientos ocurrieron mientras también acompañaba el deterioro progresivo de sus padres.

Su padre había fallecido años antes. Su madre, mientras tanto, enfrentaba los efectos devastadores del Alzheimer.

Esa experiencia le permitió comprender que existen formas muy distintas de afrontar una ausencia.

“Ese es otro tipo de duelo, un duelo a plazos, como yo le llamo, que es una cosa muy diferente a ese duelo que viene después cuando alguien se va”.

El duelo que llega antes de la partida

Para Mendoza, una de las lecciones más importantes de su vida estuvo relacionada precisamente con la enfermedad de su madre.

Mientras observaba el avance del Alzheimer, comenzó a experimentar emociones que muchas familias conocen bien: tristeza, anticipación, miedo y aceptación.

“Yo pasé al duelo antes. Yo sabía que ella iba a morir. Y sentí la tristeza antes, y después me sentí en paz”.

Lejos de centrarse únicamente en el sufrimiento, decidió aprovechar el tiempo que aún tenían juntas.

Y fue entonces cuando ocurrió algo que jamás imaginó.

“El Alzheimer me dio a esa madre que siempre soñé”.

La frase resume una historia compleja.

Durante años mantuvieron una relación difícil, pero la enfermedad terminó acercándolas de una manera inesperada.

“Fuimos muy felices juntas, en medio de la locura de ella”.

Cuando finalmente llegó el momento de despedirse, la periodista pudo acompañarla hasta el último instante.

“Estar ahí en su último momento, poder darle la mano, poder verla descansar ya fue algo muy bueno”.

La experiencia terminó transformando también su visión sobre el final de la vida.

Como voluntaria de un hospice, acompañó a otras familias en procesos similares.

“Pude ver la muerte desde otro punto de vista, no desde el personal, sino el de otras familias, y ayudarlas a pasar esos procesos”.

El duelo que nadie ve

Uno de los mensajes centrales de Mendoza es que muchas personas atraviesan procesos emocionales difíciles sin comprender exactamente qué les está ocurriendo.

De hecho, esa fue una de las razones que la impulsó a escribir El arte de no morir de dolor.

“Me di cuenta que yo no sabía nada sobre los duelos. Y hablándolo con otra gente, te das cuenta que la otra gente está tan perdida o más perdida que yo”.

Inicialmente, la autora pensó en escribir un diccionario que ayudara a identificar distintos tipos de pérdidas.

Con el tiempo, el proyecto evolucionó hasta convertirse en una obra profundamente personal.

“Nosotros pensamos que un duelo es simplemente cuando alguien se muere. Y vivimos miles de duelos”.

Entre ellos menciona algunos que rara vez son reconocidos.

“El duelo con los padres que quisiste tener y no tuviste, el duelo de emigrar, el duelo de divorciarte, el duelo de casi perder un hijo”.

También aborda experiencias relacionadas con la menopausia, los cambios de etapa, las expectativas frustradas y los momentos en los que una persona descubre que la vida que construyó ya no responde a sus necesidades.

“Ese tipo de cosas no sabemos qué nombre ponerle y se llaman duelos”.

“No estoy en depresión, estoy en duelo”

La autora considera que identificar correctamente lo que se está viviendo puede marcar una enorme diferencia.

“Esto es lo que me está pasando, no estoy en depresión, estoy en duelo”.

Según explica, muchas personas terminan sintiéndose incomprendidas porque intentan compararse con otros o buscan respuestas universales para experiencias profundamente individuales.

“Cada caso es diferente y muy particular, es como una huella digital”.

Por esa razón insiste en que no existe una manera correcta o incorrecta de atravesar estos procesos.

“No porque el otro la pasó muy bien, a ti te tiene que ir igual. De pronto tú la pasas mejor o de pronto la pasas peor”.

Herramientas para sanar

Además de compartir su historia, El arte de no morir de dolor incluye ejercicios y recursos diseñados para acompañar al lector.

“Desde rituales sencillos, qué hacer para darle un homenaje a esa persona que se ha ido, para cerrar un ciclo en tu vida, para entender que no fue culpa tuya”.

La publicación también explora la culpa, la aceptación, las distintas etapas emocionales y la importancia de encontrar mecanismos personales para seguir adelante.

En el caso de Mendoza, uno de esos mecanismos fue el humor.

“Lo primero que yo hice después que murió Agustín fue un stand up sobre la muerte”.

Aquella experiencia le confirmó algo que hoy repite con frecuencia.

“Cada uno tiene su forma de sanar”.

El arte de no morir de dolor explora las múltiples formas de pérdida, rompe tabúes profundamente arraigados en la cultura latina y ofrece herramientas para afrontar una realidad que tarde o temprano alcanza a todos.

El arte de no morir de dolor explora las múltiples formas de pérdida, rompe tabúes profundamente arraigados en la cultura latina y ofrece herramientas para afrontar una realidad que tarde o temprano alcanza a todos.

El silencio de los latinos

A través de Café y Duelo, la periodista ha comprobado que muchas personas necesitan espacios donde expresar emociones que durante años permanecieron guardadas.

“No queremos ser vulnerables”.

Para ella, esa realidad está profundamente ligada a la cultura latina.

“A los hombres, sobre todo los latinos, les enseñaron que llorar es de débiles”.

Esa resistencia puede tener consecuencias importantes.

“Después se enferman del estómago, que si la acidez, que si esto, que si el mal humor, y es porque no han sanado las emociones”.

También cuestiona la tendencia a evitar cualquier conversación relacionada con la muerte.

“Le tenemos pánico a la muerte, tenemos pánico a irnos”.

Por eso insiste en la necesidad de prepararse emocional y legalmente.

“Haz todas las cosas legales. En caso tal, la gente esté tranquila, no le dejes un dolor de cabeza a tu familia ni a tus amigos ni a tu pareja ni a nadie”.

Empezar de nuevo

Las pérdidas también impulsaron una decisión importante.

Tras más de dos décadas en Miami, Mendoza decidió iniciar una nueva etapa en España.

La partida de su madre fue determinante.

“Cuando muere mi mamá me di cuenta que no hay nada que me ate a esta ciudad”.

Lejos de interpretarlo como una huida, lo ve como una oportunidad para reinventarse.

“Comenzar de nuevo a esta edad es mejor, porque tienes una estructura, tienes una experiencia, sabes qué quieres. Sabes decir que no”.

Un propósito inesperado

Mendoza reconoce que jamás imaginó que terminaría dedicando gran parte de su vida a acompañar a otras personas en sus momentos más difíciles.

“Nunca me imaginé estar hablando de la muerte como un propósito de vida”.

Sin embargo, hoy encuentra sentido en cada conversación, cada encuentro de Café y Duelo y cada mensaje recibido de personas que aseguran haber encontrado alivio en su trabajo.

“Ese es mi nuevo propósito, poder ayudar a sanar a la gente”.

Quizás por eso una de las frases que más repite resume con tanta precisión su filosofía.

Porque más allá de las diferencias, las creencias o las circunstancias personales, existe una experiencia que inevitablemente une a todos los seres humanos:

“El duelo es lo único que nos une a todos”.

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