NUEVA YORK.- La actriz de origen mexicano Salma Hayek reveló este miércoles en un artículo de opinión publicado en The New York Times que ella también fue acosada sexualmente por el productor de Hollywood Harvey Weinstein, que llegó a amenazarla de muerte.
Bajo el título Harvey Weinstein es también mi monstruo, la actriz latina, de 51 años, cuenta que el productor comenzó a acosarla una vez acordado que haría la película Frida, sobre la artista mexicana Frida Kahlo.
En su artículo revela que Weinstein llegó a pedirle que se duchara con él, que le dejara darle un masaje y tener sexo oral con ella, entre otras cosas.
"Cuando tantas mujeres salieron a describir lo que Harvey les había hecho, tuve que enfrentarme con mi cobardía y aceptar humildemente que mi historia, tan importante como era para mí, no era más que una gota en un océano de dolor y confusión", explicó Hayek.
La actriz cree que no llegó a violarla como sí hizo con otras mujeres, según han asegurado estas, por la amistad que ella tenía con el cineasta Quentin Tarantino y con el actor George Clooney, así como con el director Robert Rodriguez y la productora Elizabeth Avellan, todos en el entorno de Weinstein.
Su negativa a las peticiones sexuales del productor desencadenaron la furia de este, aseguró Hayek, que cuenta cómo Weinstein criticó después Frida y amenazó con cancelar la producción si la actriz no rodaba una escena sexual con otra mujer.
Ashley Judd, coprotagonista de Frida, fue la primera figura conocida en denunciar públicamente a Weinstein. Después, las acusaciones contra el productor se multiplicaron.
Las denuncias públicas contra Weinstein fueron el catalizador del movimiento #MeToo, por el que mujeres y también algunos hombres del mundo del cine, la política y los medios de comunicación rompieron el silencio en las redes sociales sobre abusos sufridos y comenzaron a denunciarlos públicamente.
Parte del duro relato de Hayek, publicado en el New York Times, lo reproducimos aquí:
"No me importaba el dinero; estaba extremadamente emocionada por trabajar con él y con la empresa. En mi ingenuidad pensé que se había cumplido mi sueño. Había validado los últimos catorce años de mi vida y había apostado por mí, la “nadie”. Dijo que sí.
No sabía que muy pronto yo tendría que decir no.
No a abrirle la puerta a cualquier hora de la noche en hotel tras hotel y locación tras locación donde se aparecía inesperadamente, incluido un sitio en el que estaba rodando una película en la que él ni siquiera estaba involucrado.
No a bañarme con él.
No a dejarlo que me viera bañarme.
No a dejarlo que me diera un masaje.
No a que un amigo suyo, desnudo, me diera un masaje.
No a dejarlo que me hiciera sexo oral.
No a desnudarme junto con otra mujer.
No, no, no, no, no…
Con cada rechazo surgía la ira maquiavélica de Harvey.
No creo que odiara nada más que la palabra “no”. Las demandas absurdas iban desde recibir una llamada iracunda a la mitad de la noche en la que me pedía que despidiera a mi agente por una pelea que tenían sobre una película distinta con otro cliente a sacarme de una gala de estreno en el Festival de Cine de Venecia, que fue organizada por Frida, para estar en una fiesta privada con él y unas mujeres que pensé que eran modelos pero después me enteré que eran prostitutas.
Sus tácticas de persuasión iban desde hablar dulcemente y prometer cosas hasta aquella vez que, en un ataque de ira, dijo las palabras más temibles: “Te voy a matar, no creas que no puedo”.
Cuando finalmente quedó convencido de que yo no iba a ganarme la película como él esperaba que lo hiciera me dijo que le había ofrecido el papel y mi guion, hecho con años de investigación, a otra actriz".
FUENTE: Con información de dpa