"Estos no son socialdemócratas. Son comunistas acérrimos y sin Dios. En mi opinión, esta es [la amenaza más grave que ha enfrentado nuestro país desde su fundación hace 250 años]", afirmó.
La exhortación a la extrema violencia política
El más cercano intento de quitarle la vida a Trump sucedió el 13 de julio de 2024 en Butler, Pennsylvania, cuando Thomas Matthew Cooks disparó su fusil AR-15 varias veces desde el techo de un edificio a menos de 150 pies del podio donde el entonces candidato a la Presidencia ofrecía un discurso de campaña. Sólo un oportuno movimiento de cabeza le salvó la vida. Trump ha recalcado: “Fue Dios, él quiso que siga aquí con ustedes (el pueblo)”.
El mismo escenario hostil, con acciones diversas de extremistas de izquierda, lo enfrentó el presidente Ronald Reagan el 30 de marzo de 1981, apenas 70 días después de que asumiera la Presidencia y a la salida del Washington Hilton. Reagan sufrió una grave hemorragia interna después de que una bala se le alojara en un pulmón y le fracturara una costilla ante varios disparos del agresor a quemarropa. Otras tres personas fueron heridas por el atacante John Hinckley Jr., un extremista liberal.
El último intento de asesinar al presidente Trump, frustrado por el Buró Federal de Investigaciones (FBI), estaba previsto para un evento de artes marciales mixtas (UFC, por sus siglas en inglés) nombrado UFC Freedom, que se realizó frente a la Casa Blanca. Cinco hombres fueron arrestados el 10 de junio por oganizar un ataque con drones y otras armas de alto calibre, lo que demuestra cómo la incitación al odio contra los republicanos y contra Trump generan cada vez más fanatismo político y violencia extrema.
El odio visceral y enfermizo contra Trump, esparcido por congresistas, activistas, organizaciones, medios de prensa de izquierda y el Partido Demócrata en general, ha demostrado ser más fuerte que cualquier logro del líder republicano por bien del país y de los estadounidenses.
Las batallas políticas durante su primer mandato (2017-2021) y el tortuoso camino de persecución y acoso para regresar a la Casa Blanca lo han puesto en la historia como el presidente estadounidense más atacado en todos los sentidos. Nunca un Presidente se había enfrentado a tan masiva y brutal maquinaria “progresista” (socialista).
Desde el mandato de Bill Clinton, el presidente # 42 (1993-2001) dio inicio una nueva era para el Partido Demócrata en la historia moderna del país, que hasta esa fecha había gozado de prestigio y credibilidad ante la mayoría de los estadounidenses, que lo percibían como el balance correcto de la democracia en EEUU.
Luego llegó el mantadario Barack Hussein Obama que se encargó de continuar la labor emprendida por Clinton. Obama cumplió sus ocho años de mandato con un programa que benefició a todos los gobiernos de extrema izquierda en el mundo y en América Latina y el Caribe, además de oxigenar los regímenes totalitarios de Irán, Venezuela, Cuba y Nicaragua, entre otros.
Las concesiones y el daño de Obama
El primer presidente afroamericano en la historia del país se mantuvo como un observador pasivo ante la expasión e influencia del China, Rusia y del islamismo en el hemisferio occidental, además de permitir la proliferación del terrorismo internacional e Irán como el principal patrocinador de los radicales del llamado "Eje de la Resistencia", en el que se incluyen Hezbolá, Hamás, Yihad Islámica Palestina, los Hutíes, ramificaciones de Al Qaeda y del denominado Estado Islámico en Irak y Siria, entre otros.
Obama entregó 1.700 millones de dólares al régimen iraní del ayatolá Alí Jamenei para que supuestamente abandonara el programa nuclear de enriquecimiento de Uranio, lo que nunca ocurrió.
Su visita a la Habana en marzo de 2016 y su encuentro amistoso con el dictador Raúl Castro, y hasta la asistencia conjunta a un juego de Béisbol, confirmaron sus acciones a favor de los regímenes socialistas.
El mandatario demócrata liberó a los cinco espías condenados por la justicia estadounidense por sus labores de espionaje y sus vínculos directos con el asesinato de los cuatro pilotos de la organización humanitaria "Hermanos al Rescate". No sólo hizo concesiones a la dictadura castrista y a la narcochavista en Venezuela, sino a la de Nicaragua de Daniel Ortega. También fue un defensor de los gobernantes socialistas Evo Morales (Bolivia), Rafael Correa (Ecuador), Luis Inácio Lula da Silva (Brasil), Cristina Fernández (Argentina) y favorable al perdón y ascenso político de los asesinos de las narcoguerrillas de las FARC y el ELN en Colombia, bajo el gobierno de Juan Manuel Santos.
La administración de Joe Biden, la extensión del gobierno de Obama, fue clave para las pretensiones de transformar de forma apresurada el rumbo político, judicial, legislativo y económico de EEUU con una agenda "progresista" (socialista) y Woke, contraria a los intereses nacionalistas y conservadores sobre los que se fundó la Gran Nación.
De acuerdo con datos y declaraciones de los jefes de inteligencia y del FBI, Kash Patel, Obama dirigió una "cacería de brujas" para sacar de la arena política a Donald Trump y sus principales aliados en un intento al estilo de "Golpe de Estado" y en complicidad con altos funcionarios de la CIA, el Pentágono y el Buró Federal de Investigaciones.
A sólo días de su salida de la Casa Blanca, Obama eliminó la legislación "Pies Secos, Pies Mojados" que permitía a los cubanos que huían del Castrismo obtener su legalización al pisar suelo estadounidense y luego la residencia mediante la Ley de Ajuste Cubano con derecho a la ciudadanía. Esta fue una de las peticiones de Castro, que había hecho antes durante años Fidel Castro.
Los valores conservadores
EEUU, fundado por los llamados Padres de la Patria, fue consolidado como nación de valores conservadores en clara defensa a la propiedad privada, el amor a Dios, la familia como eje central de la sociedad y la protección de las libertades individuales; y como esencia: la libertad de expresión, de prensa, de pensamiento; el derecho al voto, a la religión y el respeto a las leyes institucionales y a la Constitución.
Thomas Jefferson, el tercer presidente de Estados Unidos (1801-1809) y el principal autor de la Declaración de Independencia aprobada el 4 de julio de 1776, fue uno de los Padres más influyentes de la nación.
Jefferson fue el promotor por excelencia del republicanismo y la formación del “Gran Imperio de la Libertad”, en sintonía con un sistema democrático que respondiera a la seguridad, el desarrollo y la división de poderes.
Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, EEUU se vuelve abiertamente anticomunista frente al peligro expansionista de la Unión Soviética y su modelo económico y político, un choque directo al capitalismo occidental, el libre comercio y las libertades individuales. A este enfrentamiento ideológico y geoestratégico se le conoce como el período de la “Guerra Fría”.
En ese momento, también EEUU se encamina a un nuevo panorama económico postguerra a través de una renovada estructura institucional, como resultado de las experimentaciones hechas entre 1930 (la Gran Depresión) y 1940.
En la postguerra, Norteamérica era ya la primera potencia económica y militar del planeta. Su dominio se formalizó bajo el tratado Bretton Woods, que promulgó el dólar estadounidense como la moneda de cambio mundial.
Los pilares del país se concretaron en la productividad económica y las exportaciones con la incorporación de la tecnología y el fuerte apoyo militar a las inversiones en el extranjero. El desarrollo de la industria militar, la inteligencia y la vigilancia sobre gran parte del mundo permitieron la protección de EEUU y de sus intereses nacionales y de su política exterior.
Esta postura detuvo los movimientos populistas, nacionalistas y socialistas hacia un nuevo orden mundial. En ese período, se aprueban medidas legislativas internas como la Ley Taft-Harley de 1947 para limitar las acciones de los sindicatos contra las grandes empresas estadounidenses, entre ellas las automotrices Ford, General Motors y Chrysler.
El blindaje frente al comunismo
El desarrollo económico permitió entregar miles de millones de dólares en beneficios sociales a familias estadounidenses necesitadas, estudiantes y obreros sin perjudicar la estructura empresarial, que abrió el camino a una poderosa clase media trabajadora y el llamado “Sueño Americano”.
En esa etapa, EEUU también se blindó frente a la gran amenaza que representaba el campo socialista de la Europa del Este, China, Vietnam, Corea del Norte y otros.
El Plan Marshall y la Doctrina Truman (1947), como parte de la política exterior del presidente Harry S. Truman, inyectaron fondos millonarios para la reconstrucción de Europa y así evitar que los estragos de la guerra empujaran a los países hacia el comunismo.
Luego, en la década de 1950, el senador Joseph McCarthy lideró una campaña interna de persecución política para erradicar a los simpatizantes comunistas en el gobierno, en la industria del cine y en otras instituciones, lo que se conoce como el “Macartismo” o la “Caza de Brujas”, una frase que repite el presidente Trump, pero en sentido inverso (la guerra de la izquerida radical al conservadurismo).
El 1954, el presidente Dwight Eisenhower firma la Ley de Control Comunista que ilegalizó formalmente el Partido Comunista de EEUU por sus acciones e intentos de derrocar al gobierno estadounidense.
Esta posición redefinió la política exterior del país para contener el avance y la influencia soviética y de China; a partir de aquí se suceden las guerras contra Vietnam y Corea.
La terminación de la “Guerra Fría”, impulsada por un proceso de reestructuración frente al fracaso total del sistema económico centralizado socialista denominado Perestroika (en abril de 1985), cambió el escenario interno y externo para EEUU.
El derribo del Muro de Berlín que separaba las dos Alemanias (Oriental [socialista] y Occidental [capitalista]), entre otras muchas acciones con un giro fugaz hacia el capitalismo occidental, apagaron ciertas alarmas de vigilancia en un nuevo orden mucho más cooperativo y globalizado, mediante una política exterior norteamericana flexible; incluso, con sus históricos enemigos.
El punto vital en el transcurso posterior de la Gran Nación es que a pesar de las nuevas relaciones e intercambios comerciales y el empuje estadounidense a economías atrasadas y devastadas por el fallido socialismo, la antesala del comunismo, como en los casos de China, Vietnam, exrepúblicas socialistas y en el resto del mundo, los grandes enemigos de EEUU nunca dejaron de serlo. Y sólo se dedicaron a beneficiarse de la voluntad generosa de Washington.
Guerra interna y externa
EEUU llega al 250 aniversario de la Declaración de Independencia de EEUU y la historia, con la plataforma política y económica del presidente Trump -salvando las enormes diferencias de las épocas- surge como un boomerang.
En los últimos 30 años, élites económicas y políticas, movimientos y organizaciones internas y externas antiestadounidenses y anticapitalistas se encargaron de fomentar y ejecutar una guerra ideológica con metas precisas y un único objetivo: destruir la sociedad estadounidense y la hegemonía universal de Washington, desde su historia, sus valores, su cultura hasta todas las instituciones.
El espionaje feroz y constante, el robo de la propiedad intelectual, la penetración de enemigos en universidades y en el sistema educacional general, en el sistema judicial, militar y electoral junto al control de los grandes medios de prensa para sembrar la división y el odio político dentro del país -mediante campañas de desinformación y manipulación- han sido las principales armas en la intención de destruir el país.
Pero la penetración de “agentes internos activos” del progresismo, el “Wokismo”, el islamismo y el llamado socialismo del siglo XXI no se quedó en ese ambiente socioeconómico, sino que avanzó incluso dentro de las agencias de inteligencia como la CIA y sus filiales; de la contrainteligencia, como el FBI y en el sector militar como el Pentágono (Departamento de Guerra). Tampoco existe una sola institución local, estatal y federal de EEUU que no haya sido alcanzada en las últimas décadas por los tentáculos de los que anhelan y siembran el caos para la aniquilación del país.
El mayor ejemplo es el nuevo rumbo de los dos grandes cuarteles de la izquierda en la ciudad de Nueva York y en el estado de California, pero sobre todo en el ala azul del Congreso en Washington y dentro del Partido Demócrata, donde ahora la gran mayoría defiende una agenda socialista en contra de los valores conservadores, la prosperidad y la seguridad del país.
A pesar de la falta de liderazgo y el escaso respaldo popular (-26%), las votaciones de los congresistas demócratas en ambas Cámaras legislativas confirman la postura “progresista” en ascenso, con un marcado énfasis en continuar abriendo puertas al avance del islamismo radical en EEUU.
A 25 años del peor ataque terrorista contra la ciudad de Nueva York, un radical islámico socialista (Zorahn Mamdani) dirige hoy la alcaldía de la Gran Manzana con medidas abiertamente “progresistas”, además de su apoyo a comunistas declarados que acaban de triunfar en las primarias demócratas.
La reciente medida de congelación de rentas de apartamentos y la expropiación de edificios a propietarios que él considere, al estilo Fidel Castro en Cuba o Hugo Chávez en Venezuela, recibió la crítica de los republicanos y del Presidente, quien acusó a Mamdani de "llevar a Nueva York al fracaso".
"Lo que el alcalde no dice es que estos edificios pronto se convertirán en guetos y barrios marginales, y que todo el mundo seguirá marchándose de Nueva York a medida que esto se extienda, muy parecido a un cáncer", declaró.
El asesor de seguridad nacional de Estados Unidos en la actual administración, Stephen Miller, lo definió de la siguiente manera: “El Partido Demócrata en EEUU ha dejado de ser un partido político para convertirse en una peligrosa organización extremista antiamericana”.
El gran giro
Por las razones anteriores, el escenario político, geopolítico y geoestratégico de EEUU -bajo el gobierno del presidente Trump- ha dado un giro de 180 grados para enfrentar las acciones directas e indirectas de nuevas tendencias y movimientos internos y externos que buscan el derrocamiento de EEUU como nación hegemónica.
El desarrollo tecnológico impulsado por el gobierno conservador en Washington, las billonarias inversiones extranjeras en EEUU (+7 billones [trillions] de dólares en proyección), el plan de aranceles de Trump en línea con una renovada visión y defensa del comercio entre EEUU y el resto del mundo; el megaplan económico para fortalecer la autonomía energética de la nación y el dólar como moneda rectora conforman el inédito proyecto político y económico del jefe de la Oficina Oval.
Se suma a lo anterior el control de las fronteras; el aumento histórico del presupuesto para el Pentágono (838.700 millones de dólares) y la mayor modernización del Ejército en la historia, junto a la activación de la industria estadounidense y la búsqueda de un incremento sustancial en el desarrollo tecnológico y el fortalecimiento del sistema financiero.
La seguridad nacional del país, la protección verdadera de la democracia estadounidense y la transparencia del sistema electoral, junto a la protección de los niños, el derecho constitucional de los padres sobre sus hijos y su educación -sin que medie el adoctrinamiento ideológico y sexual en las escuelas- junto a la recuperación de la destruida [clase media], regresaron a la Casa Blanca como prioridades e intereses nacionales.
Trump, su liderazgo conservador y su influencia no sólo han transformado el panorama político dentro de la nación a través de su enfrentamiento directo al llamado poder oculto antiamericano o “Estado Profundo” (un gobierno alternativo que opera en las sombras desde hace décadas), sino en el cambio hacia la derecha de casi todos los países del Hemisferio Occidental: El Salvador, Ecuador, Bolivia Costa Rica, Paraguay, Argentina, Perú, Colombia, Chile, Honduras, Panamá y República Dominicana.
El próximo debe ser Brasil, según la intención de voto que favorece con amplitud al hijo del expresidente Jair Bolsonaro, Flávio Bolsonaro.
Con acciones directas en Venezuela, la captura del narcodictador Nicolás Maduro, la guerra contra el régimen terrorista de Irán -para evitar la fabricación de un arma nuclear- y la presión constante sobre las dictaduras de Cuba y Nicaragüa, el gobierno en Washington ha retomado la política nacional y exterior que hicieron grande a EEUU.
Logros irrefutables
En un año y seis meses de mandato, el presidente ha firmado más de 200 órdenes ejecutivas, después de que su predecesor Joe Biden hiciera lo mismo, pero en reversa y con el único propósito central de demoler el trabajo y los resultados del líder republicano en su primer período presidencial. La administración Biden se dedicó a cumplir una agenta radical de izquierda en contra del conservadurismo.
El proyecto de ley más reciente, que espera su aprobación en el Congreso, es el SAVE Act (Salvar a América), una resolución de reformas elaborada para garantizar, entre otros asuntos, la transparencia y seguridad del sistema electoral; y por ende, la democracia.
La ley aprobada en el Congreso en Washington como columna vertebral de la plataforma del presidente Trump fue la One Big Beatiful Bill, que marca un giro histórico y rumbo del país hacia el fortalecimiento de los valores e intereses conservadores, tomando como punto de referencia particular la legendaria labor de Ronald Reagan y el de los padres fundadores de la Gran Nación.
Por otra parte, las decenas de órdenes ejecutivas para ratificar los valores conservadores de EEUU en contra de las falsas políticas de género e inclusión, el globalismo y el wokismo han marcado el segundo término de Trump. A diferencia del ala radical de izquierda, el gobierno republicano defiende la protección de la cultura estadounidense, su historia, las creencias religiosas, la propiedad privada y la pequeña empresa, el campo y la prosperidad tecnológica y económica del país.
Mientras, los demócratas, imbuidos en su posición reacia y extremista, han votado en el Congreso en contra del 98% de las propuestas republicanas y del presidente Donald J. Trump, en su política “America First” y “Make America Great Again”.
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FUENTE: Con información de AFP, EFE, The Wall Street Journal, Fox News, US. Today y New York Post