martes 24  de  marzo 2026
CONGRESO

El fin del cierre del gobierno, otra frustración para la extrema izquierda de EEUU

Esta vez, la parálisis presupuestaria creada otra vez por los demócratas en el Congreso apenas llegó al cuarto día. Los planes de la ultraizquierda fueron truncados, incluso por representantes demócratas

Por Leonardo Morales

El capitolio en Washington fue testigo de otra victoria de los republicanos y del presidente Donald J. Trump.

Los demócratas intentaban otro cierre ampliado de gobierno similar al que comenzó el 1ro de octubre y que duró 43 días. Esta vez, el llamado lapso en las asignaciones presupuestarias apenas llegó a 4 días.

Los dos de mayor extensión han sido durante el gobierno del presidente Donald J. Trump, cuando la extrema izquierda se opone a todo lo que dicte o beneficie el trabajo presidencial del líder republicano.

El anterior fue en su primer período (2017-2021) y duró 35 días.

Ninguno ha sido para favorecer al pueblo estadounidense, sino para entorpecer el trabajo del Presidente, un odio político visceral que comenzó desde el 2016 cuando Trump decidió postularse para la Casa Blanca.

Desde esa fecha, el antes empresario exitoso y caritativo aclamado por la izquierda debido a sus donaciones financieras en campañas políticas, se enfrenta a los intereses del viejo “establishment político” o el nombrado Estado Profundo, una élite que mueve los hilos del poder en las sombras de Washington, casi siempre en contra de las premisas conservadoras.

El costo

La decisión le ha costado a Trump una batalla que parecía no poder vencer.

A pesar de sus notables logros como presidente del país durante su primer período en la Casa Blanca, la izquierda radical arremetió contra él en una ofensiva de persecución y hostigamiento político sin precedentes, con decenas de cargos federales -casi todos inventados- para evitar que retomara la Casa Blanca, además de ser una amenaza viviente y real contra la corrupción y la impunidad de la extrema izquierda en Washington en los últimos años.

La visible intencionalidad política de las imputaciones, sin rigor legal por parte de fiscales y jueces activistas liberales, y a pesar de la potestad contitucional para tomar decisiones junto a su inmunidad presidencial en EEUU, hizo que se desmoronaran después de apelaciones y dictámenes de tribunales. También tras la aplastante victoria electoral en noviembre de 2024, un triunfo que no pudo evitar la élite demócrata a pesar de todas las opciones y métodos que aplicaron.

Tres intentos de asesinato en menos de un año completaron las intenciones para eliminar a Trump. En uno de ellos, a no ser por un ligero movimiento preciso de la cabeza en Butler, Pennsylvania, el tirador le hubiera volado los sesos. El autor fue muerto en la escena, pero después de accionar su arma varias veces lo que levantó diversas sospechas de un presunto complot político.

El miércoles 4 de enero, una jueza en Florida sentenció a cadena perpetua a Ryan Routh por intento de asesinato en 2024 a Trump en el campo de golf de su residencia en Mar-a-Lago, West Palm Beach, Florida. Ryan fue declarado culpable de cinco cargos federales. No llegó a consumar su ataque, gracias a un agente del Servicio Secreto que detectó el cañón del fusil de alto calibre entre la maleza y el lecho desde donde se iba a realizar el atentado.

La incitación al odio contra los conservadores y el presidente Trump impulsada por activistas, congresistas y los grandes medios de prensa de la ultraizquierda ha conducido a la extrema violencia política por parte de radicales “progresistas”. El ejemplo más revelador fue el asesinato del líder conservador, Charlie Kirk, el 10 de septiembre de 2025, en Utah Valley University. Las dos únicas armas de Charlie eran su palabra en el debate democrático y su convicción cristiana conservadora.

La muerte de dos activistas de la extrema izquierda a manos de agentes de la policía de Inmigración (ICE), Renée Nicole Good y Alex Pretti, le dieron el combustible que buscaban los demócratas en el Congreso para intentar otro extensivo cierre del presupuesto gubernamental.

El escándalo

Ahora, la excusa para el paro presupuestal fueron los fondos destinados al Departamento de Seguridad Nacional, que incluye a la policía federal de Inmigración (ICE).

Entre las peticiones de congresistas de la nueva izquierda en Washington figura que ningún agente federal pueda ejecutar un arresto en las calles sin una orden judicial, lo más absurdo e ilógico que se puede pedir en el cumplimiento de la ley.

Lo anterior se traduciría en que una persona pueda insultar, golpear, atacar o asesinar a un miembro federal sin poder ser arrestado hasta que no llegue una orden judicial. También piden reformas profundas en la agencia gubernamental.

No obstante, más de 20 legisladores demócratas se sumaron al voto de los republicanos en la Cámara de Representantes para aprobar el proyecto de ley presupuestaria que Trump firmó de manera inmediata en su escritorio de la Oficina Oval.

La decisión dejó aparcada para futuras negociaciones la exigencia de los demócratas de posibles cambios operativos dentro de ICE.

El proyecto de legislación fue aprobado en la Cámara Baja por 217 votos a favor y 214 en contra.

Por su parte, igual número de legisladores republicanos se opuso al proyecto de reforma de ICE, una estructura del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés).

El Senado hizo antes su labor y dio luz verde a un paquete de financiación para la mayoría de las agencias federales hasta septiembre, y acordaron negociar el presupuesto de ICE y su departamento en las próximas semanas.

El tema ICE surge tras la respuesta de los agentes federales a las protestas pagadas y organizadas con el objetivo de desviar la atención del gran escándalo de corrupción en Minnesota, que comenzó sobre los 1.000 millones de dólares y ya sobrepasa los 9.000 millones de dólares robados de más de 14 programas de ayuda con fondos federales para los niños y familias de bajos ingresos.

El dinero estafado terminó en grupos de delincuentes de refugiados somalíes que entraron al país durante el gobierno de Barack Hussein Obama. De acuerdo con medios de prensa conservadores y fuentes relacionadas de forma directa con la investigación en curso, gran parte del dinero salió en valijas por los aeropuertos de EEUU con destino a organizaciones terroristas asentadas en Somalia y en otros países.

También se desviaron hacia otros estados del país y en la compra de múltiples propiedades y objetos de lujo.

Descalabro de la izquierda y la "cortina de humo"

El FBI, el Departamento de Seguridad Nacional y el Departamento de Justicia realizan la pesquisa que salpica al gobernador de Minnesota y excandidato a la vicepresidencia de EEUU, Tim Walz, junto a la representante somalí en la Cámara Baja, Ilhan Omar.

Omar fue referida también a la Justicia bajo sugerencia de una investigación profunda de cómo en apenas un año su patrimonio de decenas de miles de dólares con su esposo pasó a más de $30 millones, a través de un viñedo y una bodega de vinos.

El objetivo de la extrema izquierda era entorpecer el presupuesto de la Agencia de Inmigración y Aduanas a modo de “cortina de humo” frente a varios acontecimientos que han hundido más la ya la maltrecha reputación y credibilidad del Partido Demócrata.

No sólo es Minnesota, sino también investigaciones en California, además de la cantidad de demócratas en la famosa "lista de Epstein".

Tras negarse y antes del comienzo de un proceso de desacato que los llevaría a prisión, el expresidente Bill Clinton y su esposa, la exsecretaria de Estado, Hillary Clinton, aceptaron testificar a finales de febrero en el Congreso de EEUU.

Ambos responderán sobre sus lazos directos con el delincuente sexual Jeffrey Epstein, anunció el comité que investiga el caso, que había amenazado a la pareja con acciones legales si no acudía a testificar.

El expresidente demócrata (1993-2001) declarará el 27 de febrero, mientras que Hillary, exjefa de la diplomacia estadounidense (2009-2013), también demócrata, lo hará un día antes, el 26 de febrero, informó el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes.

El comité desea escuchar el testimonio de Bill Clinton por sus vínculos estrechos de amistad con el delincuente sexual, y a Hillary Clinton por lo que sabe de esos lazos entre su esposo y el financista, quien se "suicidó" en prisión en 2019, antes de ser juzgado por explotación sexual de menores.

"Nadie está por encima de la ley, y eso incluye a los Clinton", declaró el presidente republicano del panel, James Comer, en un comunicado.

Por otra parte, el senador republicano John Neely Kennedy pidió ante el Senado que el expresidente Barack Hussein Obama devuelva 120 millones de dólares, adquiridos en propiedades y negocios vinculados al seguro de salud Obamacare. Se desconoce si el exmandatario respondió o si Kennedy envió el caso al Departamento de Justicia.

La aceptación al trabajo del Partido Demócrata, de acuerdo con varias encuestas recientes, se encuentra como promedio por debajo del 22%, mientras los votantes de Trump le otorgan un respaldo del 92% a su gestión presidencial.

De acuerdo con un sondeo de CNN, el 83% de los estadounidenses apoya la propuesta de transparencia electoral, que incluye la norma obligatoria de identificación de ciudadanía en todos los estados del país para ejercer el voto en las elecciones legislativas de noviembre de este año.

La extrema izquierda en Washington lleva cuatro intentos fallidos en el Senado para frenar las acciones directas y militares contra el régimen represor y asesino de Venezuela, donde el famoso “Helicoide” es la representación exacta del terrorismo de estado que se implantó en ese país desde la era de Hugo Chávez y con la supervisión directa de la dictadura cubana.

Cuba y Venezuela

Durante una audiencia ante el Senado, el secretario de Estado, Marco Rubio, fue bombardeado por varios senadores de extrema izquierda que le pidieron “su compromiso de que EEUU no intervendría militarmente en Cuba”.

La respuesta del jefe de la diplomacia estadounidense y de ascendencia cubana fue tajante: “Me encantaría que en Cuba haya un cambio y que deje de existir un régimen como el que está hoy. La Constitución estadounidense establece condiciones que no descartan las medidas de fuerza en caso necesario para garantizar la seguridad nacional de EEUU”.

En su respuesta, Rubio puso de relieve que el gobierno del presidente Donald Trump [no descarta ninguna opción] cuando se trata de regímenes dictatoriales como los de Venezuela, Cuba y Nicaragua.

Es decir, los congresistas demócratas están [muy preocupados] de que Washington elimine las dictaduras en el Hemisferio Occidental, algo que ellos mismos han “pedido”, pero como [demagogia política].

Ahora, el tema Venezuela y Cuba son un nuevo punto de debates en el Congreso.

La administración Obama (2009-2017) y la de Biden (la extensión del primero) lo que sí hicieron fue darle oxígeno a las tres dictaduras, mientras que comunicados con efecto real cero sostuvieron la carpa del circo de los dos Presidentes respecto a esas tiranías.

Obama fue más lejos, visitó La Habana, paseó con los miembros del régimen, cenó en paladares, acudió a la televisión y se sentó muy sonriente y alegre al lado de Raúl Castro en un juego de béisbol, la confirmación de plena complicidad. Dijo además que la política de embargo de EEUU no había funcionado en más de cinco décadas y que el diálogo era la vía para una solución pacífica. A petición de la dinastía castrista, Obama eliminó la ley Pies Secos, Pies Mojados a sólo días de salir de la Casa Blanca.

La legislación permitía a refugiados cubanos que escapaban de la isla, si pisaban territorio de EEUU, el beneficio de un “parole” renovable de entrada al país con permiso de trabajo y derecho a licencia de conducir hasta el año y un día, en el que los cubanos se acogían a la Ley de Ajuste Cubano que les otorga el derecho a la residencia permanente y luego a la ciudadanía estadounidense.

A sólo horas de dejar la Habana, la dictadura fustigó a Obama y dijo que “EEUU no tenía moral y ni potestad para dictar o siquiera sugerir correcciones del rumbo de la política en Cuba”. Nada cambió tras la visita y el amigable diálogo de Obama con el régimen.

En julio el 2021, gran parte del pueblo se lanzó a las calles en varias provincias. Pedían un cambio y libertad; se enfrentaron a la policía y a los agentes de la seguridad del Estados, pero camiones del ejército finalmente tomaron el control en las calles. De manera inmediata vino la gran represión y el ajuste de cuentas a los manifestantes. Los sacaron de sus casas, los torturaron y les hicieron juicios “sumarísimos o ejemplarizantes” en menos de 24 horas, con sentencias de cárcel de entre 10 y 25 años de cárcel.

Y a partir de esa rebelión, la dictadura incrementó la persecución, el hostigamiento, los arrestos y la represión.

La brecha demócrata

Con una orden de emergencia respecto a Cuba en la Casa Blanca, Trump comenzó un bloqueo petrolero a la isla y la imposición de aranceles a países que intenten enviar combustible al desgobierno de La Habana.

Los republicanos insisten en que la Casa Blanca necesita la cooperación bipartidista en un momento crucial de la historia del país y la región; en los beneficios que ofrece la plataforma económica y política de Trump “America First” y “Make America Great Again”. Pero resulta muy difícil cuando el rumbo que ha tomado el Partido Demócrata es opuesto al desarrollo, la cooperación y la mínima cuota de unidad nacional y política.

Los cuatro años de Joe Biden demostraron que la extrema izquierda no quiere orden ni constitucionalidad, sino caos, inseguridad, crisis y destrucción.

Al parecer, los conservadores han sumado de forma parcial algunas voces dentro del Partido Demócrata, conscientes del desatino de continuar con una agenda radical “progresista”.

Lo irónico es que mientras el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, intenta ganar votos dentro de la izquierda, un grupo de republicanos se levanta contra la cohesión del partido y se distancia al pedir más enfrentamiento y firmeza ante exigencias calificadas de “absurdas” del bando azul.

Durante el cierre de 43 días, Johnson también convenció a una decena de demócratas que se unieran a los republicanos para terminar con el histórico cierre parcial en Washington, una señal de que existe un grupo dentro de la agenda extremista que está dispuesto -o al menos vulnerable en algunos temas- a dar un paso a un lado frente al “secuestro del radicalismo”.

Trump también hizo su parte y declaró horas antes de la votación en el hemiciclo: "Debemos reabrir el Gobierno y espero que republicanos y demócratas se unan para apoyar esta ley".

Por lo que se observa, la única opción para la mayoría demócrata y su agenda extremista es continuar resistiéndose a todo lo que hagan o propongan los republicanos, en especial Trump, mucho más ahora en un año electoral, cuando un partido desligado de la realidad y las necesitades de los estadounidenses -y hundido en la falta de respaldo popular- intenta cumplir con sus políticas destructivas a toda costa, sin liderazgo, sin credibilidad y sin responsabilidad nacional.

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FUENTE: Con información de AFP, The New York Times, The Epoch Times, Fox News, New York Post, entre otras fuentes.

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