El 30 de mayo fue declarado "culpable" de 34 cargos por supuesta “falsificación” de registros comerciales en un tribunal de Nueva York, la plaza mayor de la izquierda “progresista” o “socialista” del país.
A medida que avanzaban los procesos penales en su contra y lo obligaban a desembolsar cientos de millones de dólares en su defensa, Trump demostraba más ímpetu y fuerza moral para regresar a la Presidencia. Sus mayores armas: la resistencia, tenacidad, firmeza, su pasión por defender el destino de Estados Unidos y el sólido respaldo del Movimiento MAGA (decenas de millones de estadounidenses decididos a cambiar el rumbo político de EEUU), que estaba siendo atacado por tendencias extremistas antiamericanas y antioccidentales como el wokismo, islamismo, globalismo y progresismo (socialismo).
A todas luces, parecía un camino sin salida. Muchos claudicaron y perdieron la fe en una transformación necesaria por parte de los republicanos, otros se enfrentaron a campañas mediáticas y se enfrascaron en una guerra interna mediática en redes sociales y otros medios para despertar a la mayoría de la población conservadora americana y motivarla a enfrentarse al plan en marcha para desarticular las bases fundacionales de la nación.
Decenas de personas fueron procesadas y sentenciadas a prisión por las manifestaciones del 6 de enero, tergiversadas e incitadas a la violencia por parte de grupos radicales de izquierda infiltrados entre los conservadores que exigían transparencia electoral.
La prioridad era el freno, frenar el tsunami de ataques a la democracia y a la sociedad civil tradicional estadounidense: desde el derecho de los padres a decidir en la educación de sus hijos hasta la defensa de la democracia, los valores fundamentales, las libertades individuales reseñadas en la Constitución del país y la seguridad nacional, con fronteras abiertas y millones de ilegales entrando al territorio estadounidense, entre ellos decenas de miles de terroristas, criminales y enemigos de EEUU.
El gran giro
Todo transcurría bajo la férrea censura en redes sociales a la oposición conservadora, donde el aún Presidente en funciones fue aniquilado verbalmente mediante el cierre de sus cuentas en Twitter, YouTube, Facebook y otras plataformas, entre las denuncias de fraude masivo electoral en 2020 y 80 distritos judiciales en manos de activistas financiados por una cúpula de poder “progresista” como el magnate, George Soros, y su fundación Open Society Foundations (una amplia red de acción política y de recaudación de fondos mediante entidades y organizaciones no gubernamentales). Todos trabajando al unísono para denegar acusaciones, pruebas y demandas, mientras avanzaba de forma acelerada el impacto destructivo del wokismo, el progresismo y el globalismo, tendencias que respondían a la famosa “Agenda 2030”.
Lo que ocurrió después es historia. El gran giro sucedió en noviembre de 2024, cuando Trump y los republicanos arrasaron en las elecciones presidenciales. El 20 de enero de 2025, el líder republicano se alzó como el mandatario #47 al frente de la Gran Nación y prometió una “América más americana, más fuerte, más conservadora y más respetada que nunca”.
Los demócratas se vieron aplastados, pero tampoco claudicaron; ni siquiera reflexionaron sobre las causas de su fracaso. Desde el primer día del presidente Trump en la Oficina Oval y sus decenas de órdenes ejecutivas, como hizo también Joe Biden, comenzaron los frenos judiciales de los mismos jueces activistas de la izquierda radical, en la mayoría de los casos. Ahora el destino de EEUU giraba en sentido contrario, o el sentido real, histórico y tradicional, mientras los demócratas obstaculizaban cada paso, medidas y planes del nuevo jefe de la Casa Blanca, hasta que la Corte Suprema de Justicia dictaminó sobre los poderes constitucionales del Presidente y de los tribunales inferiores sin jurisdicción.
Las derrotas y escándalos de corrupción y malversación de fondos por parte de agencias dirigidas por los demócratas en los últimos años y en estados gobernados por la extrema izquierda como en Minnesota, Nueva York y California, abrió paso a otro campo de batalla: los llamados mapas electorales.
Después de reformar el mapa de California, los demócratas pensaron en una ofensiva emergente con otros estados como Virginia y Lousiana. El plan era proseguir con la estrategia para intentar arrebatar el control en alguna de las dos Cámaras del Congreso mediante el incremento de escaños demócratas, utilizando el tema racial que exacerbó Barack Obama durante su Presidencia para fomentar la división social. Este fue uno de sus objetivos centrales en su mandato.
Por su parte, Trump y los republicanos, ante la impunidad de irregularidades en 2020, se adelantaron a contrarrestar otras trampas de la izquierda y llamaron a la redistribución representativa de distritos electorales en Texas, Florida Tennessee, Alabama, Missouri, Colorado, Georgia y otros.
Primero fue la Corte Suprema de Justicia de EEUU que dictaminó sobre el cambio radical propuesto en Lousiana por los demócratas.
"Debido a que la Ley de Derechos Electorales no requería que Louisiana creara un distrito adicional de mayoría minoritaria, ningún interés apremiante justificó el uso de la raza por parte del estado al crear el (mapa)", indicó en su sentencia la Máxima Instancia judicial.
El dictamen
Con este fallo, la Corte Suprema determinó que el tema racial no puede regir los cambios de distritos electorales en los estados del país, al entender que la Ley de Derechos Electorales no exige que los estados creen distritos basados en este indicador.
A seis meses de las elecciones legislativas de mitad de mandato previstas para noviembre en Estados Unidos y la redistribución de distritos que adelantan varios estados, el dictamen podría ampliar la mayoría republicana en la Cámara de Representantes en alrededor de una veintena de escaños.
Luego vino la sentencia en Virginia, donde los demócratas realizaron un referendo para transformar la distribución de 6 escaños azules contra 5 rojos en 10-1, favorable a la izquierda.
El Tribunal Supremo de Virginia anuló el mapa electoral que redistribuía los distritos en ese estado y favorecía los intereses del Partido Demócrata, de cara a las elecciones de medio mandato el próximo noviembre.
El presidente Trump celebró la decisión judicial como "una enorme victoria" para los republicanos.
El dictamen representó otro duro revés para los intereses demócratas al invalidar el referéndum celebrado en abril en Virginia.
El juez de Virginia D. Arthur Kelsey, en nombre de la mayoría, afirmó que los demócratas "solicitaron una enmienda constitucional a los votantes de una manera sin precedentes" que [violó la ley estatal].
Con esta lista de fracasos, escándalos y tropiezos, los demócratas se ponen contra las cuerdas a pocos meses de las legislativas.
Pero ahí no queda todo, los republicanos acaban de contradecir en las urnas durante las primarias celebradas hasta ahora lo que medios liberales de prensa afirman con el objetivo de manipular y crear estados de opinión falsos acerca de que Trump ha "perdido gran respaldo dentro de los conservadores" con la guerra en Irán y el aumento de la inflación.
Fuerza MAGA
En las últimas 26 elecciones primarias republicanas, ganaron los 26 candidatos respaldados por el presidente Trump y abanderados de MAGA (Make America Great Again), un indicio importante de que la base conservadora que eligió al Presidente se [mantiene invariable] junto a sus políticas y acciones.
Ya se han celebrado primarias en Ohio, Illinois, Mississippi, Indiana, West Virginia, Michigan, Nebraska, Texas, Indiana y Carolina del Norte. El factor común: todos los que se opusieron a medidas y proyectos de ley del jefe de la Casa Blanca, fueron eliminados como candidatos por los electores.
El mensaje de los votantes republicanos ha sido bien claro para quienes dentro del partido intentan [formar una quinta columna].
Así sucedió en West Virginia, Nebraska, Ohio, Indiana, Michigan y Texas, con la misma tendencia y muchas expectativas en California para el 2 de junio, donde Steve Hilton -respaldado por Trump- marcha delante de las encuestas como favorito para ganar la gobernación en el mayor y más importante cuartel demócrata de EEUU.
Hilton aprovecha la renuncia forzada de su escaño en la Cámara de Representantes en Washington y de su campaña electoral del gran favorito y promesa demócrata, Eric Swalwell, acusado de violación sexual y acoso a varias mujeres.
Una encuesta de Survey USA, hecha entre el 28 de abril y el 1ro de mayo, pone a Hilton al frente con el 20%, el multimillonario Tom Steyer (18%), el sheriff de Riverside, Chad Bianco, también republicano (12%), Xavier Becerra (10%), la excongresista Katie Porter 8%, el alcalde de San José Matt Mahan (7%) y el ex alcalde de Los Ángeles Antonio Villaraigosa (5%).
Entre los triunfos destacados de las primarias republicanos realizadas hasta ahora, se encuentra el gran aliado de Trump, el empresario de tecnología Vivek Ramaswamy, que compite por la gobernación de Ohio en noviembre, en un estado que los demócratas consideran estratégico para restar escaños republicanos. Sin embargo, hasta ahora, la tendencia no corrobora esas intenciones.
Los próximos estados que tendrán elecciones primarias son: Lousiana (16 de mayo); el 19 de mayo habrá actividad electoral en Alabama, Georgia, Idaho, Kentucky, Oregon y Pennsylvania, mientras que el 2 de junio le sigue California, Iowa, Montana, Nueva Jersey, Nuevo México y Dakota del Sur.
La correlación de escaños en el Congreso favorece al control de los republicanos en ambas Cámaras. En la Cámara de Representantes (Baja) de 435 puestos, 220 son republicanos y 213 demócratas, mientras que en el Senado (Alta) el Partido Republicano cuenta con 53 asientos contra 45 de los demócratas.
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FUENTE: Con información de AFP, EFE, The Epoch Times, New York Post, Daily News.