domingo 22  de  febrero 2026
PODER MUNDIAL

¿Puede China arrebatar la supremacía de EEUU?

El férreo control del régimen comunista sobre el poderoso sector empresarial de China es hoy uno de los graves problemas para Xi Jinping
Por Leonardo Morales

PEKIN- El presidente chino, Xi Jinping, salió reforzado del congreso del Partido Comunista, consiguiendo un tercer mandato consecutivo al frente del gigante asiático. Sin embargo, los obstáculos se multiplican en la era moderna para un sistema totalitario, medianamente abierto con el único propósito de insertarse en el mundo occidental.

Tras décadas de crecimiento sostenido, el régimen comunista de China se enfrenta a una profunda desaceleración, acentuada por la inflexible política "Cero COVID" de Jinping, que conlleva confinamientos recurrentes y penaliza la actividad industrial.

Esto es lo que dicen los cables de prensa, pero la realidad es mucho más profunda. Las grandes contradicciones dentro de un régimen socialista con un Partido Comunista único creado en el centralismo y control, resurgen con fuerza en los últimos años en una [economía readaptada] para la competencia occidental.

Las mieles de Occidente

La actual política del régimen de China ha impuesto un freno mundial a muchas economías. La intención es [reducir el impacto de la ralentización que sufre el gigante asiático] en varios sectores. Pekín es hoy la fábrica del planeta y de ella dependen cientos de economías, entre ellas las grandes potencias, pero a su vez el gigante asiático se debe al consumo internacional, sobre todo el de Estados Unidos. Más del 30% de las producciones chinas terminan en Norteamérica.

La imagen de fuerza que Xi Jinping quiere dar al mundo se ve truncada internamente por [el avance de dos corrientes principales] dentro de un mismo país. La primera corresponde al poderoso sector empresarial que da síntomas de querer distanciarse de la política de mano dura del gobierno; la segunda, son los funcionarios y el ejército fieles al poder político del Partido. Ese mismo sector de empresarios llevó al Partido Comunista a la cima internacional, cuando apenas cuatro décadas atrás se encontraba marginado frente a la aceptación internacional por sus rígidas bases ideológicas.

EEUU abrió las puertas a China directamente al capitalismo occidental, tras la histórica visita del presidente Richard Nixon en 1972 con el consentimiento de cierta apertura económica y política, bajo el control de un mismo régimen e ideología. No cualquier régimen, sino el de Mao Zedong.

Con desintegración de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) y del campo socialista de Europa del Este, China comenzó una veloz carrera para convertirse en la segunda potencia del mundo. En las últimas dos décadas, el desarrollo económico de Pekín ha sido vertiginoso, gracias en gran parte al consumo y respaldo de EEUU.

El Partido Comunista admitió que para lograr sus objetivos tenía que incentivar la inversión extranjera, en particular con la tecnología estadounidense y ofreció grandes beneficios que aprovecharon las grandes empresas norteamericanas, en un éxodo sin precedentes en la historia del país. Al cabo de los años, la influencia occidental se arraigó en el gigante asiático mediante empresas emblemáticas como Coca-Cola, Pepsi, Walmart, Apple, McDonald’s, Alphabet, Ford, General Motors, entre muchas otras.

Hoy, las grandes compañías asiáticas no quieren perder las probadas ventajas y ganancias que les ha entregado la competencia mundial y los mercados bursátiles; y de cierta manera, han comenzado a enfrentarse al estricto control gubernamental que les afecta directamente en su expansión EEUU y Europa.

El gobierno de Biden amplió a 59 la cantidad de grandes empresas chinas que no pueden recibir inversiones estadounidenses, una lista creada por el expresidente Donald Trump que incluyó en un principio a más de 30 transnacionales pekinesas, entre ellas Huawei, China Telecom, el gigante petrolero CNOOC y China Mobile.

Todos estos contratiempos se añaden a las causas que ya mermaban la economía asiática: consumo débil, crisis inmobiliaria y restricciones a los lucrativos sectores de la tecnología y del refuerzo escolar.

"No fue Xi Jinping quien creó estos problemas económicos", matiza Mary-Françoise Renard, profesora de la universidad francesa Clermont-Auvergne y especialista en economía china.

"Sin embargo, su manera de actuar los agravó, porque ha generado gran incertidumbre y freno económico".

El saneamiento interno

La decisión de Xi Jinping de rodearse exclusivamente de fieles para su tercer mandato hace temer que favorezca la ideología y busque curas drásticas para sus problemas internos a costa del crecimiento económico.

Para el Partido Comunista Chino, [mantener el control es su máxima prioridad], amén de que eso implique un debilitamiento económico. Y este es el punto en el que los empresarios chinos han comenzado a disentir.

Otro obstáculo: muchos empresarios "ya no dan empleo a quienes tienen más de 35 años", constata amargamente Fiona Shi, que se declara "realmente preocupada" y quien ha perdido tres veces su trabajo por las medidas del gobierno.

Además, a causa de las medidas anticovid que pueden cambiar de un día para otro, las empresas tienen escasa visibilidad respecto al futuro.

En abril de este año, el régimen aplicó un confinamiento durante dos meses de la capital económica Shanghai, con repercusiones desastrosas para la actividad y el empleo.

Por tales razones, China se ha convertido en un impredecible sistema económico para los mercados mundiales junto al abastecimiento de productos y materias primas. No pocas empresas han abandonado ya los beneficios que les ofrecía el gobierno por sus inversiones dentro del país y [se han marchado al exterior] o han puesto sus principales metas fuera del gigante asiático.

La Bolsa de Hong Kong cerró el lunes 24 de octubre con una pérdida de más del 6%.

Jinping decidido a la anexión de Taiwán

"La reunificación de la patria debe realizarse y se realizará", recalcó Xi Jinping en el congreso del Partido Comunista de China.

Los analistas consideran que el refuerzo de Xi Jinping al término del mayor evento político de China lo alienta a resolver el controversial tema sobre la independencia de Taiwán.

Pekín considera que la isla de 23 millones de habitantes es parte de su territorio, a pesar de que Taiwán dispone desde hace siete décadas de gobierno y ejército propios.

La invasión china de Taiwán perturbaría aún más las cadenas de suministro en el mundo, después de lo ocurrido con la pandemia de COVID-19. La isla es el principal fabricante mundial de semiconductores, compuestos indispensables para casi todos los aparatos electrónicos e industrias en el mundo.

China, con toda intención o no, permitió en los últimos 10 años que Taiwán se convirtiera en su patio en uno de los centros de producción más importantes del planeta, pero no está dispuesta a dejar las cosas como están. El régimen comunista busca hacerse con la tecnología e infraestructura de Taiwán para ponerla a su disposición y a plena capacidad, otra de las estrategias sucias del régimen comunista.

Una intervención militar provocaría la indignación de los occidentales, aislaría a China y acercaría como nunca antes a Pekín y a Washington a un enfrentamiento armado directo. Eso es lo que piensan los analistas, pero en realidad China finalmente arreglará el asunto a su forma e intentará llevarse la mejor parte bajo un gobierno demócrata en Washington que ha revelado muchas debilidades.

Décadas atrás, EEUU podía aislar a China fácilmente debido a su gran dependencia del mundo occidental, hoy -aunque esa dependencia continúa- es mucho más difícil subyugarla en un mundo globalizado e interconectado.

Un cierre a China significa poner en [crisis a tres cuartas partes del mundo]. Pekín es hoy un eje central de suministros del globo terráqueo.

Esto ha puesto al régimen de Pekín en una ventaja sumamente singular como para que EEUU pueda ponerlo de rodillas.

Las tensiones que rodean la isla de Taiwán se agravaron entre China y Estados Unidos desde la visita en agosto de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi.

Ji Xinping organizó entonces sus mayores ejercicios militares en respuesta, considerándolo como un ataque a su soberanía.

La política de Cero COVID, una estrategia geopolítica de China

Esta estrategia supuestamente sanitaria permitió a China mantener el número de víctimas bajo las 5.000 muertes diarias, según las cifras oficiales.

Pero es fuertemente criticada por el sector empresarial debido a los confinamientos que afectan a la economía.

Casi tres años después de la propagación del COVID-19 en Wuhan (centro), una parte cada vez mayor de la población está exasperada por estas medidas sanitarias que suelen ser aplicadas con gran rigor, como dictadura al fin.

"Ponemos a la gente y sus vidas por delante de todo", insistió durante el congreso Xi Jinping, dejando poca esperanza de cambio a medio plazo.

"No se espera ninguna relajación significativa antes de 2024", consideró el lunes el analista Julian Evans-Pritchard, del gabinete Capital Economics.

Casi sin dudas, ha sido una [estrategia geopolítica] para debilitar la economía mundial, mientras China fortalece su infraestructura y trata de solidificar su poder económico con reformas internas a mediano y largo plazo.

Jinping se dio cuenta de los problemas de fondo de una economía socialista convertida en occidental, donde han surgido importantes contradicciones internas que Pekín quiere solucionar antes de seguir su avance. De ahí que busca tiempo para reorganizarse y sellar los vacíos que la afectarían de forma más pronunciada en los próximos años. Es decir, China rectifica sus errores para continuar luego su política de expansión.

Derechos humanos, un problema cada vez mayor en China

Diez años después de la llegada al poder de Xi Jinping, la sociedad civil desapareció casi por completo, la oposición fue asfixiada y decenas de activistas están en prisión.

Pekín está acusada de haber internado en "campos" a por lo menos un millón de personas en Xinjiang (noroeste), principalmente de la minoría musulmana uigur.

Algunos estudios occidentales mencionan también "trabajo forzado" en Xinjiang y un "genocidio" como resultado de esterilizaciones y abortos presentados como "forzados".

China niega todas estas acusaciones pese a un informe de la ONU que las considera "creíbles".

La situación en materia de derechos humanos tiene pocas posibilidades de mejorar durante el tercer mandato de Xi Jinping.

Al contrario, de seguro "intensificará sus ataques" en este ámbito no sólo en otras partes del país, sino también "en el mundo", afirmó Sophie Richardson, directora de la organización Human Rights Watch (HRW) por China.

Este podría ser el Talón de Aquiles del régimen. China suavizó su mano de hierro y totalitarismo para ofrecer una imagen humanitaria frente a la tradicional y férrea dictadura comunista para entrar en la competencia occidental. Ese supuesto cambio les ha traído serias consecuencias.

Cientos de millones de ciudadanos chinos, empresarios y multimillonarios probaron la miel occidental de un mundo libre y democrático, a diferencia de un régimen totalitario y restrictivo de las libertades individuales de sus ciudadanos y sus tendencias políticas. Este es apenas uno de los grandes retos que enfrenta ahora Xi Jinping, frente a lo que podría convertirse en un estallido social por la presión contenida durante años bajo un sistema hermético y represor.

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FUENTE: Con información de AFP

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