MIAMI.– Aunque lo prometido por Donald Trump en materia de aranceles aduaneros no pasa de imponer 5% a las mercancías importadas, en especial desde China, hay fuentes que anticipan que su equipo de transición está barajando la posibilidad de duplicar la cifra, lo cual, de ser cierto, tendría un impacto negativo en la economía estadounidense.
Durante la campaña presidencial, Trump fue muy crítico de las relaciones comerciales con China, que calificó de desiguales, con la fuga de puestos de trabajo hacia paraísos laborales, sea al sur del Río Grande o al sureste asiático, y se mostró especialmente incisivo en la revisión de las tarifas arancelarias aplicadas a las mercancías importadas que Estados Unidos sería capaz de producirlas.
En el caso de que las mercancías importadas fueran consecuencia de la fuga de puestos laborales, Trump insistió en que estaba contemplando un arancel del 35%. A otros dijo que sería 5%, un decisión que busca enfrentar el desequilibrio de la balanza comercial con China, cuyo Gobierno es acusado por Trump de manipular las tasas de cambio monetarias a su favor, lo cual, en la opinión del presidente electo, coloca a la industria de Estados Unidos en una situación de desventaja.
Pero ahora, según confirmaron tres fuentes del entorno del presidente electo, la idea es que el arancel sea del 10% y China el principal perjudicado.
Estados Unidos exporta a China anualmente 134.000 millones de dólares en mercancías, o sea, el 2,7% del total de sus exportaciones. En contrapartida, EEUU importa del gigante asiático 432.000 millones de dólares en productos, el 21,8% del total de todas sus exportaciones. La mayor tajada de su comercio exterior.
Es este desequilibrio que el presidente electo quiere invertir o, por lo menos, equilibrar, la aplicación de un nuevo arancel del 10% sería una solución aunque a expensas del aumento de los precios al consumidor.
“El aumento de un arancel no regresa necesariamente a casa un puesto de trabajo que haya ido al exterior. Pero sí puede tener una gran influencia en el bolsillo del público”, señaló James M. Watson, analista de economía mundial del Brookings Institute, un centro de análisis de Washington DC.
Según la Cámara de Comercio Estados Unidos-China, un hogar promedio estadounidense posee más del 60% de mercancías hechas en China, o con componentes fabricados en el gigante asiático, desde el vestuario, los electrodomésticos, televisores y aparatos de sonido hasta computadoras, utensilios de cocina, muebles, decoraciones de Navidad, libros impresos y, posiblemente, la bandera nacional estadounidense que ondea en el portal de las casas haya siso hecha al otro lado del Océano Pacífico.
“Si de repente estas importaciones sufren un aumento en los aranceles, los consumidores van a terminar por pagarlo porque el importador y el intermediario pasarán esos costos al final de la cadena. Y eso termina por reflejarse en la economía por no estimula el consumo”, estimó Watson.
El presidente dispone de varios mecanismos para aumentar los aranceles. La ley lo autorizada a firmar una orden ejecutiva siempre que crea que el mercado interno se encuentra en peligro, el empleo amenazado y esas importaciones puedan ser sustituidas por productos nacionales. La filosofía es desincentivar las importaciones, algo que fue el caballo de batalla de Trump durante la campaña.
El Gobierno de Beijing sabee que un cambio en las relaciones mercantiles tendrá un impacto acentuado. “La nueva administración debe tener en mente que debe mantener los lazos económicos y el comercio entre los dos países como están ahora, porque cualquier movimiento para perjudicar esta relación solo representará una pérdida para ambos lados”, señaló el editorial del oficialista diario China Daily.
Los chinos no se hacen ilusiones. Especialmente después de que el presidente electo nombró a Peter Navarro presidente del Concejo Comercial de la Casa Blanca, un nuevo organismo creado por el equipo de transición.
Navarro es un académico y escritor, conocido por su ‘línea dura’ hacia Beijing. Y el China Daily lo ha registrado. “El hecho de que gente como Navarro, que tienen una posición declarada contra China, forman parte de están siendo escogidos para estos puestos, no debe ser motivo de risas”, resaltó el editorial.
Sin embargo, aunque no necesita un permiso del Congreso, la aspiración del equipo de Trump de lograr el 10% sobre los aranceles chinos, parece estar calando entre los legisladores de la Cámara Baja.
Según dijo un miembro del entorno de Trump a la cadena CNN, el equipo de transición ha logrado encontrar “un terreno común” con el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, y el líder del Comité de Medios y Arbitrios, Kevin Brady.