MIAMI – A un mes de las elecciones presidenciales, el mundo de Donald Trump se le está viniendo encima. La generalidad de la prensa nacional ha manifestado el apoyo a su contendiente demócrata, la exsecretaria de Estado Hillary Clinton. Periódicos y canales de televisión han sacado a relucir sus cuestionables estilos de negocios, el impago de impuestos, opiniones sexistas y, sobre todo, el planteamiento de ideas a seguir en una eventual administración republicana pero sin secundarlas con un plan claro de cómo implementarlas.
El caso más emblemático y extraordinario fue la decisión de los editorialistas del diario USA Today de informar a sus lectores que el candidato republicano se encuentra ‘inhabilitado’ para ejercer la presidencia. Aunque el rotativo no apoyó directamente a Clinton, fue la primera vez en toda su historia que se manifestó sobre un candidato presidencial. Hasta la semana pasada, USA Today siempre se mantuvo neutro en todo proceso electoral.
Le sigue la investigación que llevó a cabo The New York Times, que sacó a relucir que, gracias a una poco conocida exención tributaria, durante 18 años, Donald Trump no ingresó un solo centavo en pagos tributarios por concepto de ganancias personales. Todo ello se debe a que en 1995 declaró pérdidas por 950 millones de dólares con lo cual pretendió, acorde a la ley, recuperar esas pérdidas no tributando durante largo tiempo.
No es prohibido, pero para un candidato que se vanagloria de ser ‘inteligente’ por no pagar impuestos, en una sociedad donde la clase media vive ahogada por los requisitos del Servicio de Rentas Internas (IRS), la postura suena para muchos como una burla, teniendo en cuenta además que su base social de apoyo asienta en una clase media rural que año tras año ha visto disminuir los subsidios agrícolas y las exenciones tributarias.
El magnate inmobiliario suele defenderse acusando a los medios de comunicación de sacar fuera de contexto sus actos y de favorecer a su rival demócrata. Un caso claro es su postura sobre los veteranos de guerra, un tema muy sensible en la sociedad estadounidense y al cual Trump dice que presta suma atención. Aparentemente a su manera y es eso lo que la prensa en general le saca en cara.
El magnate inició su campaña criticando al senador John McCain a quien prácticamente acusó de ser un ‘malo’ veterano porque cayó prisionero de las fuerzas vietnamitas durante la guerra de Indochina el siglo pasado. Trump obvia que siendo el padre de McCain en ese entonces un importante almirante de la Armada, los vietnamitas propusieron enviar de regreso a casa a su hijo sin condiciones y John McCain decidió no dejar atrás a sus compañeros. Fue, de hecho, uno de los dos últimos prisioneros en abandonar el ‘Hanoi Hilton’.
El lunes, mientras la campaña de Clinton sacó a relucir un anuncio de televisión criticando a Trump por sus críticas a los veteranos, el candidato republicano volvió a hacer de las suyas al desestimar la importancia de las consecuencias de una guerra en los veteranos como el Síndrome Post Traumático. “Cuando se habla de sanidad mental, cuando la gente regresa de la guerra y los combates, y han visto cosas que, probablemente, muchos de ustedes en esta sala han visto, y sois fuertes y lo pueden enfrentar, hay muchos otros que no lo pueden”, dijo Trump.
La reacción no se hizo esperar. La prensa de inmediato resaltó que el candidato republicano dijo que los veteranos que sufren de Síndrome Post Traumático no son suficientemente ‘fuertes’ y que ese concepto suyo es precisamente la génesis de la enfermedad. Señalarlo es una forma de disminuir a los veteranos.
Cuando lanzó su campaña, Trump tuvo de inmediato la atención de los medios de comunicación. En los primeros seis meses no hubo prácticamente un discurso suyo que no fuera transmitido en vivo por la cadena CNN. Pero fue una época en que el magnate constituyó una novedad pero era un candidato en medio de otros trece y se creía, en esa altura, que sus posibilidades eran nulas. Pero ganó la nominación republicana y, como era de esperar, cambiaron las reglas del juego. “Las investigaciones (del pasado de Trump) comienzan porque él es uno de los dos candidatos. La prensa se lanzó a su pasado porque eso es lo que se hace”, ha explicado el sitio electrónico Politico.
Lo que sucedió es que Trump a lo largo de su vida profesional siempre vendió la imagen de un empresario correcto, de éxito, con cinco biografías autorizadas publicadas y que se caracterizaron por el encubrimiento de la realidad de su entorno, ha recordado Politico.
Ahora, al profundizarse en las investigaciones, la verdad comenzó a salir a flote y las declaraciones públicas del candidato republicano no han ayudado. En el sur de Florida, la que más impacto tuvo fue la investigación de la revista Newsweek que reveló un aparente estudio de inversiones en Cuba en un momento en que el embargo comercial estadounidenses prohibía ese tipo de gestiones. El asunto se agravó porque en esa época, 1999, el empresario se encontraba en Miami cortejando a la Fundación Nacional Cubano Americana para que apoyara su postulación a la presidencia por el partido de la Reforma. Trump insiste que nunca tuvo ningún interés en la isla, pero lo cierto es que consultados al respeto para la investigación, los portavoces de su campaña no lo desmintieron. De hecho, Newsweek compartió con otros medios de comunicación un recibo de gastos enviado a la empresa de Trump, por una firma de consultaría, con los gastos de los analistas a su servicio efectuados en Cuba. No fue mucho, solo 68.000 dólares, pero lo suficiente para parar en seco el tímido apoyo, con la excepción del senador Marco Rubio, de algunos pesos pesados de la política republicana en Florida.
Como recuerda Susan Mulcahy, una de las editoras de la célebre ‘Página 6’ del New York Post, Trump comenzó su carrera meteórica en la década de 80 del siglo pasado diseminando detalles de su vida y empresas en diarios populares, no en la gran prensa nacional, donde el escrutinio sería mayor. Se transformó en un personaje del folclore urbano de Nueva York, pero nunca fue investigado a fondo y menos con la intensidad a que suelen ser sometidos los candidatos a la Casa Blanca. Es eso lo que le ha permitido ser bastante suelto en los comentarios publicanos en su cuenta twitter.
Trump estaba habituado a no ser cuestionado y ahora lo está siendo, como pasa a todo candidato. A un mes de las elecciones, se acabó el tiempo en que el candidato republicano podía beneficiarse de las conclusiones de las investigaciones periodísticas sobre su rival. Le llegó la hora.
Claro que tampoco ayuda el hecho de que la semana pasada en Michigan, Trump haya virtualmente propuesto que la prensa sea controlada solo porque ahora le saca los trapitos sucios.