MIAMI.– Aunque la ratificación del republicano Donald Trump como presidente por parte de los colegios electorales de los estados se procesó con normalidad en lo general, hubo algunos conatos que hicieron recordar la tormentosa pasada campaña electoral. Asimismo, los demócratas anunciaron que no concederán período de gracia para el presidente electo.

A comenzar por Florida, en Tallahassee un centenar de manifestantes ocupó la rotonda del capitolio estatal mientras se procesaba la votación, desplegando un cartel que decía “Trump es demasiado rústico”, ilustrado con el símbolo marxista leninista de una hoz y el martillo.

En el estado de Washington cuatro miembros del colegio electoral que estaban comprometidos con Clinton cambiaron de parecer, lo cual es perfectamente legal, y votaron por otros candidatos, por primera vez en cuatro décadas.

Los 12 electores entregaron ocho votos a la exsecretaria de Estado y los sobrante cuatro fueron hacia otros nombres, uno de ellos que no se postuló a la presidencia. Según el diario Los Angeles Times, uno de los electores pensaba votar por el excandidato y gobernador de Ohio, el republicano John Kasich, pero a último momento se decidió por el exsecretario de Estado Colin Powell. Otro elector votó por un líder indígena estadounidense nombrado ‘Un Águila Llamado Fe’.

En Sacramento, la capital de California, miles de manifestantes se concentraron frente al Capitolio local protestando por el sistema del colegio electoral que consideran ‘manipulado’ y ‘corrompido’. “Esto es un sistema secreto de votación donde no se sabe de dónde vienen los votos o como son contados”, dijo uno de los organizadores de la protesta, el líder del movimiento ‘Primavera Democrática, Brent Turner.

A su vez en Colorado, también en medio de los protestas, esta vez dentro del recinto de la Cámara, lo cual obligó a la policía a intervenir, uno de los ocho electores comprometidos con Hillary Clinton decidió no votar por la excandidata demócrata y terminó siendo expulsado del recinto. El elector, identificado como Michael Baca, fue inmediatamente sustituido por un suplente que votó por la exsecretaria de Estado.

En Wisconsin, cuando los delegados depositaban su voto por Trump, un hombre en la asistencia interrumpió el proceso y gritó: “Todos vamos a ir a la guerra y moriremos gracias a vosotros”. También fue retirado del recinto.

Los 20 electores en Pensilvania votaron unánimemente por el presidente electo, en medio de aplausos y también protestas. Trump fue el primer republicano en ganar en ese estado el voto electoral desde 1988. Cuando los resultados fueron anunciados al filo del mediodía se escuchó una voz femenina que dijo ‘¡Vergüenza debía darles!’ que fue acallada por otra voz, masculina, que apenas dijo: ‘¡Gracias!’.

Y en Nueva York, tras votar por su esposa, naturalmente, el expresidente Bill Clinton y ante un grupo de periodistas dijo estar convencido de que Hillary perdió las elecciones por interferencia exterior.

“Tuvimos a los rusos y el FBI (en contra) y ella no pudo sobrevivir frente a eso. Pero hizo todo lo demás bien y ganó con una ventaja de 2.8 millones de votos”, dijo el exmandatario. Sin embargo la candidata demócrata no logró imponerse en ninguno de los estados con mayor número de votos electorales y por eso Trump terminó por ganar la Casa Blanca.

Al final de la jornada de los 306 votos electorales que el presidente electo tenía asegurado tras los comicios de noviembre solo obtuvo 304. Mientras que su contendiente que había logrado 232, sufrió pérdidas importantes y se quedó apenas con 166. Dos republicanos votaron por otros ‘candidatos’ y cinco demócratas hicieron lo mismo. Uno de ellos, en Hawai incluso votó por el exrival demócrata de Clinton, el senador Bernie Sanders.

La pérdida de electores por parte de la candidata demócrata es dramática porque tras las elecciones su campaña intentó frenéticamente hacer cambiar de parecer a los electores republicanos. El objetivo era asegurar por lo menos un mínimo de 37 ‘desertores’ para que el presidente electo no lograra los 270 votos electorales necesarios para garantizar la presidencia, lo cual obligaría al Congreso federal a tomar cartas en el asunto. Pero al final fueron los demócratas que registraron más deserciones, como es el caso de los cuatro electores del estado de Washington.

Los esfuerzos demócratas fueron vistos por el equipo de transición del presidente electo como un intento de restarle legitimidad al proceso electoral.

“La izquierda política profesional está intentando fomentar una oposición permanente que es corrosiva hacia nuestra democracia constitucional. (…) Intenta quitarle legitimidad a esta elección. Quieren negarle (a Trump) lo que ha ganado en buena lid”, comentó a la cadena CNN la directora de la campaña republicana, Kellyanne Conway.

Los demócratas no lo ocultan. O, al menos, no lo desmienten. “Esta vez aquí no va a haber ningún período de gracia porque todos de nuestro lado piensan que él (Trump) no es legítimo y representa una amenaza muy seria”, afirmó Adam Jentleson, el ayudante principal del senador del líder de la mayoría en el senado, Harry Reid.

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