La reciente negativa de La Habana a permitir la entrada de medios de prensa hispanos del sur de la Florida para cubrir la inauguración oficial de la embajada de Estados Unidos en la capital cubana, envió un claro mensaje al exterior: el Gobierno del general Raúl Castro apuesta por un acercamiento con su “otrora enemigo” que no incluirá la más mínima apertura a la prensa que le resulte incómoda.
En pocas palabras: Cuba apuesta por un entendimiento con su “nuevo vecino” que de nuevo da las espaldas a temas espinosos para la cúpula gobernante como la libertad de prensa (no ya mencionar otras libertades universalmente reconocidas como la libertad de asociación y el pluripartidismo).
DIARIO LAS AMÉRICAS aspira a circular en Cuba, tener una oficina y un corresponsal debidamente acreditado por las autoridades cubanas. El pedido es justo. En Miami se pueden adquirir los medios de prensa oficiales de la isla y hasta se publican algunos medios que parecen producidos en las oficinas del partido comunista en La Habana o, al menos, siguen a pie juntillas la agenda del Gobierno de la isla. Nadie se alarma por eso, porque vivimos en una sociedad libre donde la opinión ajena, aunque nos sea contraria, es aceptada.
Incluso, en nuestro diario aparecen publicados en notas y columnas puntos de vista que algunos podrían considerar que tienen frontera común con las posiciones de La Habana. Eso se llama balance informativo y es un signo distintivo de la prensa en las sociedades libres.
Ahora que suenan tan alto los clarines del “acercamiento” y de “una nueva era” en las relaciones entre Cuba y EEUU, y precisamente cuando los gobernantes de la isla abren los brazos deseosos de recibir la esperada avalancha de negocios estadounidenses de la mano del levantamiento del embargo, también es hora de que el Gobierno cubano abra las puertas a la prensa hispana del sur de la Florida para que la información, libre y sin cadenas, corra en ambas direcciones.