“Conocí a Eduardo Padrón socialmente por el año 1973. Teníamos un pasado similar. Los dos estábamos tratando de ver qué hacíamos en Miami”, contó Armando Olivera, quien fuera CEO de Florida Power & Light (FPL).

“En aquel momento la ciudad era muy diferente, había pocas oportunidades para gente como nosotros, que no éramos de origen rico. Entonces Miami era una ciudad mucho más pequeña. Recuerdo estar hablando con Eduardo Padrón hace 50 años. Si mal no recuerdo él estaba haciendo un doctorado en el 73. Y siempre tuvo esa preocupación por los derechos de las personas”, recordó Olivera.

“Nosotros vivimos hasta cierto punto un nivel de discriminación. Si ahora eres cubano o hijo de cubano en Miami, no hay problema. Pero, en aquella época, mis padres vinieron a una ciudad donde los anuncios decían “No queremos perros, cubanos, ni negros”. Esa fue una realidad muy hostil que persistía aún en 1973”.

Él mismo quería haber ido a una buena universidad como Harvard o Yale y no lo aceptaron en ninguno de estos lugares teniendo excelentes notas. Sin embargo, lo aceptaron en el antiguo Miami Dade Community College.

Cuando Padrón comenzó a expandir la universidad, “el concepto de tener las puertas abiertas a todo el mundo no existía en ninguna institución universitaria. Él fue la primera persona en este país que dijo: ‘Hay que abrir las puertas a todo el mundo’”, relató.

“En aquel momento era un concepto muy radical. La gente que no entendía dicho concepto y pensaban que el nivel educativo iba a ser muy bajo. Pero Eduardo, que tiene mucha tenacidad, decidió que iba a probar que esa gente estaba equivocada. Y ahí tienen el resultado”, explicó.

“Su obra es la mezcla de haber vivido en Miami en los años 1970. Puede que haya influido el haber sido rechazado a pesar de poseer habilidades intelectuales para alcanzar cualquier propósito. Toda esa experiencia personal la convirtió en su motor impulsor para mejorar la comunidad”.

Para hablar sobre el legado del Dr. Padrón, “uno no puede circunscribirse sólo en su influencia en la educación, también hay que tener en cuenta el enorme impacto que ha tenido en toda la comunidad. Yo que soy una persona muy curiosa, cuando voy al dentista, al mecánico, o me atiendo en un hospital y le pregunto al enfermero en dónde estudió, en el 90% de los casos me responden que en el MDC. La filosofía de Eduardo Padrón ha creado enorme cantidad de oportunidades para mucha gente sin alternativas”.

En términos culturales, “nunca se me olvidará que había un festival de cine en Miami. Lo había empezado el señor Nat Chediak. La FIU cogió dicho programa de cine quebrado y a punto de cerrar. Padrón decidió que él podía salvar el festival de cine a través del MDC. Para ello llamó a un grupo de amistades y gente de negocios y les pidió que contribuyeran durante un año para darle tiempo a organizarlo y levantarlo, con la promesa de que se sostendría por sí solo. El festival de cine ha sido un éxito increíble y es otra muestra de la contribución de una persona a su comunidad”.

Amplió que “algo parecido hizo con la Feria del Libro de Miami. La gente decía que en Miami nadie leía libros. Padrón no solo ha salvado la Feria sino que ha traído a los mejores escritores estadounidenses, latinoamericanos y españoles a presentar sus obras en ella”.

Su impronta llega hasta la preservación de lugares históricos de la ciudad.

“Padrón siempre estuvo interesado en el edificio que era la oficina de correos, que estaba pegado al colegio. Hace más de 20 años cuando cerraron el edificio, me comentó que sería ideal utilizarlo para el MDC. Muchas personas trataron de persuadirlo, argumentando que era imposible conseguirlo de forma gratuita porque el Gobierno solo estaría interesado en venderlo. Persistió durante 15 años y hoy forma parte de MDC.

“Lo mismo hizo con la Torre de la Libertad, un edificio en ruinas, descuidado, que había albergado las oficinas del Miami Time, un periódico que había quebrado años antes. Para los cubanos, este edificio representaba la esperanza. Constituyó la primera parada de muchos cuando llegaron a EEUU, el lugar de tránsito donde estuvieron y recibieron sus primeros alimentos en tierra extraña. Eduardo insistió hasta que le donaron el edificio para el MDC”.

Olivares piensa que Padrón seguirá activo. “Espero que busque el balance para hacer algunas cosas que intelectualmente le gusten y pueda acometer aquellas que no ha tenido el tiempo de desempeñar”, reflexionó.

“Como amigo, deseo que tenga la oportunidad de vivir una vida con menos estrés, que no viaje tanto y que tenga más oportunidad de estar con su familia, especialmente con su nieto, que tanto adora”.

Y finalizó: “En lo profundo de su ser, Padrón se siente como un maestro. Muchas de las tareas que ha asumido a lo largo de su vida han sido impulsadas por su compromiso con el bienestar de la comunidad, pensando en cómo hacer para que esta comunidad sea mejor. Solo basta con mirar alrededor, esa es la obra de Padrón”.

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