sábado 21  de  febrero 2026
De la mano del maestro

Eduardo Marturet: "En Miami me siento como en ninguna otra parte"

"Ha sido una travesía compleja porque es una ciudad complicada. Me siento muy satisfecho porque hemos logrado que la orquesta se merezca el nombre de la ciudad".
Por ELKIS BEJARANO DELGADO

MIAMI.- Solo la primera respuesta en un mensaje de texto da cuenta de que Eduardo Marturet no es un director de orquesta común. Cada frase, cada afirmación, cada palabra van envuelta en una cálida atmósfera de cercanía rodeada de dosis de buen humor, que pareciera como si habláramos con un algún viejo amigo. La entrevista hecha cara a cara así lo ratifica.

Un amplio estudio, ubicado en el Design Distric de Miami, en el que hay pocos muebles cuidadosamente escogidos junto a dos pianos de cola, es el espacio en el que el maestro Marturet crea, organiza y dirige la Miami Symphony Orchestra (MISO).

“En 2006, el maestro Manuel Ochoa (fundador y director de MISO) me pidió que trabajara con él. Como conocía bien la ciudad, mi entorno y sabía cómo era su obra, decidí que sí. Al poco tiempo murió, por lo que fue como una visión que tuvo de buscar a un sucesor. Ha sido una travesía compleja porque es una ciudad complicada. Me siento muy satisfecho porque hemos logrado que la orquesta se merezca el nombre de la ciudad”.

La obra de Marturet habla por sí sola. En su desarrollo profesional ha recorrido miles de millas para dirigir las mejores orquestas de Holanda, Noruega, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos, Argentina, Venezuela, entre otros lugares, donde este venezolano ha levantado la batuta para impresionar a los públicos más versados.

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Eduardo Marturet, recibió Honor al Mérito del Congreso de EEUU.

Eduardo Marturet, recibió Honor al Mérito del Congreso de EEUU.

“La vida en una maleta” comentaba años atrás su esposa, la modelo y actriz, Athina Klioumi de Marturet, con quien tiene veinte años de casado y de quien asegura que jamás se ha separado ni una sola noche.

Sobre su trabajo en MISO, Marturet afirma que no tiene duda de que la orquesta “no solo representa a Miami, sino que la enriquece. Porque nosotros tenemos una estrategia artística única en Estados Unidos que es muy especial. No creo que haya otra orquesta que tenga el planteamiento artístico de avocarse a ser reflejo de la ciudad. Para mí eso ha sido la clave, porque casi por necesidad me di cuenta de que debía adaptar el repertorio, la oferta musical a la comunidad”.

Con una sonrisa cómplice afirma que Miami es una ciudad “zen”, porque vive en el presente. “Las decisiones se toman a último minuto. Hay tantas cosas que hacer, y desde el punto de vista del entretenimiento, puedes hacer lo que te dé la gana. Puedes irte de vacaciones a los Everglades a cazar serpientes, o volar en helicóptero. Puedes hacer lo que tú quieras y lo puedes decidir en el instante. Nuestros conciertos se llenan a última hora. La venta de boleto no ocurre como en una ciudad de invierno donde tres meses antes se venden las entradas. Aquí ocurre al final. Y la oferta artística es un reflejo de eso. Por ello es muy importante que le des a ese público un atractivo. Un gancho, un anzuelo que despierte su curiosidad de saber qué está haciendo la Sinfónica de Miami”. Y ese planteamiento lo ha llevado a innovar cada vez más en sus presentaciones.

“Tocamos música súper clásica, pero también hacemos una mezcla bien particular. Nos presentamos en sitios como Adrienne Arsht Center, o lo hacemos en The Moore Building, que es un lugar muy especial con la escultura Elastika de Zaha Hadid en el centro. O en el Palm Court, que es un lugar abierto al público con capacidad para 5 o 12 mil personas. Tocamos en los parques, en las playas”.

Parte del encanto de sus presentaciones, no solo es su dirección de unos 80 músicos en escena, sino es él en sí mismo. Cada gesto, cada marcado de compás es un caudal de energía acompañado de ademanes de fascinación y por instantes, de amplias sonrisas. Esa pasión lo ha llevado a ser merecedor de distinciones como la Orden de Orange-Nassau en el rango de “Oficial” de Holanda, o la medalla de Honor al Mérito del Congreso de EEUU; o la nominación como mejor álbum clásico en el Grammy Latino por “Encantamento", o el Premio a "Camara d'Or" Festival de Cannes (1985), por la música Oriana.

El maestro Marturet es inquieto. Durante nuestra conversación responde; mira el celular, se levanta, atiende a alguien con un mensaje importante, se sienta, mira hacia los lados. Pero al hablar de la ciudad que lo ha recibido en estos últimos años se detiene. “Miami es la ciudad más cercana a los Estados Unidos, porque tú no sientes que estás en EEUU. El número de extranjeros es tan alto, pero paradójicamente, llegas a Fort Lauderdale y ya sientes que estás en EEUU. Es esta zona donde tienes a un ruso que nació en San Petersburgo y tiene 60 años viviendo aquí y te dice que es de San Petersburgo. Ese arraigo no existe, porque la gente sigue manteniendo su identidad extranjera. Eso la hace una ciudad muy particular”.

Al ser consultado lo que Miami ha modificado en él, su rostro se pierde en el pensamiento y concluye que ha sido el único sitio que le ha permitido sobrevivir la nostalgia de Venezuela. “Eso no quiere decir que no la tenga, la tengo profundamente, pero por lo menos la sobrevivo. De verdad me siento muy cómodo aquí. No creo que me sienta así en otra parte. Sigo viajando mucho y cuando salgo, no siento lo que siento aquí a nivel de esa añoranza”.

Desde su estrado ha visto la migración de millones de venezolanos, y según comenta lo ha hecho con mucho sufrimiento, pero con la bendición de poder ayudar. “En la orquesta hay 45% de venezolanos, y no porque son venezolanos, sino porque son muy buenos”.

Para él Miami seguirá siendo su casa. Su trabajo lo apasiona. Poco acepta trabajar ante otras orquestas. “Con la Sinfónica de Miami soy monógamo. Aquí tenemos la maleta abierta, pero ahora tengo las cosas regadas en la casa”.

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Eduardo Marturet, dirige la  Miami Symphony Orchestra (MISO) desde hace 15 años.

Eduardo Marturet, dirige la Miami Symphony Orchestra (MISO) desde hace 15 años.

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