MIAMI.- Daniel Liriano es la cabeza visible de una demanda colectiva, presentada por pequeños empresarios, contra las autoridades de Gobierno locales y estatales, por los daños ocasionados a empresas que fueron obligadas a cerrar durante los efectos de la pandemia, al considerarlas no esenciales y por tal motivo tuvieron pérdidas que calculan en millones.

Liriano, dueño de la barbería Lion Style Barbershop & Salon, ubicada en Miramar, fue multado el pasado mes de mayo por los inspectores de codificación de la ciudad. Por abrir su salón en medio del coronavirus, hecho que fue el detonante para emprender una demanda contra el ejecutivo estatal y los funcionarios electos de Miramar.

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En conversación exclusiva, DIARIO LAS AMÉRICAS quiso conocer quién es este barbero que decide defender sus argumentos en los tribunales.

Razones para la demanda

Según establece el argumento de la demanda, “cuando el gobierno cerró los negocios - el de Daniel y otros-, decidieron qué hacer con esas propiedades, que es igual a tomarlas o incautarlas”.

También expone, que “la Constitución de Florida y la de la nación, exigen que el Gobierno pague por la propiedad cuando la toma”. Además explica, “que los gobiernos de la Ciudad y el Estado tampoco lo hicieron durante el cierre”.

Origen

Liriano, quien emigró a los EEUU desde República Dominicana, comenzó su afición por cortar el cabello en las calles de Nueva York. Cansado de llevar una vida prácticamente marginal y sin grandes horizontes, decidió venir a Florida a recomenzar. Aquí al principio no le fue fácil. Pero con mucho esfuerzo, yendo a trabajar a pie, caminando dos millas desde su casa, se fue metiendo cada vez más en el negocio de la belleza masculina.

Cuando pudo, obtuvo la licencia en Cosmética y abrió su primer negocio. “Desde esa época hasta ahora he tenido siete barberías, hasta llegar a esta”, señaló en su precioso salón con seis asientos de barbero.

El problema

Cuando la pandemia llegó a Florida, Liriano se reunió con sus seis empleados para conversar sobre la situación que había. Les expresó sus temores. Les dijo que “no valía la pena que se pusieran en riesgo, que él personalmente no iba a trabajar” y esperaba que ellos decidieran lo mismo. “Entiendo que todos tienen familia y si quieren seguir trabajando será por decisión personal”. Todos estuvieron de acuerdo en cerrar. Y el 19 de marzo echamos el cierre por pandemia”.

La pandemia eterna

En ese momento, Liriano no se imaginaba que la pandemia iba a durar tantos meses. Él y el resto de los empleados solicitaron todas las ayudas creadas para la pandemia. “Los 1.200 dólares de ayuda federal, el desempleo, las ayudas locales. Ninguno de nosotros recibió ayuda financiera alguna. Excepto un barbero”.

“En mayo yo venía conduciendo, analizando todo lo que nos pasaba y se me saltaron las lágrimas. Teníamos una familia que alimentar y no podíamos trabajar. Me reuní con todos los empleados. Ellos me dijeron que si no abríamos, se iban a ir a cualquier barbería de las que trabajaban clandestinas”.

Liriano se opuso y les prometió que iban abrir. Pero se negó a hacerlo de forma clandestina, lo haría a la luz del día. Pero antes debían adaptar el local a las nuevas exigencias sanitarias.

Investigó qué hacer. Pintó el salón, adquirió guantes, mascarillas, cascos transparentes, hand sanitizer, adquirió termómetros, separó las sillas a seis pies y contrató a una empresa de desinfección. “Pero como sabía que me intentarían cerrar, entonces llamé a la televisión local para que fueran testigos de nuestra preparación y comunicaran que íbamos a abrir. Y así sucedió”, sostuvo Liriano.

“A la hora y media vinieron de la Ciudad a cerrarme”. “Me informaron de que mi negocio estaba considerado no esencial y que tenía que cerrarlo”, contó Liriano.

Según el entrevistado, él explicó que su negocio era esencial para su familia y la familia de sus empleados. Que llevaban dos meses parados y tenían que trabajar para pagar las facturas que no dejaban de llegar. Que su situación financiera era insostenible y tenían que trabajar.

Le multaron en un par de ocasiones, pero Liriano no cerró. De repente se comenzó a producir un hecho que recuerda con mucho orgullo. Su teléfono empezó a sonar. La gente le llamaba para expresar su solidaridad. “Muchas personas comenzaron a venir a pelarse desde lejos y me decían que estaban conmigo. Que yo era muy valiente, al enfrentarme a todos por trabajar”.

Solidaridad de la comunidad

“Después empecé a recibir cajas de alimentos para todos los empleados. También llegaron grupos de las iglesias a traer dinero. Vino una señora americana y nos dejó 500 dólares. Otra envió a su nieta con 100 dólares. La comunidad se volcó con nosotros. Y nos apoyaban para que siguiéramos adelante. Para que defendiéramos el derecho a trabajar”.

“La Ciudad de Miramar se acercó y me propuso que solicitáramos una subvención disponible para los negocios. Con tan mala suerte que no reunía los requisitos para ello, porque durante la pandemia, se venció el contrato de alquiler y no pude demostrar que lo tenía vigente”.

Cuando DIARIO LAS AMÉRICAS se acercó al local para esta entrevista, coincidió con la comisionada de la ciudad de Miramar Yvette Colbourne, quien quería conocer de cerca la historia de Liriano, residente de su localidad.

Intentamos conocer la opinión de la representante del gobierno local que rehusó hacer comentarios al respecto.

Liriano también aboga porque se controlen los negocios clandestinos que han proliferado a partir del cierre por la pandemia.

“Quienes trabajan desde sus casas, sin control de las autoridades, no toman las medidas sanitarias exigidas al resto de nosotros, no pagan impuestos y se han quedado con parte de los clientes”.

"La demanda contra el gobernador está presentada. Vamos a enfrentarnos contra la mayor de las autoridades [estatales]. Es una gran pelea, pero la vamos a ganar.”

A la pregunta de si no siente que hay una diferencia entre el trato que él ha recibido y el que le dispensan a quienes protestan en las calles, a pesar del peligro de la pandemia, Liriano señaló: “Ahora mismo hay un montón de personas que se están aglomerando en las calles, protestando. Yo les apoyo en todo lo que piden. Ellos tienen el derecho a manifestarse. Pero estamos en pandemia. Y me llama la atención cómo a mí me vinieron a cerrar por exigir mi derecho a trabajar y cumplir el deber de alimentar a mi familia. Sin ser yo una persona violenta y acatando en todo momento las normas sanitarias recomendadas contra el COVID-19. Pero me quedo con la solidaridad recibida de parte de todas las personas, de todas las razas de la comunidad. Eso es lo que me ha impulsado a hacer esta demanda. Si en el futuro, algún gobierno debe cerrar un negocio, tiene que saber que le tiene que indemnizar”.

Aparecen en esta nota:

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