MIAMI.– La autorización del presidente Donald Trump al permitir el ingreso de un buque ruso con petróleo a Cuba generó cuestionamientos en el sur de Florida, pero el congresista Mario Díaz-Balart aseguró que el evento no representa una relajación del bloqueo energético y afirmó que la presión contra el régimen se mantendrá.
El congresista cubanoamericano restó importancia al impacto del buque ruso “Anatoli Kolodkin”, que llegó a la bahía de Matanzas con unos 730.000 barriles de crudo, en medio del bloqueo energético decretado por la administración Trump en enero pasado.
“El volumen es muy pequeño. No va a sostener a ese régimen”, afirmó el legislador al ser consultado sobre la decisión del Ejecutivo.
Díaz-Balart insistió en que este tipo de envíos no cambian la realidad estructural de la economía cubana, a la que calificó como históricamente dependiente de subsidios externos, “primero de la Unión Soviética y luego de gobiernos como los de Hugo Chávez y Nicolás Maduro”.
Trump minimiza el impacto del envío de petróleo
El propio presidente Donald Trump también restó relevancia al cargamento ruso al señalar que “no me molesta” el ingreso del petróleo a la isla y que el envío no representa un cambio significativo en la política hacia Cuba.
“Tienen un mal régimen, un liderazgo corrupto, y si les llega o no un barco de petróleo, eso no importa”, declaró el mandatario, quien incluso indicó que “prefiere” permitir cierto respiro en medio del bloqueo energético.
Estas declaraciones generaron inquietud en sectores del exilio cubano, que esperaban que la política de “máxima presión” condujera a un cambio de régimen en la isla.
“No hay relajación”, la presión continuará y aumentará
Ante esas preocupaciones, Díaz-Balart fue enfático al descartar cualquier retroceso en la estrategia estadounidense.
“No hay reversa. Esta administración ha aplicado máxima presión sobre el régimen y la va a seguir aumentando”, afirmó.
El congresista destacó que, paralelamente a la presión, el gobierno de Trump ha canalizado ayuda humanitaria directamente al pueblo cubano, sin pasar por el régimen, a través de instituciones como la Iglesia Católica y Caritas.
Según explicó, la política actual combina seguridad nacional con promoción de la libertad en el hemisferio occidental, “una línea que marca una diferencia con administraciones anteriores”.
Confianza en el fin del régimen cubano
Díaz-Balart se mostró “muy optimista” sobre el futuro de Cuba y aseguró que el régimen enfrenta un escenario cada vez más difícil.
“Estoy convencido de que los días de la dictadura están contados”, sostuvo, al tiempo que recordó que la política oficial de EEUU hacia Cuba —establecida por ley— es la libertad del pueblo cubano.
El legislador subrayó que ningún otro exilio en el mundo ha logrado que el Congreso estadounidense adopte como política oficial la democratización de su país de origen, refiriéndose a la ley Helm Burton que sanciona al gobierno de los Castro y planifica un apoyo para el gobierno de transición que conduzca a elecciones libres, pluripartidistas y democráticas. La política de EEUU hacia Cuba es la libertad como mandato legal, subrayó.
Díaz-Balart enfatizó que la postura de Washington no es solo una decisión política, sino un mandato legal aprobado por el Congreso.
“El futuro de Cuba tiene que ser elecciones libres, con todas las libertades, comenzando por la liberación de todos los presos políticos”, afirmó.
En ese sentido, aseguró que tanto el presidente Trump como el secretario de Estado están comprometidos a hacer cumplir esa legislación y están comprometidos a incrementar la presión sobre el régimen.
Exilio cubano y expectativas de cambio
Díaz-Balart pidió a los críticos del exilio observar el panorama completo y afirmó que en la isla ya se perciben señales de descontento social.
“Estamos viendo pequeñas demostraciones en todos los sectores. Ahora hay un presidente en EEUU que apoya al pueblo, no al régimen”, indicó.
“No existe ninguna confusión [en la política de Trump]. Ya lo he dicho antes. Trabajé muy de cerca con el entonces senador Rubio, hoy secretario de Estado, y con el presidente Trump en su primer mandato en los temas del hemisferio occidental. Por eso siempre sostuve que el régimen en La Habana, el de Venezuela y Nicaragua, no habrían sobrevivido otros cuatro años de esa administración. Y hoy lo repito. Estoy convencido de que estos regímenes no van a sobrevivir los tres años restantes del actual gobierno de Trump”.
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