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MIAMI.- Un año después del paso del huracán María, cuyos vientos de categoría 4 devastaron gran parte de Puerto Rico, el balance que hoy realizan representantes de la diáspora boricua sobre las labores de recolección de ayudas para los damnificados del fenómeno natural permite afirmar una gran realidad: el condado Miami-Dade “abrió su corazón” para la recuperación de la isla.

En ese sentido, Elizabeth Rodríguez, líder de la comunidad puertorriqueña en Miami, quien orientó parte de los esfuerzos por ofrecer alivio a la situación de la comunidad isleña, habló con DIARIO LAS AMÉRICAS del evento atmosférico que dejó daños por más de $90,000 millones, lo que convirtió a María en el tercer huracán más costoso en la historia de Estados Unidos, luego de Katrina (2005) y Harvey (2017).

Rodríguez relató cómo “de la nada” se fue creando una estrategia para sensibilizar no solo a la comunidad boricua, sino también a las de otras naciones con asiento en el Estado del Sol, porque –reconoce– al principio “nadie sabía hacer nada”, y cuenta su propia experiencia por la pérdida de tres familiares en área de la montaña de Yabucoa, por donde entró el huracán a Puerto Rico, en septiembre del año pasado, dejando más de 4.000 víctimas fatales, según cifras actualizadas.

¿Cómo recuerda la campaña realizada en Miami por los damnificados del huracán María?

Fue algo automático; es como cuando se le echa una moneda a una máquina de agua o de refrescos; nunca esperamos que un hecho como este afectara a nuestra isla, y fue la primera vez que los puertorriqueños sintieron en carne propia que hubo un evento dentro de la isla, que tocó nuestros corazones. Fue un evento que tocó a cada familia hispana en el sur de la Florida. Lo que no sabíamos era hacer nada porque nadie espera, por ejemplo, un terremoto. Lo que se hizo fue algo espontáneo, sin previo aviso; no había una organización ni una estrategia. No sabíamos lo que íbamos a hacer. Todo empezó recibiendo las primeras ayudas y uniendo a varios líderes de la comunidad. Así fue como se unió a esta campaña el señor Luis De la Rosa, de la Cámara de Comercio Puertorriqueña del Sur de la Florida, y después también se sumó Tomás Regalado, por ese entonces alcalde de Miami. Los medios de comunicación fueron fundamentales en esta tarea, dándole a conocer a la comunidad de Miami cómo íbamos a organizarnos. Fue un trabajo en equipo y que salió en orden porque cuando uno hace las cosas con el corazón, tienen que salir en orden. Al final todo fue un éxito porque no solo abrimos sitios de recolección en Wynwood, sino que también hubo personas y organizaciones que se unieron a esta causa como la Universidad Ana G. Méndez. Asimismo, teníamos un almacén en Doral, que trabajaba directamente con la Primera Dama de Puerto Rico, Beatriz Roselló. En esa ciudad logramos abrir unos tres sitios de recolección. Igualmente había personas en Naples, que me llamaban para que recogiéramos suministros. En total logramos tener siete centros de acopio.

¿Cuál fue la participación de otras comunidades diferentes a la boricua en esta parte de los EEUU?

Sí, también tuvimos mucha gente de otras comunidades hispanas, entre ellas de la colombiana, venezolana, peruana, mexicana, guatemalteca, hondureña y muchas más que están en una larga lista de todos los que colaboraron. Todas esas personas no solo apoyaron con suministros, sino también en el empaque de los suministros; con sus vehículos transportando las ayudas.

Puerto Rico
Daños millonarios sufrió la isla de Puerto Rico tras el paso del huracán María.
Daños millonarios sufrió la isla de Puerto Rico tras el paso del huracán María.

¿Cómo realizaron el transporte a la isla?

Creo que estamos aquí por bendición y para bendecir a los demás, así es que en ese momento tenía un contacto muy importante con el señor Carlos Mercader, que es el director de PRFAA [Administración de Asuntos Federales de Puerto Rico] y lo primero que analizamos fue el tema del transporte aéreo y los permisos requeridos para que pudieran aterrizar los aviones en la isla. Así salieron los primeros permisos. Con el paso de los días, que se fueron uniendo otros estados para ofrecer sus ayudas, el otorgamiento de permisos se hizo más difícil, y por eso enviamos a una persona a PRFAA. Una aerolínea se unió con una donación muy importante para los hospitales en Puerto Rico. Nuestra persona se movió a Washington y desde allí tramitaba los permisos de vuelo.

¿Qué cantidad de ayudas lograron movilizar hacia la isla?

Es difícil de cuantificar o dar una cifra exacta porque muchas ayudas se enviaron desde otros estados. Fueron las necesarias, y no hubo un total conjunto porque era prácticamente imposible hacerlo.

¿Cuáles aerolíneas se vincularon a la campaña?

Jet Blue, Spirit y otras. Tuvimos ayuda directa en Miami con estas tres y a nivel de navíos tuvimos varias compañías. Miami nunca se detuvo; fue un trabajo de más de dos meses, todos los días, sin parar. Yo tuve voluntarios que perdieron su trabajo por dedicar su mayor parte del tiempo a esta campaña.

¿Cuántas personas se vincularon a esta tarea?

No menos de 200 personas, sin incluir a la gente de la programadora Mega TV, que mandó el primer avión cargado de ayudas. Allí eran otras 50 personas que empaquetaban los suministros en las afueras del canal.

Usted fue a la isla. ¿Cómo recuerda esa experiencia?

Yo fui con productos de la organización Activados por Puerto Rico, y el presentador Héctor Marcano. Eso fue unos seis meses más tarde. Estuve en Yabucoa, que fue por donde entró el huracán. Allí vive mi familia, en la montaña, que duró nueve meses sin energía eléctrica. Fue algo muy triste; tres tías murieron producto de una gran depresión y por falta de alimentos. Una de ellas decidió terminar su vida. Ellos, en la montaña, fueron los que más sufrieron. Yo solo quería saber si mi familia estaba viva. Todos estábamos muy inquietos porque no sabíamos nada de ellos.

El impacto de María causó una alta migración. ¿Cómo fueron recibidos tantos puertorriqueños en la Florida?

El representante estatal Robert Asencio trabajó muy duro para poder tener abiertas facilidades dentro de los aeropuertos en el sur de la Florida. Estos eran puestos en los que se podía ayudar a nuestros migrantes. En la Florida llegamos a tener unos 275.000 puertorriqueños. Muchos de ellos han regresado ya a la isla; otra parte está saliendo de la isla para establecer sus vidas en la Florida. Tenemos actualmente unos 5.6 millones de puertorriqueños en Estados Unidos. Muchos de ellos no fueron ayudados; están recibiendo ayudas de sus propias familias, de organizaciones privadas. Son tratados como ciudadanos de segunda categoría. A nosotros nos conviene la estadidad, y por eso hay organizaciones dictando charlas en ese sentido.

¿Qué enseñanza le deja el huracán María?

Este huracán nos hizo más sensibles. Al ver que algunos familiares ya no estaban, te queda esa carga en tu mente y haces lo que sea por ayudarlos. Después de 120 años de colonia, el sistema político puertorriqueño debe ser transformado. Si alguien es puertorriqueño, y sabe de política estadounidense, y también puede entender de la política interna de Puerto Rico, es nuestro deber poner un granito de arena desde afuera por los de adentro.

¿Cómo califica la actuación de la Casa Blanca frente a este evento natural?

La postura del presidente Trump, a quien respeto como ser humano y su ideología, aunque no pertenezco a ella, demuestra intereses personales, gubernamentales. La isla está gritando por un cambio que nace de una necesidad, y cuando tú no le das lo que necesita la isla, la misma isla, de alguna, manera va a gritar. La isla tuvo los tres golpes: primero un apagón en enero de 2017, donde se denotó que no había una planta de energía eléctrica suficiente para la isla, luego vino la bancarrota en el mes de mayo y más tarde tuvimos a Irma, y nos tocó recibir a la gente de Islas Vírgenes. Después María terminó de afectarnos. El presidente Trump tiene, definitivamente, un sentido del humor un poco pesado. Tiene una forma de pensar y de manejarse en la que muestra su opinión personal y no la general; todo lo ve desde su punto de vista y no desde la óptica de 3.4 millones de isleños que tienen 120 años de colonia, que no tienen derecho a votar. La tierra te pide un cambio.

¿Después de María, la isla ya está recuperada por completo?

Una isla que tiene una bancarrota no está recuperada. Para poder hablar de que Puerto Rico está o no recuperada tenemos que mirar la economía, y si vemos que hay una bancarrota, eso quiere decir que la isla no ha avanzado. Sí ha tenido ayudas, pero en realidad no está en un desarrollo económico como el que debería tener. El 42% de la isla todavía no tiene luz eléctrica.

¿Han seguido enviando ayudas a Puerto Rico?

Sí, pero ya han mermado. Las familias envían sus ayudas y Puerto Rico está pasando una etapa que muchos hispanos viven todos los días mandando ayudas a sus países, a sus familiares. Ahora estamos en una situación en la que se sienten muy vulnerables. Insisto en que nos sentimos como ciudadanos de segunda categoría. Por eso estamos tratando de organizarnos para hacer prevalecer nuestro derecho. Un representante de Puerto Rico no es un legislador en el Congreso, como Jenniffer González; tampoco es el Gobernador, que nos representa, pero no tiene derecho a votar. Todo esto que viene pasando es responsabilidad de los puertorriqueños que están viviendo formalmente dentro de Estados Unidos, y si no nos organizamos como diáspora, no vamos a lograr nada. Hay tenemos el ejemplo de la comunidad cubana, que está organizada y muy unida, y defiende sus derechos.

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