Por: María Victoria Andarcia

Vladimir Putin acompañó sus preparativos de guerra en Ucrania con un estrechamiento de los contactos con los países latinoamericanos habitualmente alineados con Moscú: Cuba, Nicaragua y Venezuela. Pero además de ese interés por el Caribe americano –la amenaza a actuar en el ‘patio trasero’ estadounidense, sería la moneda de cambio del Kremlin frente a un Occidente que actúa en el ‘extranjero próximo’ ruso–, Putin también cuido su relación con los dos mayores países sudamericanos, Brasil y Argentina, a cuyos mandatarios recibió afectuosamente, sin la distancia física a la que sometió a los líderes europeos.

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Esos contactos prebélicos venian a reforzar la vinculación que Rusia y Cuba habían intensificado en el último año. El mayor fuelle económico y comercial de China en su relación con Cuba habia dejado en un segundo plano la tradicional hermandad ruso-cubana, pero ahora esta ha vuelto a cierto protagonismo. Con la guerra en marcha, esa ‘relación especial’ es la manera que tiene Moscú de generar molestias a EEUU a escasas millas de su costa, mientras que para La Habana constituye una reacción de desaire hacia Washington por no buscar una aproximación que, a cambio de que separarse de Putin, la isla obtenga el beneficio de una reducción de las sanciones norteamericanas. Este último mecanismo se ha producido en los tratos entre Washington y Caracas, por la cuestión petrolera, pero en este momento Cuba no tiene nada atractivo que ofrecer a la Administración Biden.

Ronda de contactos rusa

En pleno escalamiento de la crisis de Ucrania en enero, Vladimir Putin sostuvo una conversación telefónica con su homólogo cubano, Miguel Díaz-Canel, en la que abordaron la cooperación estratégica entre ambos países en materia de comercio e inversiones. De acuerdo con el comunicado del Kremlin, los mandatarios debatieron “cuestiones relativas a una mayor coordinación de las acciones de los dos paises en el ámbito internacional de acuerdo con los principios de la cooperacion estratégica y las tradiciones de amistad y entendimiento mutuo”.

La llamada se llevó a cabo pocos días después de que el viceministro de Exteriores ruso, Serguei Ryabkov, advirtiese que Moscú no descarta ni confirma una posible presencia militar en Cuba y Venezuela si aumentasen las tensiones con Estados Unidos. Jake Sullivan, asesor de Seguridad Nacional estadounidense, afirmó que Estados Unidos respondería de forma decisiva si Rusia avanzaba en esa dirección. En su opinión, el comentario del viceministro ruso podría tratarse de una “fanfarronada”, que no debe tomarse demasiado en serio. De hecho, ya en la anterior crisis ucraniana de 2014, Moscú también habló de la posibilidad de abrir bases militares en Cuba, Nicaragua y Venezuela, y eso no sucedió.

Putin ha aprovechado los lazos establecidos en la era soviética y los resentimientos locales hacia Estados Unidos para desplegar una campaña de influencia en América Latina. En este sentido, también habló con los jefes de Estado de Venezuela y Nicaragua, quienes le ratificaron su apoyo con respecto a la posición asumida frente a Ucrania. La Duma (cámara baja del Parlamento de Rusia) anunció que Cuba reconocía como independientes a las autoproclamadas repúblicas de Luhansk y Donetsk, aún cuando hasta el momento el gobierno cubano no ha emitido un comunicado oficial al respecto.

Pocos días antes del ataque a Ucrania el primer viceministro ruso, Yuri Borisov, realizó un viaje a Venezuela, Nicaragua y Cuba para ahondar en los temas discutidos en las conversaciones telefónicas sostenidas en enero entre Putin y los mandatarios latinoamericanos. Las visitas se realizaron con el fin de continuar los intercambios intergubernamentales con esos países sobre cooperación comercial y económica. Durante estos encuentros con los líderes cubanos, estos mostraron su solidaridad ante lo que llamaron “constantes campañas de desinformación y guerra propagandística” desarrolladas por Estados Unidos contra Rusia.

La gira de Borisov sugeria que Moscú estaba cortejando a la región mientras que aumentaban las tensiones por la invasión rusa a Ucrania. El 23 de febrero, el presidente de la Duma, Viacheslav Volodin, comenzó su propia visita oficial a Cuba. En el encuentro entre Volodin y Diaz-Canel, el mandatario cubano destacó el excelente estado de las relaciones entre Cuba y Rusia, al tiempo que reiteró la voluntad de consolidar el diálogo político y los intercambios en sectores comunes.

Por su parte, Jair Bolsonaro y Alberto Fernández, mandatarios de Brasil y Argentina, respectivamente, destacaron sus buenas relaciones con el Kremlin los primeros días de febrero, aunque ahora intentan mantenerse relativamente neutrales por lo mal que habían quedado ante el repudio internacional contra Rusia. El presidente brasileño fue recibido en Moscú por Putin solo ocho días antes de la invasión rusa de Ucrania y desde entonces ha evitado condenar de forma clara la acción rusa. Tanto Brasil como Argentina —además de México y también El Salvador de Bukeke– han mostrado una actitud titubeante en las votaciones desarrolladas en Naciones Unidas y en la Organización de los Estados Americanos (OEA) sobre la guerra.

Alianza estratégica ruso-cubana

Apenas un día antes de la visita de Volodin a la Habana, la Duma anunció la reestructuración de la deuda de Cuba de 2.300 millones de dólares que Cuba mantiene con Rusia. El acuerdo prorroga hasta 2027 el pago de los créditos que Rusia otorgó a cuba entre 2006 y 2019 para financiar proyectos en las esferas de la energía, la industria metalúrgica y el transporte, así como para el suministro de mercancías necesarias para el desarrollo de la economía de la isla. Debido a la crisis económica que atraviesa, Cuba dejó de girar pagos desde inicios de 2020. En 2014, Moscú condonó el 90% de la deuda contraída por la isla, valorada en 35.300 millones de dólares.

El turismo, una de las principales fuentes de ingreso de la economía cubana, se ha visto casi paralizado por la pandemia. En ese contexto de dificultades, Rusia ha sido uno de los principales emisores de turistas a la isla. Según cifras de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), el turismo ruso aumentó un 97% en 2021 respecto al 2020.

Hasta ahora Cuba ha continuado recibiendo ayuda humanitaria de Rusia para hacer frente a la pandemia Covid-19 como parte del vínculo de solidaridad y cooperación entre las dos naciones. El último cargamento que llegó a la Habana en enero llevaba cerca de 20 toneladas de insumos medicos como trajes de proteccion multiusos y jeringuillas. Esta era la quinta carga procedente de Rusia desde diciembre. Tras las protestas del pasado 11 de julio de 2021, el gobierno ruso incremento el envío de donativos a la isla, incluyendo alimentos.

Si bien Rusia es uno de los socios históricos de Cuba, las importaciones que la isla hizo desde Rusia en 2019 solo fueron un 5,39% del total de compras cubanas en el exterior, por lo cual no llega a ser el socio más importante de La Habana. Por encima de Rusia se encuentra China, de donde provienen el 15% de las importaciones que realiza la isla. Las relaciones con Rusia son de menor ambición económica que las mantenidas por Cuba con China, pero siguen siendo importantes. Rusia se sitúa entre los cinco países con mayores exportaciones a la isla. En el plano político, las relaciones con Rusia tienen un alto grado de interés. La presencia rusa en La Habana y el resto de los países de la región es una prioridad para Putin ya que intenta contrarrestar el poder estadounidense en su ‘patio trasero’.

En ese contexto llama la atención el contorsionismo realizado por Venezuela en la presente crisis internacional. Pese a los estrechos lazos que tradicionalmente han unido al gobierno de Putin y al de Maduro, el mandatario venezolano se ha visto en un dilema: seguir abrazado a Rusia o abrirse a las señales de compromiso enviadas por Estados Unidos. Con la guerra de Ucrania en curso y el consecuente aumento del precio de los carburantes y las materias primas, EEUU intenta explorar una nueva etapa con América Latina con el objetivo de debilitar la influencia de Rusia en la región. La reducción de compras de hidrocarburos a Rusia por parte de Occidente obliga a buscar suministradores alternativos, y Venezuela podría ser uno de ellos en el caso de que EEUU suavice o elimine las sanciones que impone a la petrolera PDVSA. Emisarios de Biden se reunieron con Maduro en Caracas a comienzos de marzo.

En medio de esas gestiones, Venezuela ha preferido ausentarse de reuniones en organizaciones internacionales en determinadas votaciones para no tener que refrendar públicamente la guerra de Putin. A diferencia del reconocimiento hecho por Venezuela de las repúblicas pro-rusas unilateralmente separadas de Georgia, esta vez Caracas no procedió a reconocer la independencia de las dos repúblicas del Donbás, como si ha hecho Nicaragua (Cuba no dio ese paso en relación con Georgia y tampoco lo ha dado oficialmente ahora).

Washington aún no ha mostrado con determinación el camino que seguirá en relación con el diálogo con Venezuela, pues es algo políticamente controvertido en EEUU. Similar aproximación, sin embargo, no la ha seguido con Cuba, lo que no deja a La Habana con más opción táctica que la de seguir al lado del Kremlin.

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