CÓRDOBA.- Fue un viaje largo y azaroso, pero el 27 de febrero de 20026, las primeras semillas de olivo llegaron a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en el Ártico noruego.
Las semillas de olivos viajaron a la Bóveda de Semillas en el Círculo Polar Ártico de Noruega. Su preservación supone un hito en la preservación genética
CÓRDOBA.- Fue un viaje largo y azaroso, pero el 27 de febrero de 20026, las primeras semillas de olivo llegaron a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, en el Ártico noruego.
Las semillas recorrieron entre 4.300 a 4.4000 kilómetros. Salieron desde el Banco Mundial de Germoplasma del Olivo, en Córdoba, España y viajaron hacia el norte, cruzaron toda Europa y el mar de Groenlandia hasta alcanzar los 78 grados de latitud norte para llegar a su destino a unos 1.300 km más allá del Círculo Polar Ártico: la Bóveda de Semillas o el “Arca de Noé de las Semillas”.
Fue un viaje terrestre y por avión. Así fue como se cumplió la iniciativa del Consejo Oleícola Internacional (COI).
El “Arca de Noé de las Semillas” fue inaugurada en 2008 y guarda 1,3 millones de semillas de todo el mundo. Son réplicas de las que guardan en los bancos nacionales, regionales e internacionales. Son tres bóvedas de roca idénticas e independientes, de 9,5 x 27 metros cada una.
Las semillas almacenadas en la bóveda están empaquetadas en bolsas selladas dentro de cajas selladas y colocadas en estantes altos dentro de la bóveda.
De España salió una delegación internacional, pero esta no pudo llegar al Ártico debido a las malas condiciones climáticas. Sin embargo, Jaime Lillo, director ejecutivo del COI, y Kent Nnadozie, secretario del TIRFAA (FAO), lograron llegar a Svalbard y celebraron un acto simbólico de entrega.
Las semillas resguardadas son un avance importante en la protección del patrimonio genético mundial del olivo. Una especie emblemática de la cuenca mediterránea que ya se cultiva en los cinco continentes y no es ajena a los grandes desafíos globales como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad o la aparición de nuevas plagas y enfermedades.
“Las semillas que hemos depositado son la herencia de agricultores que, a lo largo de la historia, eligieron los árboles más resistentes, los que ofrecían mejores frutos, o aquellos que se adaptaban a suelos, climas y condiciones diversas. Estas semillas son una garantía para que las generaciones futuras puedan seguir disfrutando de un producto tan extraordinario como el aceite de oliva”, señaló Lillo.
Kent Nnadozie, secretario del Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura (TIRFAA), considera este depósito como una muestra de lo que es posible cuando los países, las instituciones de investigación y las organizaciones internacionales trabajan juntos para salvaguardar los cultivos que sustentan a la humanidad.
Para Luis Planas, Ministro de Agricultura de España, “en Svalbard, en el también conocido como Arca de Noé de las semillas, entran, por primera vez, las semillas del olivo, uno de los grandes tesoros de nuestra agricultura. El olivo constituye un ejemplo milenario de sabiduría, conocimiento y adaptación”.
Agregó que: “Las distintas poblaciones que se han sucedido en la cuenca mediterránea han ido heredando, de generación en generación, los mejores olivos. Además, esa transmisión de los recursos genéticos mejor adaptados ha ido acompañada de los conocimientos desarrollados para su cultivo, con una clara finalidad: cubrir las necesidades alimentarias de la población en cada momento”.
Planas acota que es un logro el depósito de las semillas de olivo en el archipiélago noruego de Svalbard es la salvaguarda de este patrimonio fitogenético en favor de las generaciones venideras.
Si largo y azaroso fue el viaje, también lo fue el proceso de selección de las semillas de olivo. Requirió un trabajo científico riguroso. Primero, la recolección del fruto, luego el procesado y secado de los endocarpos, la evaluación de la viabilidad germinativa y la conservación en condiciones controladas, siguiendo los protocolos internacionales establecidos para depósitos de este tipo.
Pero no fueron cualquiera las semillas de olivo que se llevaron a la Bóveda Mundial. Fueron unas, procedentes de árboles de polinización libre de la colección del Banco de Germoplasma Mundial de Olivo de Córdoba (BGMO-UCO) que alberga más de 700 variedades originarias de países miembros del COI, como Albania, Argelia, Chipre, Croacia, España, Francia, Grecia, Italia, Marruecos, Portugal, Siria, Túnez y Turquía— así como de semillas procedentes de ejemplares silvestres (acebuches) de distintas poblaciones naturales de la Península Ibérica y las Islas Canarias recolectadas por la Universidad de Granada.
¿Por qué esta selección? Concepción Muñoz, profesora titular del Departamento de Agronomía de la Universidad de Córdoba dio la explicación: “La diversidad genética es lo que garantiza la continuidad de cualquier cultivo. Sin variabilidad genética no es posible desarrollar nuevas variedades capaces de adaptarse a los desafíos actuales”.
Añade que por eso es fundamental conservar también los parientes silvestres del olivo, que a menudo “albergan genes de resistencia a enfermedades y a estreses abióticos —como la sequía o las altas temperaturas— poco representados en el material actualmente cultivado”.
Las semillas de olivo se separaron en tres lotes: uno disponible para su utilización en la colección de BGMO-UCO y dos, que se enviaron al Centro de Recursos Fitogenéticos, responsable de la conservación a largo plazo en España.
Stefan Schmitz, directora ejecutiva de Crop Trust, comentó: “Este primer depósito de semillas de olivo en la Bóveda Global de Semillas de Svalbard marca un hito histórico para la conservación global de nuestros cultivos”. Salvaguardar la diversidad del olivo brinda una red de seguridad esencial a productores, investigadores y a la industria oleícola mundial ante los crecientes desafíos de un futuro incierto.
Mientras que Lene Krol Andersen, directora ejecutiva de NordGen, “las aceitunas son importantes no solo por sus beneficios para la salud y por constituir una fuente vital de ingresos para los productores de toda la cuenca mediterránea, sino también porque representan un símbolo cultural profundamente arraigado, hasta el punto de que resulta difícil imaginar la vida sin ellas”.
Preservar el olivo significa salvaguardar un cultivo milenario de enorme valor medioambiental —capaz de actuar como sumidero de carbono— y garantizar la producción del aceite más saludable del mundo, esencial para alimentar de manera sana y sostenible a una población global en constante crecimiento.
FUENTE: Con información del Consejo Oleícola Internacional y Gobierno de Noruega

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