sábado 4  de  abril 2026
PERIODISTA Y ESCRITOR SATÍRICO

No se trata de lápices contra kalashnikovs

MADRID.- Nos están decapitando, secuestrando, y baleando. Y todo lo que hacemos en respuesta es dibujar lapicitos tronchados y difundir elementales comunicados de condena a la violencia

Diario las Américas | ITXU DÍAZ
Por ITXU DÍAZ

MADRID.- No son unas caricaturas. No es la libertad de expresión. No es eso. Como tampoco era la guerra de Irak. Aunque esa bandera sea más romántica y aunque en estos envejecidos días de plomo resulte más sencillo aferrarse a la emoción global de enfrentar un lápiz con un Kalashnikov. No es eso. No es más importante la libertad de expresión que la libertad. No son sólo unos locos. Es mucho peor, es la guerra. Quizá la guerra más negada y silenciada de la historia.

Desde que Occidente ha dejado de sufrir grandes conflictos bélicos “oficiales”, con sus declaraciones de hostilidades, sus mapas en dos colores, y sus bombardeos, no cesa en su empeño por vivir en la burbuja de su cuento de hadas. La última gran campaña de la estupidez occidental fue “Bring back our girls”.

Había pancartas rosas con forma de corazón, grandes lágrimas en manifestantes en Nueva York, decenas de políticos en España haciéndose fotos con el lema entre las manos, y la sensación de que, si hacíamos mucha presión, esos cerdos podrían liberar a las pobres niñas.

Pero en la historia del terrorismo, no se conoce aún a ningún asesino que haya entregado su arma y soltado a sus rehenes por ver un corazón reivindicativo en un telediario, ni siquiera por un puñado de lágrimas de una jovencita europea en un emotivo primer plano. Lamentablemente no. Tiene lógica. ¿Ustedes imaginan a Adolf Hitler recapacitando por un corazoncito con un hashtag pintado dentro?

Aquel “Bring back our girls”, para Occidente, era sólo un “lava pronto mi conciencia que he de irme y pensar en otro asunto menos doloroso”. Y así fue. Boko Haram nunca ha liberado a las niñas, si exceptuamos aquellas que han logrado escapar y cuyos relatos de terror no han llegado a las portadas de nuestros periódicos por no estropear el karma occidental.

Apuesto a que si hacemos una encuesta en Europa o Estados Unidos, cerca del 100% de los participantes estarán convencidos de que las niñas se encuentran en libertad. Pero no. Lamentablemente no. Lo único que han hecho los islamistas desde entonces es secuestrar más y más niñas.

Con la dejadez adolescente de un niño grandote pero inmaduro, la historia se repite con los atentados en París. Dos son las loables y únicas preocupaciones del europeo medio: gritar a favor de la libertad de expresión y mostrar enorme desasosiego por los hipotéticos brotes de islamofobia que pudieran producirse.

Las portadas de toda Europa reproducen sin descanso los dibujos –con los que, por cierto, se ofende grave y gratuitamente a esa legión de musulmanes que llaman “moderados”- y denuncia con altanería que los periódicos norteamericanos se nieguen a hacerlo.

Europa se llena de homenajes a los dibujantes de Charlie Hebdo. Algunos conmovedores, sí, pero resulta obligada la pregunta: ¿eso es todo lo que se espera de Occidente, de unos medios de comunicación libres y responsables?

Ninguna de las mil viñetas alegóricas que oponen lápices a fusiles servirá para nada más que para empatizar con el gran sentimiento universal de pena por la muerte de inocentes. El homenaje póstumo a Charb de publicar sus viñetas más polémicas, tampoco. Porque en el fondo, ni Al Qaeda ni el Estado Islámico están luchando para tapar la boca a ningún periodista.

Lo que se está librando es otra batalla. Quieren someter a Occidente e implantar la ley islámica. Quieren mujeres lapidadas en Nueva York, esclavas sexuales en Madrid, y cristianos crucificados en París. Y quieren a nuestros hijos recitando el Corán.

De algún modo, esa era la denuncia de Stéphane Charbonnier, que iba mucho más lejos que la simple publicación de unos dibujos. También es la de Michel Houellebecq, que horas antes del atentado estaba siendo lapidado mediáticamente por los propios franceses, y al que la izquierda europea consideraba islamófobo y fascista.

El brutal asalto a Charlie Hebdo ocurrió el día en que salía a la venta “Sumisión”, la novela en la que Houllebecq recrea la llegada a El Elíseo de un presidente islamista en el año 2022, espoleando la conciencia de un país, Francia, cuyos irresponsables gobernantes han confundido laicismo con la renuncia a sus propios valores, integración con sumisión, y que hoy, con todo Occidente, se pregunta confuso “¿qué hemos hecho mal?”.

La respuesta, por supuesto, la tiene Hollande y Obama y Merkel y Cameron y Rajoy. La generación de gobernantes que está siendo incapaz de admitir que estamos en una guerra y que, en última instancia, no se atreve ni a contárselo a sus ciudadanos. Nos están decapitando, secuestrando, y baleando. Y todo lo que hacemos en respuesta es dibujar lapicitos tronchados y difundir elementales comunicados de condena a la violencia.

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