martes 28  de  julio 2026

Contrastes

Escribo esto porque aunque ahora parezca insignificante, en unos años no lo será. Mi hija será grande y no me necesitará tanto como ahora

Escribo esto porque aunque ahora parezca insignificante, en unos años no lo será. Mi hija será grande y no me necesitará tanto como ahora. Y estos días llenos de alegría y agotamiento al final del día, quizás no los tenga cuando mi hija ya no sea una niña. Cuando quizás ya no me haga reír a carcajadas, pero pueda sentarme a conversar con ella, de igual a igual.

Ahora mis días están llenos de contraste, risas cuando ella tiene una ocurrencia y me quita el tequeño de la mano cuando estoy a punto de meterlo en mi boca, y se lo come, mirando el partido de fútbol en la tele, sin siquiera una pizca de suspicacia por lo que acaba de hacer, como si estuviera tan acostumbrada a recibir la comida de mi mano, que incluso cuando es para mí, ella cree que es para ella.

Cuando pasa eso me río y la celebro y le digo me robaste mi tequeño, pero hay contraste cuando ella lanza un grito sin motivo y de pronto parece molesta y yo la miro aún más molesta y le digo por qué gritas, no tienes por qué gritar así. Y luego ella vuelve a reír y se olvida del mal rato, pero yo tengo que tomar agua helada porque ya mi cabeza está dando vueltas, pensando, u00bfserán normales esos cambios de ánimo tan repentinos? Y luego, al final del día, cuando estoy lejos de ella, escribiendo a solas en mi cuarto mientras ella duerme, pienso, es una niña, los niños son así, cambian de humor rápido y no son rencorosos. El otro día por ejemplo su papá se echó en su cama mientras ella veía sus dibujos animados preferidos, justo antes de dormir, y ella le dijo, levántate. Sonó feo y él se fue triste y al rato ella me pregunta, u00bfy mi papi? Y yo, pero si tú lo botaste. Y luego me eché un breve discurso de treinta segundos de por qué no debía hablar así, menos a su papá. Me fui al cine sin saber si había hecho lo correcto, y al día siguiente, muy temprano en la mañana, la nana me mandó un video en el que ella miraba a la cámara del celular y decía: I u2019m sorry papi, te invito a mi cama. Son esos momentos en el que el corazón se me hace chiquitito, como el otro día, que estaba en su cuarto a oscuras, haciéndola dormir, y le dije mañana comienzas"summer camp u201d, que son actividades de verano en el colegio al que va, y como sé que adora a su profesora, que la ha tenido dos años seguidos, y que ahora ya no la tendrá más porque pasa a un año más, sé que eso será un cambio para ella y le digo: quiero que sepas que no va a estar la miss Mafe. Y ella me mira con toda esa inocencia que solo puede tener un niño y me dice: u00bfestá enfermita?

Esos son momentos de ternura absoluta, cuando le toca la barba a su papá y dice que es u201cbaby hair u201d, o me mira la cicatriz de la cesárea mientras nos bañamos juntas y yo le digo que por ahí nació ella, que papi puso una semillita en mi barriga, y ella me interrumpe y me dice: u00bfcomiendo?

Están todos esos momentos de alegría y están los de cansancio, esos otros en los que uno quiere gritar u00a1silencio!, cuando la llevo a clases de natación y se acerca a las profesoras y les dice, y qué es eso, señalando algún tatuaje, y qué es eso, y qué es eso, y no para y ellas me dicen en cubano risueño, u00a1pero está niña no para de hablar!, o cuando estamos en casa y me jala del polo para llevarme a alguna parte, cuando me habla en un idioma que no entiendo, cuando me dice tú eres el caballo, y me hace caminar a cuatro patas por toda la sala, cuando me lleva al saltarín cuando el sol está muy arriba, y yo hago todo eso, casi siempre, a veces le digo que no, pero la mayoría de veces cedo a regañadientes y ella sonríe y me dice mami u00a1canta!

Eso es así, siempre que nos subimos al auto solas, ella tiene que verme cantar, sino canto, me grita desde su car seat, u00a1mami canta! Porque está acostumbrada a que cuando la voy a buscar al colegio, le pongo alguna canción que me gusta mucho y que canto con la música a todo volumen. No sabía que ella también lo disfrutaba tanto como yo. Ahora si por algún motivo me subo al auto con un leve aire sombrío, sin ganas de escuchar música, ella me pide desde atrás: música. Lo pide una sola vez y con un tono de voz tan imperativo que no sé de dónde ha salido tanta autoridad. Creo que de su padre, es dictadora como su papá, pero es una dictadura a la que todos nos queremos sumar. Es una dictadura en la que solo hay dos reglas: todos duermen la siesta y prohibido llorar.

Y ella eso lo sabe, por eso a veces se echa a llorar en momentos en los que no ha ocurrido nada, solo para llamar la atención de él. Sabe que si llora él saldrá de donde tenga que salir, se despertará de su siesta y saldrá hundido en su enorme casaca térmica y le dirá qué te pasa mi amor, qué te han hecho. Y ella por supuesto, que de actriz tiene una vena que tampoco heredó de mí, llora aún con más ganas, sin lágrimas, moviendo la boca de todas las formas posibles. Luego ella le dice que parece un oso en esa casaca y juegan a que son osos y se asustan entre ellos. Ese es uno de los momentos más felices del día. Cuando nuestras energías confluyen y reímos al mismo tiempo.

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