martes 3  de  febrero 2026
OPINIÓN

Delcy Rodríguez y la reorganización del Cártel de los Soles

Cuando un régimen cae en vulnerabilidad, lo primero que reorganiza no es el Estado, sino su estructura de control

Diario las Américas | MIGUEL ÁNGEL MARTIN
Por MIGUEL ÁNGEL MARTIN

Apenas 18 días después de la Operación Resolución Absoluta, que culminó con la salida de Nicolás Maduro del poder, Delcy Eloína Rodríguez se movió con rapidez para reordenar el control del estamento militar venezolano. En un lapso mínimo se ejecutaron 28 cambios en posiciones clave, abarcando el Alto Mando Militar Ampliado, bases aéreas estratégicas, Regiones y Zonas Operativas de Defensa Integral (REDI y ZODI), la Guardia Nacional Bolivariana, brigadas de combate y academias militares.

Más que ajustes administrativos, estos movimientos apuntan a una reconfiguración interna del Cártel de los Soles, estructura integrada históricamente por altos oficiales generales y señalada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos como una organización criminal vinculada al narcotráfico y al crimen transnacional.

Legalidad aparente, poder real

Las resoluciones están firmadas por el ministro de la Defensa, GJ Vladimir Padrino López, por instrucción directa de Rodríguez en su condición de “Presidenta Encargada”, apoyándose exclusivamente en la Ley Constitucional de la Fuerza Armada y sin referencia expresa a la Constitución chavista. Este detalle refuerza la idea de un poder ejercido desde una legalidad instrumental, orientada a preservar el control interno más que la institucionalidad republicana.

Rotación de cargos, preservación de redes

Dentro del ámbito militar, los nombramientos son percibidos como redistribución de cuotas y ajustes de confianza, no como reforma estructural. Los movimientos en regiones vinculadas al narcotráfico, control territorial y rutas aéreas y marítimas sugieren continuidad de redes antes que depuración institucional.

Sobresalen el relevo en la REDI Oriental —corredor estratégico para economías ilícitas— y el cambio en la ZODI Táchira, frontera históricamente sensible para contrabando, narcotráfico y presencia de grupos armados irregulares.

Alcance del reordenamiento militar

La magnitud de las rotaciones evidencia una reorganización vertical y territorial del poder armado. Los cambios alcanzaron:

- El Alto Mando Militar Ampliado

- Varias REDI y ZODI en zonas críticas

- Comandos estratégicos de la Guardia Nacional Bolivariana

- Las principales bases aéreas del país

- Brigadas de combate y unidades especiales

- Academias militares, proyectando el reordenamiento hacia la formación de nuevos oficiales

Destacan los relevos en la REDI Oriental, la ZODI Táchira y las bases aéreas de La Carlota y El Libertador, nodos clave para el control territorial, fronterizo y aéreo.

En conjunto, no se trata de una reforma doctrinal, sino de una redistribución de mandos en todos los niveles del sistema de control armado del Estado.

Control de nodos críticos

Los cambios en La Carlota y la Base Aérea El Libertador revelan una depuración selectiva en la Aviación Militar tras los hechos del 3 de enero, en áreas vinculadas al control del espacio aéreo.

En la Guardia Nacional Bolivariana, los nombramientos refuerzan la prioridad del control interno y del orden público, incluso con figuras sancionadas internacionalmente. La fidelidad política y funcional se mantiene como criterio central, aun a costa de mayor aislamiento externo.

Lectura estratégica: reconfiguración post-derrota

La rapidez y profundidad de los movimientos indican un objetivo claro: blindar el núcleo del poder real. No hay transición ni reforma doctrinal, sino una reingeniería del aparato militar-criminal que ha sostenido al chavismo.

La reorganización ocurre tras la derrota operativa fulminante sufrida frente a la acción de Estados Unidos, que expuso la inexistencia de capacidad real de disuasión y defensa. Quedó en evidencia que el aparato militar funciona principalmente como estructura de control interno y protección de redes ilícitas, vulnerable ante una fuerza profesional.

Los cambios, por tanto, no castigan la ineficacia militar frente a una amenaza externa; redistribuyen cargos para preservar lealtades, cerrar fisuras y asegurar nodos estratégicos —territoriales, aéreos y fronterizos— esenciales para la supervivencia del entramado de poder.

La actual reorganización se corresponde con la reconfiguración de una estructura militar derrotada, que se repliega sobre su función real: el control coercitivo interno y la protección del Cártel de los Soles en una nueva fase tras haber quedado expuesta su fragilidad.

No estamos ante una fuerza armada que se transforma, sino ante un aparato derrotado que se reorganiza para sobrevivir.

Perfil del autor

Miguel Angel Martin

Doctor en Ciencias (UCV). Especialista en Derecho Público (UCAB); Resolución de Conflictos (Government Institute, Minneapolis); y en Políticas de Seguridad y Defensa (Centro William Perry, Washington D.C.). Magistrado principal de la Sala Constitucional del TSJ de Venezuela. Profesor universitario.

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