Al parecer, tenemos buenas razones para empezar a mirar al futuro con optimismo, dada la posibilidad de que regresemos a una vida más normal a partir de la segunda mitad de 2021.

Gracias a las facilidades para vacunarse gratuitamente a nivel nacional, las restricciones por la pandemia se están suspendiendo progresivamente, mientras se celebra el bienestar económico implícito, comenzando por la propia capital estadounidense.

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Sin embargo, persisten algunas señales preocupantes.

Por una parte, la negativa de una gran cantidad de personas a recibir la vacuna contra el COVID-19 y por otro lado la llegada de la inflación, que puede arruinar los cálculos económicos.

Por ahora, parece cada vez más improbable que el presidente Joe Biden pueda cumplir su objetivo de vacunar al menos al 70% de los adultos para el 4 de julio, con al menos una dosis de la vacuna, a menos que pueda vencer la resistencia de aquellos que no creen en la efectividad del fármaco o que piensan que es una estrategia político- partidista con una agenda oculta.

Casi el 62 % de la población ha recibido al menos una dosis, pero el impulso inicial del programa nacional se ha desacelerado en las últimas semanas y los gobiernos regionales han tenido que ser más proactivos para persuadir a los miembros reacios de la sociedad a que se inoculen, incluso recurriendo a extravagantes premios para laurear el mérito.

Por lo pronto, Biden está recibiendo reconocimientos por el programa de profilaxis, según una encuesta de Harris Insights and Analytics, una empresa estadounidense de investigación y análisis de mercado que ha rastreado el comportamiento de los estadounidenses desde 1963 y que mostró recientemente que el 68 % de los votantes aprueban el manejo de la emergencia sanitaria de la Casa Blanca.

Este optimismo en casa contribuyó a reforzar el liderazgo estadounidense durante la cumbre del G-7, el foro político intergubernamental de las economías más avanzadas del mundo, formado por Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, el Reino Unido y Estados Unidos, países que representan el 60% de la riqueza mundial neta.

El G7 se comprometió a donar 1.000 millones de vacunas, prevenir futuras pandemias, reducir la huella de carbono y contrarrestar la influencia de China en el mundo con financiamiento destinado a los países menos desarrollados. Una iniciativa casi comparada con Bretton Woods, el orden monetario acordado luego de la II Guerra Mundial, destinado a gobernar las relaciones económicas entre estados independientes.

Si bien es cierto que las lecciones del encierro podrían conducir a un cambio dramático en los estilos de vida laborales, hay indicios positivos de que la economía volverá a prosperar. El número de puestos de trabajo creados está aumentando y de hecho se está animando a todos a regresar a las oficinas, pero el riesgo de inflación está ensombreciendo el panorama.

El índice de precios al consumidor subió a una tasa anual del 5% en mayo, frente al 4.2% de abril, el más alto desde agosto de 2008 y según la Oficina de Estadísticas Laborales estadounidense, la inflación ha aumentado constantemente desde enero, cuando rondaba el 1.4%.

El temor es que el gasto público masivo para mitigar el golpe de la crisis y el auge económico, posterior a las vacunas, haga que los consumidores vuelvan a gastar dinero provocando el aumento de precios y creando así la tormenta inflacionaria perfecta.

Un aumento de precios demasiado rápido podría forzar a la Reserva Federal a subir las tasas de interés antes de que la economía se haya recuperado por completo.

“Estábamos proporcionando una demanda muy superior a cualquier estimación plausible del potencial de producción de la economía durante los próximos dos años y eso significó aumentos sustanciales de precios. Si se observa el mercado inmobiliario, el de los autos usados, las materias primas, la escasez de mano de obra, son productos que reportan aumentos de precios. Una señal de que la inflación está ahí” dijo recientemente Charles W. Elliot, profesor y presidente Emérito del Harvard Kennedy School, durante una charla en el Council of Foreign Relations de Washington DC.

La Reserva Federal ha dicho que hay que tener paciencia antes de que suban las tasas de interés y que cualquier pico de inflación por encima del rango aceptable es puramente transitorio.

Solo esperemos que tenga razón.

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