martes 28  de  julio 2026

El rey que abdicó sin ser rey

Hoy Europa necesita deshacerse de sus monarquías con desesperación. Son un lastre político, moral y financiero; una reliquia que perdura por inercia

nFrancisco Franco, el viejo caudillo español, tenía un extraordinario parecido (no físico, por supuesto, sino político) con algunos dictadores actuales de América Latina. Sus ministro decidían cómo debía funcionar la economía, qué textos usarían los niños en la escuela y qué periódicos se podrían leer. Sus cancilleres pactaban con Estados Unidos, con Fidel Castro, con el papa de turno, y con quien hiciese falta, para conservar el poder. n

Muchos creyeron por eso que el franquismo nunca se iría pacíficamente. La democracia regresaría a la Madre Patria, inevitablemente, en medio de grandes convulsiones sociales, una perspectiva que aterraba a muchos españoles, que por ese motivo se aferraban peligrosamente al viejo caudillo. n

Pero tres décadas antes de que Franco muriese, un elegante caballero de nombre Juan Carlos Teresa Silverio Alfonso de Borbón y Battenberg, planificó lo que más adelante se conocería como u201cla transición española u201d, una serie de lentos y paulatinos cambios, negociados milímetro a milímetro con el propio Franco, para ir desmontando de manera muy cuidadosa, el terrible régimen franquista, y reemplazarlo paulatinamente por una monarquía constitucional, como la de Inglaterra. n

Ese señor, Juan de Borbón -como se lo recuerda-, fue el padre del rey que acaba de abdicar.

nFranco nunca quiso coronarlo rey, aunque le correspondía, porque era hijo de Alfonso XIII. Así que don Juan, para convencer al viejo caudillo de sus buenas intenciones, le entregó a su único hijo varón, de 11 años. Él se quedó a vivir en Portugal, mientras el futuro rey Juan Carlos I se instalaba en Madrid, bajo la tutela del dictador, bien vigilado por los servicios secretos del franquismo. n

Varias veces la transición estuvo a punto de fracasar. Cualquier día Franco se despertaba de mal genio y mandaba a la casa real al cuerno. Entonces don Juan, desde su retiro obligado, movía los hilos diplomáticos para restaurar la paz.

nAl cabo, Franco murió pacíficamente; ninguno de sus seguidores fue encarcelado; Juan Carlos I, ya convertido en un hombre, asumió el trono; y España, pudo volver a las urnas sin grandes cataclismos políticos.

nMuchas dictaduras han intentado copiar esa experiencia, pero el éxito de la transición española, de un régimen asfixiante a una democracia más o menos moderna, no se ha podido repetir completamente por una razón muy simple: en ningún otro país se planificó el cambio con tanta anticipación. n

Hoy Europa necesita deshacerse de sus monarquías con desesperación. Son un lastre político, moral y financiero; una reliquia que perdura por inercia. El papa Francisco (que en última instancia no es sino un monarca coronado) ya se dio cuenta y comenzó el cambio en el Vaticano. Pero en España no hay un nuevo don Juan que visualice la nueva transición. Muchos concluyen por eso que la monarquía sólo se irá en medio de grandes convulsiones y, atemorizados, se aferran al nuevo rey. n

u00bfQuién dijo que la historia no se repite?

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