martes 27  de  enero 2026
ANÁLISIS

Fidel Castro: ¿cómo millones de cubanos no vieron que era un orate?

Pero lo principal: veo a todos esos cientos de miles de cubanos adorando a un imbécil con evidentes dotes oratorias. A un “hijo de papá” que nunca tuvo un empleo productivo

Diario las Américas | Omar Sixto
Por Omar Sixto

Acabo de ver un documental dirigido por Ricardo Vega y producido por la escritora y patriota cubana Zoé Valdés. Un documental donde se proyectan imágenes de ese fenómeno histórico al que denominan Revolución cubana. Es como ver en imágenes lo que escribí en Se acabó la diversión.

Viendo esos reels, o cortos, veo escenas que enriquecen, o mejor dicho, completan, mi visión de lo que pasó en esos convulsos años.

Veo, en primer lugar, a un pueblo —palabra que ustedes saben que aborrezco— entusiasmado ante la sarta de mentiras que un orate les decía, les prometía.

Veo a esa gente pidiendo paredón contra curas y opositores, pidiendo que los fusilen.

Veo imágenes de cuando, durante la llamada Ofensiva Revolucionaria, las turbas comunistas decomisaron todas las mercancías de los pequeños comerciantes que aún subsistían. Como si tener un inventario en un negocio privado fuera un pecado.

Pero lo principal: veo a todos esos cientos de miles de cubanos adorando a un imbécil con evidentes dotes oratorias. A un “hijo de papá” que nunca tuvo un empleo productivo.

Y en las imágenes que Zoé recopiló se ve a simple vista que el sujeto, Fidel Castro, el Orador Orate, era un psicópata compulsivo.

Si en mi libro se evidencia esta condición, en las imágenes que compilaron Zoé y Ricardo Vega se aprecia a simple vista el nivel de locura de este tipo.

Es increíble que un individuo como este, y toda su pandilla de ineptos, hayan logrado hacerse del destino de todo un país alegre y próspero.

Consecutivamente se ven fragmentos de los discursos del Orate prometiendo riquezas, producción, abastecimiento, mientras decenas de miles de cubanos lo vitorean.

Cubanos que iban camino a lo que viven hoy, o malviven, en la isla fallida. La generación de los padres de mis padres, la de mis padres. Suerte tengo de que mi abuelo Papá Lelé, respetado como nadie, desde el 1 de enero de 1959 les dijo a sus hijos todo lo que venía.

Predicción certera.

El documental nos muestra la genuflexión del Orate Barbudo ante sus amos de Moscú cuando apoyó y defendió la masacre ejecutada por los zares comunistas en Checoslovaquia. Era 1968, el año de esa Ofensiva Revolucionaria.

Cosas de la vida, de la política “antimperialista”, siempre podrida: once años después, el mismo Orador Orate, abyecto de los soviéticos, fue anfitrión de una cumbre de países que, según decían, no se alineaban ni con Moscú ni con Washington.

Daría risa en otra situación, pero menos de un año después, en 1980, más de cien mil cubanos huyeron de ese manicomio en medio de humillantes actos de repudio.

El “pueblo” de Cuba es ese mismo que yo ahora quisiera ver libre, pero hay que recordarle sus acciones.

La verdad es que yo llevaba años, décadas, sin ver al Orate en su acto. Todo lo que he escrito hasta ahora, hasta ver este documental producido por Zoé, fue a partir de mi memoria y de documentos oficiales.

Pero reencontrarme con el sujeto, en imágenes, después de treinta años, ya siendo quien les escribe un tipo maduro —no mucho, pero lo suficiente—, permite ver a simple vista que era un Orate embaucador.

Aun sin ver las imágenes ya lo había contado; ahora que las vi quedé asombrado de cómo tantos respetaron y temieron a este maníaco.

Después de prometerles a los cubanos que en pocos años iban a estar nadando en leche fresca y con el colesterol por el cielo de tanto comer carne, pollo y huevo, les —nos— metió un racionamiento de alimentos y productos de consumo que, lánguidamente, persiste hasta nuestros días.

Antes de que los cubanos le entregaran su destino, ellos mismos podían comer lo que quisieran, siempre que les alcanzara el dinero, como en cualquier país libre. Trabajabas, ganabas dinero y podías comer lo que quisieras.

Después de la instauración del totalitarismo, específicamente en 1962, esa libertad también desapareció. Desde entonces, hasta nuestros días, los cautivos de la isla de Cuba no pueden decir: “Voy a comprar esto o lo otro”; ahora tenían —tienen— que decir, o mejor dicho, preguntar: “¿Qué llegó a la bodega?”.

Como les conté en mi libro, el racionamiento se sintetizaba en una frase: “Hay, pero no te toca; te toca, pero no hay”.

En fin, el documental producido por Zoé Valdés es una memoria gráfica de todas las estupideces que este individuo hizo para destruir un país próspero y libre.

Se mantuvo hablando mierda durante cuarenta y siete años, Orador al fin. Se mantuvo destruyendo y jodiendo todo lo que tocaba durante ese mismo tiempo, Orate al fin.

Uno hubiera pensado que, cuando estiró la pata en 2016 y se mudó a la rústica piedra que le sirve de sepultura, aquel manicomio se iba a enderezar, o al menos a empezar a cambiar el rumbo hacia la sensatez.

Tuvieron una oportunidad única. El presidente Barack Hussein Obama les había otorgado la victoria. Ellos, los Castro y su régimen, habían ganado el diferendo bilateral sin hacer nada.

Obama les abrió las puertas de Estados Unidos.

Incluso La Habana se llenó de gringos y de celebridades que llegaban a disfrutar lo snob del museo totalitario que por entonces era la isla.

Y no: los que heredaron el trono del Orador Orate, esos de la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba, fueron tan ineptos —lo siguen siendo, que conste— que dejaron ir una oportunidad única.

Al contrario, atacaron con un arma sónica a la recién abierta embajada de Estados Unidos. Dejaron a sus funcionarios contando estrellitas y caminando como borrachos.

Actuaron como en la conocida fábula de la rana y el escorpión. La ponzoña está en su esencia.

De 2016 a 2026 se han mantenido hablando la misma mierda que el Orate, con menos locuacidad o elocuencia, con mucho menos arte. El Orate no era un inepto: era un hijo de puta, muy inteligente, talentoso, pero muy hijo de puta.

Los Barrigones de la Junta Militar que se dice Gobierno de Cuba son, a la vez, ineptos e hijos de puta.

En 2016 pudieron haber encauzado su dictadura maligna; hasta tuvieron la oportunidad, que les dio Obama, de mantenerse en el poder mientras liberaba las capacidades productivas de los cubanos.

En vez de eso, se atrincheraron en sus discursos vacíos mientras dejaban que el país se cayera a pedazos, hasta llegar a la catástrofe humanitaria que hoy aqueja a lo que queda de la isla.

Como les he estado diciendo, su barco se hunde. No tiene remedio, no tiene reparación posible. Como una fruta cuando se pudre. No hay vuelta atrás.

Imagino que Zoé Valdés y algún director de su preferencia ya están preparando el guión de otro documental. Ahora sobre estos imbéciles malignos que heredaron las ruinas que les dejó el Orate y las convirtieron en desolación absoluta.

De ese guión solo faltaría el final. Eso depende de Trump, o de los cubanos de la isla.

O de ambos, quién sabe.

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