Si es innegable que la victoria de Brasil en la Copa América conmocionó no solo a parte del gigante sudamericano, sino a hinchas de todo el mundo, y que México, ahora con el argentino Gerardo “Tata” Martino como técnico, hizo vibrar el planeta fútbol al ganar la Copa de Oro, las estadounidenses no solo obtuvieron el título mundial en Francia este domingo, sino marcaron un hito para la historia de la humanidad.

Estados Unidos jugó la final frente a Holanda. Las holandesas trascendieron el anonimato futbolístico al obtener el título de Europa en 2017. Ahora acariciaban un sueño, esquivo a los tulipanes desde que la selección liderada por Johan Cruyff (1974) fue bautizada como “La naranja mecánica”. Van Dongen, lateral izquierda, que juega con el Real Betis, dijo: “Estamos muy felices, viviendo un sueño”.

Te puede interesar

El propio presidente de Francia, Emmanuel Macron, se dio cita en el estadio de Lyon para ser testigo del accionar de la selección estadounidense, tres veces campeona del mundo (1991,1999, 2015) y cuatro en Juegos Olímpicos (1996, 2004, 2008, 2012).

La técnica de Estados Unidos, Jill Ellis, en una aseveración de visos arrogantes, sentenció: “Tenemos el mejor, y el segundo mejor equipo de esta Copa del Mundo”. Pero el terreno de juego fue harto elocuente al demostrar la superioridad de las multicampeonas, quienes en el 61 anotaron de penal a través de su capitana, Megan Rapinoe, por una falta de Stefanie van de Gragt sobre Alex Morgan, pitada, con asistencia del VAR, por la francesa Stéphanie Frappart. En el 69 remataron a las holandesas, a través de Rose Lavelle, para el 2-0 final. Las archifavoritas ganaron el cuarto título mundial, con Rapinoe y Morgan alcanzando el Botín de Oro y Plata: la capitana obtuvo, además, Balón de Oro, y Lavelle de Bronce.

Fue, según el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, la mejor Copa del Mundo de la historia.

Si los 24.5 millones de televidentes de la final mundial frente a Japón, en Canadá 2015, superaron en teleaudiencia a la discusión del título en la NBA, la actual grandeza del fútbol femenino se reafirmó al jugar Estados Unidos e Inglaterra, en Francia 2019, convirtiéndose en el mayor espectáculo inglés del año, por encima de la final de la Liga de Campeones de la UEFA entre el Liverpool y el Tottenham.

Sin embargo, más allá de las continuas demandas por cerrar la brecha financiera que separa a los hombres de las mujeres, en la Copa del Mundo estuvieron en disputa 30 millones de dólares frente a los 400 en Rusia 2018. Las integrantes de la selección alemana encabezaron una campaña publicitaria en las redes sociales con un filoso y polémico mensaje: “no tenemos bolas, pero sabemos cómo usarlas”.

La noruega Ada Hegerberg, primera mujer en ganar el Balón de Oro, se negó a jugar el mundial en reclamo a la igualdad de derechos salariales entre ambos sexos. Fue respaldada por estrellas como la brasileña Marta, Alex Morgan y Megan Rapinoe. Rapinoe acaparó, además, titulares en los medios de prensa por su rechazo a la administración de Donald Trump, al aseverar en un video de la revista Eight and Eight, cuando fue cuestionada sobre si aceptaría una invitación a la sede del gobierno si ganaban el mundial: “No iré a la jodida Casa Blanca”. En un inicio Trump señaló que “Megan nunca debería faltar el respeto a nuestro país, a la Casa Blanca o a la bandera”, pero este domingo hizo caso omiso a las declaraciones de la capitana, al decir: “¡América está orgullosa de todas ustedes!”.

No solo América, sino el mundo. Como los miles de aficionados que en el estadio de Lyon, previo a la premiación, corearon: “Equal Pay” (Igualdad de salarios). Rapinoe, después del juego, señaló: “Hay que pasar a la etapa siguiente. Todo el mundo está preparado para que cobremos lo mismo”. El pasado 8 de marzo, 28 jugadoras denunciaron a la federación estadounidense de fútbol en un tribunal de Los Ángeles por discriminación, recibiendo el respaldo de 50 congresistas hace poco más de una semana.

Estados Unidos, epicentro de las luchas por los derechos de la mujer en el deporte en los años setenta y ochenta del pasado siglo, ahora las lidera en el fútbol. Sus actuales resultados son fruto de políticas públicas, como expresa la puesta en vigor del Title IX (1972), ley federal que se contraponía al Acta de Derechos Civiles 964, al prohibir la discriminación por sexo en las escuelas y universidades financiadas con fondos federales.

Si en ese momento solo 700 mujeres practicaban fútbol, ahora la cifra supera las 390.000. Su avance fue condicionado por las escuelas, los colegios, e instituciones de tanto prestigio como la Universidad de North Carolina, Mia Hamm (1989-1993); Florida International University, Abby Wambach (1998-2001) o de Berkeley, California, Alex Morgan (2007-2010). En la actualidad, según la organización española AGM Education, existen 1557 universidades en EEUU que tienen equipos de fútbol femenino.

Los actuales cambios propuestos por el presidente de la FIFA no están divorciados de las presiones. Incluyen la creación de una Copa Mundial de Clubes, de una Liga Femenina, elevar de 24 a 32 equipos los participantes en el mundial del 2023, duplicar el premio monetario de la próxima Copa y elevar de 500 a 1000 millones de dólares el dinero destinado al fútbol femenino en el ciclo mundialista que comienza.

Si esta generación de jugadoras pasará a la historia, no sólo será por su grandeza en el terreno de juego, sino por sus demandas en defensa de la igualdad de género. Sin lugar a dudas, qué equivocado estaba el padre de la versión moderna de los Juegos Olímpicos, Pierre de Fredy, Barón de Coubertin, al asegurar: “Las mujeres sólo tienen una labor en el deporte: coronar a los campeones con guirnaldas”.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

Aparecen en esta nota:

 

Deja tu comentario