Al momento de escribir la presente crónica, quizás Alex Saab esta siendo sometido al interrogatorio de rigor, por la policía de Cabo Verde.

En tal caso, él, que se “las sabía todas” en la llamada RoboLución, ahora, no se las sabe, ninguna.

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Él, que entre septiembre de 2011 y septiembre 2015, según el caso 19-20450-CR de la Corte Sureste del estado de Florida, conspiró una vez para lavar y por siete veces, consecutivas, lavó, consumatum est, en cuentas bancarias de Miami, millones y millones de dólares, provenientes del fraude masivo y por avalancha, con las divisas preferenciales de Cadivi, dirá que, él, no vio nada.

Él, que se encuentra prófugo de la justicia colombiana por negocios ilícitos con el desgobierno de Venezuela, en un programa de alimentación estatal, con productos colombianos de mala calidad, no aptos para humanos, podridos en muchos casos, con sobreprecios, en todos los casos, para que se indigestasen, infestasen –escherichia coli por lo menos– los venezolanos más pobres dirá que, él, no oyó nada.

Él, que, igualmente, en prevaricato con quienes desmandan Venezuela, le vendió –o más bien estafó a la República– con un lote de supuestas casas prefabricadas ecuatorianas, con obsceno sobreprecio –negociado sin sobreprecio no es roboLucionario– por las que recibió, contantes y sonantes, US$159 millones pero que al final, nada más entregó productos equivalentes a US$ 3 millones, dirá que no hizo más que practicar, la redistribución robolucionaria de la riqueza.

Él, que se ha lucrado con la explotación y ventas, ilícitas, de oro, depredado a lo bestia, de las entrañas de nuestro “Arco Minero”; que se corrompió, él mismo y corrompió a los hijastros de Nicolás Maduro, Walter, Yosser, y Yoswal a través de una sofisticada red de compañías fantasmas, socios, comerciantes, políticos, familiares, narcotraficantes, terroristas y todo bicho de uña, dirá que, él, no corrompió a nadie porque esos muchachos eran corruptos desde chiquitos.

Quizás Saab no se encuentra sudando la gota gorda, en una comisaría caboverdeña como elucubramos al comienzo. Tal vez, los agentes de algún escuadrón federal de EEUU lo convencieron –o lo engatusaron según cada quien– para viajar a Miami, y ya va camino a delatar a los esposos Maduro, sus jefes y compinches y conseguir a cambio sustanciales descuentos a sus seguras condenas que podrían totalizar 60 años de prisión, porque a los dos cargos ya citados –20 años cada uno– habría que sumarle el de coautor en la legitimación de capitales con el profesor de la Universidad de Miami Bruce Bagley

Hasta aquí, todo normal, dentro de la anormal RoboLución de Venezuela. El saqueo, la tierra arrasada, el ¡manos arriba! contra el patrimonio público de semejante calaña, se ha erigido en cotidianeidad. Lo que sí no deja de asombrar, ha sido la reacción –más bien pataleta– de la narcotiranía de Maduro, para tratar no de sustraer a Saab de la Justicia, sino substraerse, su supuesto protector de una delación de la que no lo salva nadie. No es cualquier cosa, que, a última hora, a troche y moche, la cancillería roboLucionaria haya emitido comunicado oficial y hasta designado, enviados express ante las autoridades de Cabo Verde, para hacer valer una pretendida calidad de alto funcionario de Saab y con, ella, una supuesta inmunidad, pintoresca, risible, atrabiliaria, a todas luces fraudulenta del hoy preso y seguro delator.

En el Derecho Internacional Público, existen las inmunidades, previstas en las Convenciones de Viena Sobre Relaciones Diplomáticas (1961) y Sobre Relaciones Consulares (1963). Hay, la inmunidad, a favor jefes de Estado, jefes de Gobierno y cancilleres, en oblación del principio, par in parem non habet imperium de aceptación universal y una tercera modalidad de inmunidad internacional, para funcionarios de los Estados cuando se desempeñan como mandatarios o enviados, en actos de gobierno. Verbi gratia: A un enviado que viaja al extranjero a suscribir un acuerdo comercial a nombre de su gobierno, no se le puede reclamar responsabilidad personal, si con tal firma lesiona derechos de terceros, Estados o particulares. A Saab, no se le ha abierto proceso, ni se le ha librado orden de captura por haber actuado en representación de Venezuela, en actos de gobierno. A menos que, la tiranía que desmanda en Venezuela, se haya despojado de toda pudicia –si es que la tuvo– y proclame a los cuatro vientos, oficialmente, que para la narcotiranía en cuestión, lavar dinero sucio, vender comida podrida, vender oro tinto en sangre, son actos de “gobierno”. Sabemos que lo son para Maduro pero deben disimularlo.

Saab, tiene derecho a suscribir o no en Cabo Verde, libre de coacción y apremio, todos los documentos que quiera en el sentido de viajar o no viajar a EEUU a enfrentar la Justicia. En el segundo caso –a lo cual, repetimos, tiene derecho– en Cabo Verde hay previsión constitucional expresa (art. 37 ord. 2º) que pauta la necesidad de juicio imparcial para extraditarlo. Allí podrá dirimir su pretendida “inmunidad’ y hasta su hipotética calidad de perseguido político. Otra cosa es que el magistrado que dictamine se desternille de la risa e, igual, lo mande con sus huesos a la mencionada Corte de Miami.

Entre EEUU y Cabo Verde, a falta de Tratado bilateral de extradición, rigen, la normativa y las prácticas internacionales que las hay, específicamente, entre ambos Estados, porque en 2017, hubo ocasión de tramitar extradición de dos ciudadanos, uno iraní y otro paquistaní a EEUU, mutatis mutandi, igual a la que nos ocupa ahora.

Lo de, corrupto, inmoral, depravado, cipayo, holgazán, desvergonzado, inepto, narcoterrorista, lo sabíamos de sobra. Ahora habrá que agregarle a tal desgobierno, su carencia del sentido del bochorno.

@omarestacio

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