Acaba de concluir, en Pekín, la “Conferencia Mundial de Robots 2021”. Informan sus organizadores, que fueron exhibidos alrededor de 500 prototipos, todos, con Inteligencia Artificial. Algunos son, consejeros matrimoniales, otros enfermeros, pero también hay, niñeras, catadores de vino, socorristas, gurúes, chismosos de condominio con más repertorio que la TV por cable, “Boy-toys”, “Mujeres-florero”.

No somos enemigos del progreso. Además, de nada vale oponérsele. Pese a ello, cada vez que promocionan eventos como el mencionado, nos invade la desesperanza. Uno de nuestros temores se relaciona con la casi segura rebelión de los humanos-máquinas, en un futuro cada día más, presente.

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Mecanismos más sofisticados, más eficientes con el paso del tiempo, con mayor musculatura, pero sobre todo, menos inconstantes que sus predecesores de carne y hueso, en lo que a ética, se refiere. Impondrán su superioridad de cuerpo, pero de alma, sobre todo. Terminarán por apoderarse de la Tierra, sojuzgar a sus inventores si no es que deciden, borrarnos del mapa. En especial, a quienes hemos advertido el peligro con antelación.

Debemos resignarnos: La inferioridad humana es más patética cada día. En particular, en determinados sectores. Un gobernante-robot, por ejemplo, jamás pecaría por guisador. Ni se le ocurriría bailar salsa, después de asesinar estudiantes. Un artefacto sin corazón, tiene más corazón que muchos miserables.

Imposible un gobernante-robot que sea narcotraficante. Inteligencia artificial sin decencia, no es inteligencia.

¿Ponérsele en cuatro extremidades -los robots no tienen patas, sino extremidades- a, chinos, rusos, turcos, iraníes, castrocubanos, narcofaracos, narcoelenos y cuanto bicho de uña, humano o humanoide, viene a explotar nuestros recursos, mitimiti con cierto hombre de hojalata? Eso ¡jamás!

Si a un Presidente-robot, se le quema un chip o dos cables se le cruzan, no habría necesidad de convocar referendo revocatorio, entablarle un impeachment por vendepatria, ni de colgarlo –colgarlo por las inalámbricas, aclaramos- sino que acudir a la ferretería más cercana a comprar los repuestos necesarios. Además, quedaría la posibilidad de exigirle daños y perjuicios al fabricante. Por el contrario ¿Quién va a demandar a los votantes de un país, por la estupidez de sucumbir ante un demagogo vulgar, que no llega ni a hombre de palo, en los eventos internacionales?

El efecto cascada, sería otra de las ventajas de tal avance tecnológico. Uno de ellos, el nivel de exigencia para candidatos a los altos cargos de una robotocracia. Serán cosa del pasado, los ministros con cuentas cifradas en Andorra, antecedentes por asesinato, ni algún generalote nacido humano, amamantado en la Academia Militar, pero arrodillado, como un androide, a causa de su testosterona de silicón. Además, los costos de mantenimiento, atentan contra la supervivencia burocrática del homo sapiens. Cambio de aceite, lavado, engrase y sanseacabó. Hasta 2031. Lo lamentamos, por burócratas al estilo de “El Hombre del Braguetazo”. Los reemplazarán muñecos sumisos, bobalicones, peluches, que no necesitarán que les den manivela, sino recarga con un par de alcalinas triple “A”.

Un gobierno robótico, por lógica, se apegará a los principios de pluralismo, alternabilidad y el Estado de Derecho. Por las buenas, sin necesidad de recompensas ofrecidas por la DEA, de sanciones de la OFAC, ni de promover diálogos envenenados, para sabotearlos después “po’ que pa’ eso semos gobielno”. Cada período constitucional, una fuerza de oposición se aglutinará alrededor de los modelos con los últimos adelantos. Suficiente la transmisión de pensamientos de sus gobernados, para que sintonicen sus más caros anhelos. Los ya venerables ¡Ok, Siri! ¡Eh Alexa! quedarán como antiguallas.

Prevalecerán aquellos funcionarios con garantía de buen funcionamiento. Dos períodos constitucionales consecutivos o 30.000 horas-robot, lo primero que ocurra, y chatarra para el botadero municipal. Precauciones de fábrica, para que no se transformen en tiranos con puño de acero.

Nos encontramos en el umbral de una revolución de verdad. El partido oficialista de Venezuela no necesitará, otra vez, empadronar muertos en el registro electoral, inhabilitar adversarios, meterlos presos, ni adulterar más máquinas de votación. Bastarán varios barcos, desde Pekín, cargados con camaradas de latón y así, ¿quién lo duda? hasta el diputado de la mano cansada o la parlamentaria de los rulos, se reelegirán en sus curules, sin necesidad de reconciliarse con, la decencia, el agua, el jabón y la pasta de dientes.

A la Humanidad, la eliminará la inteligencia artificial, si es que su imbecilidad congénita no le toma la delantera.

@omarestacio

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