martes 28  de  julio 2026

Obama y el sargento

Lo que sí ha dejado claro Obama, ése es el error, es que la libertad de los rehenes depende únicamente de su voluntad política

Si el Presidente Obama estaba intentando allanar el camino para la liberación de otros ciudadanos norteamericanos detenidos en países u201cproblemáticos u201d, lo que ha logrado es convertir ese camino en un terreno minado cuyas explosiones se suceden a medida que se conocen más detalles de Bowe Bergdahl, el sargento recién canjeado por cinco talibanes de rancio pedigrí. n

Los pobres desinformados de este mundo tan complicado sólo conocemos la existencias de dos u201csecuestrados u201d por fuerzas malévolas y adversas: Alan Gross, detenido en Cuba, y el exagente del FBI Robert Levinson, desaparecido en Irán hace siete años. Pero sólo Dios sabe cuántas marañas más de chantaje y connivencia subyacen, pendientes de negociación, en los archivos infinitos del Departamento de Estado. n

En el caso que nos ocupa, el u201crescate u201d negociado del sargento Bergdahl, las incidencias no pueden ser más irregulares: el Presidente se saltó el plazo de 30 días que al parecer lo obliga a informar al Congreso cada vez que quiere sacar a un preso de la cárcel de Guantánamo y, por otra parte, notificó la liberación de su hijo a unos padres cuyo paterfamilias sorprendió a todos con su estilo, imitando al de los talibanes. La imagen del hombre con su barba recortada a lo al-Zawahiri sorprendió desagradablemente a un público que ya estaba predispuesto por las inmediatas reacciones de antiguos compañeros de batalla de Bowe, que insisten en que el sargento no sufrió ningún secuestro sino que de manera voluntaria tomó rumbo hacia las filas del enemigo. n

Barba aparte (porque ese padre en su desesperación, se dice, aprendió hasta árabe para entender mejor a los guardianes de su hijo), el cambio del soldado por cinco elementos con un notorio historial de criminalidad o de asociación criminal ha sido inesperado, sobre todo si pensamos que han pasado cinco años y que entre los liberados hay al menos uno acusado de genocidio, Mula Mohamed Fazi, comandante del Ejército Talibán en la década de los noventa y después jefe del Estado mayor, a quien la ONU responsabiliza por la matanza de miles de musulmanes chiíes cerca de Kabul entre 1998 y el 2001. Los talibanes, según el mismo presidente Obama afirma, probablemente regresen a las andadas ya que al parecer ningún egresado de Guantánamo se ha convertido en modisto de chilabas y todos vuelven derechitos al seno de al-Quaeda. Mientras tanto, estos cinco van para Catar, Emirato árabe soberano y monarquía absoluta, con el per cápita más alto del mundo u2026 que se ha comprometido a vigilarlos y monitorear sus hechos y cohechos. Ya veremos. n

Otra cosa es el destino de Bowe Bergdahl. En su pueblo, donde cada año se celebraba un evento pidiendo su regreso, el ánimo festivo que generó su liberación se ha ido apagando con las denuncias de su aparente deserción y la gran celebración programada para recibirlo, por el momento, ha quedado suspendida. u00bfMotivo? Según las autoridades, el pequeño pueblo de 8.000 habitantes no tiene capacidad para acoger a la multitud de defensores y de detractores, que la llegada de Bowe atraería. n

En las altas esferas del Gobierno la controversia arrecia por momentos y aunque nadie duda de que no se abandona a un soldado, las denuncias de otros soldados son virulentas y una acusación especifica es la de que su deserción provoco la pérdida de varios soldados de su propia unidad, que murieron en el operativo de su búsqueda. n

En las últimas horas, las peticiones para que se juzgue al sargento como desertor se han disparado, pero en el Pentágono la respuesta es contundente: si Bergdahl desertó o no, es independiente del deber de recuperar a un militar prisionero de guerra. Aunque esté en manos de un grupo terrorista y no de un Ejército regular. n

Lo que debería ser una celebración unificadora se ha convertido por tanto en una pesadilla para la administración del Presidente, que se ha visto obligada a tener que dar explicaciones. n

Mientras tanto, si la familia de Alan Gross o la de Robert Levinson, vieron alguna esperanza en esta movida para sus respectivos cautivos, es una pena que dicha esperanza se haya malogrado. O al parecer, nunca debió existir: según la portavoz del Departamento de Estado, Jen Psaki, casa caso es diferente y en cuanto a negociar con Cuba, afirmo que u201cnada ha cambiado u201d. n

Lo que sí ha dejado claro Obama, ése es el error, es que la libertad de los rehenes depende únicamente de su voluntad política, ya que en este caso le pasó por encima olímpicamente a las formalidades que exige el Congreso cuando se toman decisiones de este calibre.

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