domingo 14  de  diciembre 2025
ANÁLISIS

Radio Martí, camino al patíbulo

Los anunciados recortes al presupuesto del Departamento de Estado, y su reflejo en las partidas para los programas de radiodifusión hacia Cuba, colocan a la emisora frente a la peor de sus crisis
Diario las Américas | EMILIO J. SÁNCHEZ
Por EMILIO J. SÁNCHEZ

Es gravísimo.

Lo que se advierte tras esta propuesta de presupuesto proveniente de la Broadcasting Board of Governors (BBG) —que supervisa la Voz de América (VOA), Radio y TV Martí (OCB), Radio Europa Libre/Radio Libertad, Radio Asia Libre y Middle East Broadcasting Networks— podría ser el primer paso, esta vez en serio, para la liquidación de las transmisiones a Cuba, bien sea por su fusión con la VOA (un viejo y naufragado proyecto), bien por la paulatina extinción debido a su cada vez mayor irrelevancia.

El tajo a Radio y TV Martí es de $10 millones, a lo que se agregarían ahorros por concepto de nueva reducción del personal. En lo adelante, las operaciones tendrían que realizarse con $13.6 millones, casi la mitad de lo recibido en el año fiscal 2018, que fueron $23 millones.

Sin embargo, no se trata solo de dinero. En el documento sobre el presupuesto (FY2019 BBG Congressional Budget Justification), que puede leerse en el sitio web de la BBG, la Voz de América (VOA) expande servicios hacia Norcorea, Irán, China, e incluso Venezuela. En Radio Europa Libre y Radio Libertad buscarán asegurar el rigor y balance informativo, optimizar la programación de video y digital, así como desarrollar el periodismo de investigación.

Curiosamente, para Cuba la prioridad es otra. Ante todo, se coloca como objetivo central el cambio de la estructura actual: “Encontrar sinergias entre la OCB y la división latinoamericana de la VOA”. Como prioridad, “aumentar la cantidad de contenido exclusivo para la OCB producido en la isla por periodistas independientes, blogueros, fotorreporteros y videorreporteros y utilizar métodos alternativos de distribución para llegar a la isla” (p. 28).

La Misión diluida

Detengámonos.

Todas las emisoras expanden y perfeccionan sus servicios; todas menos Radio y TV Martí. Lo fundamental, según BBG, es aumentar el contenido elaborado en la isla. No se dice nada acerca de mejorar la programación, ni se menciona de qué manera, en las condiciones de la nueva política de Estados Unidos hacia Cuba, debe cumplirse la Misión por la que fue fundada la emisora, que no es otra que “dar noticias e información con el fin de promover una sociedad abierta y plural”.

El documento alude a resultados de una reciente encuesta. Los entrevistados consideran que lo más importante de toda la programación son las noticias: sobre Cuba, Estados Unidos y el mundo (p. 30). Si esto es así, ¿cómo se explica que, lejos de ampliarse la programación informativa con más noticieros y programas de opinión, esta se haya reducido en los últimos años? ¿Cómo justificar la repetición de programas insulsos y la ausencia de una fuerte y atractiva programación de fin de semana?

Si, como se planea, se pretende aumentar el contenido elaborado en la isla, convendría no olvidar ciertos estándares. Los periodistas independientes hacen un enorme esfuerzo y arriesgan su seguridad a diario, pero afrontan limitaciones de todo tipo, no solamente materiales sino de formación profesional. Así, la calidad y rigor de los envíos es muy desigual y, por lo general, la redacción debe someterlos a un laborioso proceso de edición.

Lo curioso es que Stringers LLC, una compañía radicada en Arlington, Virginia, fue contratada desde el 2012 por la OCB y BBG para “entrenar y gestionar la red de periodistas independientes”. Ella es la encargada de suministrar a Radio y TV Martí los videos y otros materiales provenientes de agencias independientes como En Caliente Prensa Libre, PalenqueVisión, Hablemos Press, Santa Clara Visión, entre otras. Stringers paga $100 por cada reportaje, pero se ignora cuánto gana en la operación. En momentos de austeridad, convendría ampliar la transparencia y que el gasto se fundamente.

Vereda por camino

Días atrás se reunió por primera vez en Washington, por iniciativa del Departamento de Estado, una comisión gubernamental con el objetivo de incentivar en la isla “un flujo de información libre y no regulado”. Esta se propone “examinar los retos y oportunidades tecnológicas para expandir el acceso a internet en Cuba”. La Oficina para la Radiodifusión en Cuba (OCB) integra el Grupo de trabajo, junto con otras agencias gubernamentales, organizaciones no gubernamentales y centros de estudio.

Resulta sumamente paradójico que el Departamento de Estado se apriete el cinturón y, a la vez, haga esta apuesta por la internet y busque “oportunidades”, mientras desecha o descuida las que ya existen. Por sentido común, ¿no debería perfeccionarse -con el presupuesto del que se disponga- lo que ya funciona (varias encuestas apuntan a que Radio Martí posee una audiencia de más del 10 por ciento) y paralelamente, si es factible, transitar otros caminos?

Está muy bien que se trate de extender el acceso a internet, sobre todo, tomando en cuenta el surgimiento de medios emergentes y de recursos alternativos. Pero sería también formidable que, bajo este impulso, se perfeccione Martinoticias.com (que debería aspirar a ser el mejor sitio de noticias sobre Cuba, lo cual ahora no es ni de lejos).

Lo que no puede entenderse es que se pretenda aumentar el volumen de contenido proveniente de la isla, y no se atienda el tema de los repetidores (de siete en 2001 a dos en 2017); o que se impulsen estudios sobre acceso a internet cuando la radio dispone de un solo reportero (sic).

Volviendo al presupuesto, ya se sabe que, al final, este tiene que ser aprobado por el Congreso. También, que los congresistas cubanoamericanos ya han manifestado su oposición a cualquier decisión que menoscabe la búsqueda de la democracia en Cuba, y que tradicionalmente han sostenido que Radio y TV Martí son “intocables”.

No obstante, debe reconocerse que existe potencial para utilizar más racionalmente los recursos. Por ejemplo, casi una tercera parte del presupuesto de la OCB lo consume Televisión Martí, cuyas emisiones son con mayor o menor éxito bloqueadas en la isla. Mientras no exista la tecnología que permita romper la interferencia permanente, que dura ya 30 años, sería más conveniente dedicar parte de tales recursos a la radio, modernizando la tecnología y reforzando el personal periodístico y técnico. Un equipo reducido de televisión podría permanecer para encargarse de la producción de documentales y cápsulas de información evergreen.

Sobre todo, habría que impedir la adquisición injustificada de tecnología, lo cual es una deplorable tradición en la OCB bajo el pretexto de que “es un dinero que hay que gastar”. Durante 2017 se anunció la compra de un switcher y router, cuyo costo fue de medio millón de dólares. Resultó que la tecnología no es compatible y ahora han tenido que contratar a un técnico para hacer adaptaciones.

Obama sigue siendo el Rey

Miradas bien las cosas, esta propuesta -que significaría la previsible decapitación de la emisora fundada por Ronald Reagan en 1985- no debe sorprender.

Las mismas personas que trazaron e hicieron aplicar la política de radiodifusión hacia la isla durante el gobierno de Barack Obama, aquellas que armaron una programación de bajo perfil para no incordiar al régimen cubano y diluyeron la Misión entre programas ligeros (pesadísimos), juegos de pelota y consejos de la Doctora Isabel, siguen en el mismo lugar. No es extraño que todo siga igual y, aun, que tienda a ponerse peor.

La antigua dirección de la BBG, encabezada por John F. Lansing, CEO y director, se encuentra incólume. La única novedad es que Andre Mendes (Chief Information Officer/Chief Technology Officer de la BBG), es ahora el director interino de Radio y TV Martí. No cabe duda de que algunos no desean un director cubano, miamense y de línea dura.

Mendes lleva seis meses en ese puesto sin que, hasta ahora, se observen cambios esenciales en la programación, la que, en general, sigue arrastrando los mismos males desde hace una década, sobre todo, la reducción del tiempo de los noticieros y programas de opinión. Porque en ellos radica, en definitiva, la esencia de la Misión. Los cubanos no necesitan programas humorísticos ni de entretenimiento -¿el Paquete ya no se encarga de ello?-, sino información rigurosa y balanceada, precisamente lo que el régimen les niega.

En su reciente discurso del Estado de la Nación, el presidente Donald Trump insistió en la necesidad de imponer más sanciones a Cuba. Fue una breve mención, pero suficiente para colegir que la política de acercamiento de Barack Obama, que culminó con el restablecimiento de relaciones entre los dos países, había quedado bien atrás.

Por lo visto, al menos para los directivos de la BBG y otros funcionarios del Departamento de Estado, esas palabras fueron pura retórica. Ya levantan el patíbulo en la plaza.

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