lunes 4  de  marzo 2024
VISITA HISTÓRICA

“¿Qué bolá Cuba?": Obama está decidido a cambiar la historia

Para Obama el viaje es la esencia de su legado diplomático, también una forma de aproximarse a los demás países latinoamericanos que suelen seguir el faro de La Habana. Algunos creen que es una novedad de los últimos dos años

MIAMI.-RUI FERREIRA
Especial
@ruiefe

Bajo un pertinaz aguacero, el presidente estadounidense Barack Obama desembarcó en La Habana en un viaje histórico llamado a consolidar el deshielo iniciado entre los dos países a fines del año 2014. Es la primera visita de un mandatario del poderoso vecino del Norte desde que en 1928 el entonces presidente Calvin Coolidge ingresó a la rada habanera a bordo de un acorazado.

“¿Qué bolá Cuba? Acabo de aterrizar aquí, y deseoso de encontrarme y escuchar directamente al pueblo cubano”, fueron las primeras palabras del mandatario expresadas a través de su cuenta en Twitter.

El avión presidencial, Air Force One, tocó tierra en el Aeropuerto Internacional José Martí a las 4:19 de la tarde, donde Obama fue recibido por el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez; la directora del Departamento de América del Norte de la cancillería, Josefina Vidal, y los jefes de las misiones diplomáticas de los dos países, Jeffrey DeLaurentis y José Ramón Cabañas.

El gobernante Raúl Castro no estuvo presente en el recibimiento, un gesto que según fuentes en la capital cubana, pretende enviar un mensaje de que aunque la visita es importante las relaciones todavía no están totalmente normalizadas. La Habana sigue reclamando el fin del embargo económico y la devolución de la Base Naval de Guantánamo.

Obama, acompañado de la primera dama Michelle Obama sus dos hijas y la suegra, descendió del aparato cubriéndose con un paraguas, saludó al pequeño comité de recepción y abordó la limusina presidencial, también conocida como “la bestia”. Mientras esto ocurría, por la parte trasera del Air Force One desembarcó el resto de la delegación estadounidense, con el secretario de Estado John Kerry, la líder demócrata de la Cámara, Nancy Pelosi, la asesora presidencial Valerie Jarret y un grupo de congresistas y senadores de ambos partidos.

Enseguida la comitiva presidencial, compuesta por 28 camionetas, siete de las cuales blindadas, puso rumbo al Hotel Meliá, en el Malecón Habanero donde Obama tuvo oportunidad de saludar al personal diplomático allí presente. Tras los saludos, el mandatario realizó una breve visita a La Habana Vieja, bajo la conducción del historiador de la ciudad, Eusebio Leal, y se detuvo en la Catedral de La Habana a saludar al cardenal Jaime Ortega y Alamino, uno de los artífices del deshielo entre los dos países.

Al reunirse con el personal diplomático, Obama pronunció un breve discurso. “En 1928 el presidente Coolidge vino en un acorazado y tardó tres días. A mí me tomó apenas tres horas”, dijo el mandatario. “Tener una embajada de EEUU significa que vamos a poder impulsar mejor nuestros valores, nuestro intereses y entender mejor las preocupaciones del pueblo cubano. Esta es una visita histórica y una oportunidad histórica”, enfatizó.

Obama, quien permanecerá en la isla hasta el martes por la tarde, desembarcó en La Habana con una idea muy precisa: acabar de una vez por todas con la animosidad entre los dos gobiernos y extender un puente de plata a su viejo adversario sin obviar las diferencias políticas y críticas a la sociedad socialista cubana, como las violaciones de derechos humanos.

De hecho esa ha sido una de las condiciones desde que en diciembre el mandatario manifestó sus intenciones de viajar a la isla. “Voy con el presupuesto de que puedo hablar con quien quiera”, dijo en ese entonces.

Para Obama el viaje es la esencia de su legado diplomático, también una forma de aproximarse a los demás países latinoamericanos que suele seguir el faro de La Habana. Algunos creen que es una novedad de los últimos dos años pero lo cierto es que cuando de su visita a Miami el año 2008, siendo aún un candidato a la presidencia, el mandatario se comprometió a resolver este último conflicto de la Guerra Fría.

El viaje presidencial también es una forma de resaltar los nuevos tiempos y, a la vez, hacer ver que la nueva dinámica bilateral es irreversible.

Su plan es ampliar la influencia de Washington en la isla, llegar directamente al pueblo cubano y participar en el desarrollo de la sociedad empresarial privada, aún bastante angosta. “Cuanto más los empresarios estadounidenses se compenetren allí, cuanta más gente viaje allí y los cubanoamericanos pueden comunicarse ampliamente con sus familiares, que en algunos casos no se han visto en décadas, más fácilmente vamos a ver los cambios que todos aspiramos”, indicó Obama recientemente la cadena CNN en español.

Horas antes de la llegada, un grupo de manifestantes progubernamentales cercó a unas 50 integrantes de una de las facciones de las Damas de Blanco y otros opositores en las inmediaciones de la Iglesia de Santa Rita, en Miramar. Los opositores fueron arrestados y liberados horas después. De todos modos, antes del incidente, la líder de las Damas de Blanco, Berta Soler, declaró a la agencia española EFE, que la agrupación desea que Obama “dé un mensaje bien claro de apoyo al pueblo de Cuba, dado que siempre los Estados Unidos han querido el bien y la democracia en la isla”.

También, “queremos que le exija al Gobierno cubano la libertad inmediata para todos los presos políticos, una amnistía general y que cese la violencia policial”, enfatizó Soler, quien agregó que piensa explicarle al mandatario que su visita no cambiará “para nada” la situación de derechos humanos en la isla.

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