miércoles 11  de  marzo 2026
AMAXOFOBIA

Terror al volante

Cuando el miedo a conducir un vehículo se convierte en irracional estamos ante la presencia de un trastorno de ansiedad

BELÉN GONZÁLEZ
@mbelengg

Conducir un vehículo es para la mayoría de nosotros una actividad cotidiana, un proceso que dominamos tras la práctica y llega a convertirse en una acción casi mecánica. Sin embargo, no todos lo ven tan sencillo. Tal es el caso de las personas con amaxofobia, como se conoce al miedo irracional a manejar.

La amaxofobia, término que proviene de las palabras griegas “amaxa”, que se traduce como carro, y “fobia”, que significa temor, está catalogada clínicamente como un trastorno de ansiedad de carácter universal, pues afecta a personas de cualquier nacionalidad, grupo étnico, sexo, profesión o nivel socioeconómico.

Según las estadísticas, alrededor de un 33% de los conductores son víctimas de este trastorno. Las mujeres son más propensas a padecer de amaxofobia, pues en ellas se concentra el 87% de los casos diagnosticados. En cuanto a la edad media de la afección, la diferencia es menos marcada, 34 años en el caso de las féminas y 37 años en los varones.

En general, la amaxofobia se inicia con una aguda crisis de ansiedad, que es acompañada por una intensa sensación de falta de control y pensamientos catastrofistas, que llevan a la persona a perder la confianza en sí misma.

Esta fobia al volante se inserta en el manejo de tres elementos clave: los pensamientos, los sentimientos y las conductas. El primero nos hace conscientes del miedo, bien sea este real o imaginario; el segundo genera en nosotros, a partir del temor de manifestaciones psicológicas y física, ansiedad, sudores, taquicardia, angustia y llanto, entre otros; y finalmente, esas sensaciones generan una acción, que generalmente es huir de la situación, lo que implica dejar de conducir un vehículo.

Origen y categorías

Este trastorno puede ser el resultado de varios factores, aunque ciertamente lo más común es que obedezca a secuelas psicológicas producto de un accidente de tráfico. Sin embargo, este miedo irracional también podría tener su origen en problemas psicológicos anteriores, el estrés laboral, los problemas económicos, las pérdidas inesperadas y las rupturas de relaciones humanas.

Por otra parte, hay características personales como antecedentes de ansiedad, depresión, alto nivel de estrés, baja autoestima, elevada autoexigencia, baja tolerancia a la frustración y fragilidad emocional, son factores que predisponen la aparición de este trastorno.

En función a su origen, los expertos han clasificado a los pacientes con amaxofobia en tres categorías. En el primer grupo están las personas que comienzan a conducir, pero que al estar solos al volante no son capaces de controlar la ansiedad, por lo que deciden dejar de manejar como respuesta a una preocupación obsesiva y al miedo a sentirse juzgados por los otros usuarios de la vía.

El segundo grupo, que concentra un 60 % de los casos, corresponde a las personas que llevan más de cinco años al volante, pero que como reacción al estrés producido por algún evento específico desarrollan un temor incontrolable a conducir. Estos casos se caracterizan además por una incontrolable ansiedad anticipatoria al hecho de manejar un vehículo en una vía pública.

Finalmente, está el grupo de las personas que han sufrido una experiencia traumática al volante, incluso si no son ellos los afectados de forma directa. En este caso, el llamado “estrés  postraumático” causa estragos e impulsa a encontrar en cualquier situación, medianamente parecida al accidente sufrido, la ocasión para revivir la experiencia, lo que de inmediato eleva el nivel de ansiedad.

Recuperando el volante

Este trastorno, que puede llegar a ser incapacitante, puede superarse con paciencia y trabajo constante, haciendo uso de una terapia psicológica cognitiva y conductual. Lo principal es modificar las ideas y pensamientos erróneos del afectado sobre su capacidad al volante, y sobre el nivel de riesgo  que implican las diversas situaciones de tráfico.

Para lograr el primer objetivo, se emplean técnicas de reconstrucción cognitiva que permiten al paciente tomar conciencia de la situación, además de identificar el origen de su miedo y de los mecanismos que los mantiene, así como técnicas de relajación y control del pensamiento catastrofista.

El segundo paso es suprimir el fuerte condicionamiento emocional asociado al miedo, haciendo uso de técnicas de exposición en vivo, de una manera progresiva y guiada. Esto quiere decir que la persona debe volver a conducir, primero en espacios menos expuestos y poco a poco en vías más transitadas, hasta desarrollar la seguridad al volante que necesita para insertarse a una calle principal o a una autopista, con seguridad y confianza.

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