viernes 15  de  mayo 2026
INSPIRACIÓN

Antonia Villa Navarro y la duda que muchas jóvenes cargan antes de empezar en el mundo digital

La creadora de contenido Antonia Villa Navarro ha observado en los espacios de emprendimiento femenino algo que se repite: mujeres jóvenes que llegan preparadas pero que hablan de sus proyectos como si todavía estuvieran pidiendo permiso

Por REDACCIÓN/Diario Las Américas

Antonia Villa Navarro ha participado en suficientes encuentros de emprendimiento femenino como para reconocer el patrón antes de que termine la primera frase. Mujeres jóvenes que llegan con ideas buenas, con preparación real, con proyectos que ya tienen forma. Que al hablar de lo que quieren hacer suenan como si todavía estuvieran pidiendo permiso.

No siempre lo dicen así.

A veces aparece como algo más suave: "me falta aprender un poco más", "todavía no está listo", "hay gente que sabe más que yo". Y puede ser cierto que falte ajustar cosas. Siempre falta algo. Pero muchas veces no se trata de preparación. Se trata de confianza.

En redes la conocen como AntoEcom. Antonia Villa Navarro lleva cuatro años construyendo una comunidad hispanohablante sobre negocios por internet, participando en conversaciones sobre emprendimiento femenino y trabajo digital, y viendo repetirse eso que no suena a problema pero que lo es: talento que espera permiso para usarse.

Algunas de esas mujeres llegan con cursos hechos, herramientas probadas, una idea de negocio más clara de lo que ellas mismas reconocen. Y aun así, antes de vender, publicar, cobrar o simplemente decir "esto es lo que hago", aparece una duda que pesa más que cualquier carencia real. No es escandalosa. Es silenciosa. Se parece mucho a la prudencia, y por eso mismo cuesta detectarla.

Hay números que ayudan a entender esa distancia. Una encuesta de KPMG y High Fliers encontró que solo el 37 por ciento de las mujeres jóvenes confiaba en tener las habilidades tecnológicas que hoy piden los empleadores, frente al 57 por ciento de los hombres. Cuando se evaluó la competencia real, los dos grupos puntuaban igual. No era que ellas supieran menos. Era que confiaban menos en lo que sabían.

Todo eso es real. Antonia Villa Navarro lo reconoce de cerca.

Lo que le llama la atención no es que exista esa brecha. Es lo que pasa cuando nadie la nombra. Una mujer joven con una idea lista que sigue hablándola como si fuera una posibilidad lejana. Otra que espera otra certificación antes de moverse. Una habilidad que ya existe, administrada con demasiado cuidado, casi con miedo a ocupar espacio.

Antonia Villa Navarro entiende esa parte porque AntoEcom tampoco nació de una seguridad absoluta. Hubo pruebas, errores, decisiones tomadas sin tener toda la información. Aprendizajes que solo aparecieron después de hacer, no antes. Esa parte, contada desde afuera, suele sonar más ordenada de lo que fue.

Por eso le incomoda la idea de esperar a estar lista. No porque prepararse esté mal. El problema es cuando prepararse se convierte en una forma de aplazar lo que realmente incomoda: mostrarse, cobrar, vender, recibir silencio, equivocarse en público.

Una investigación citada por Fortune en 2026 sobre mujeres que pasan al emprendimiento documentó que la autoduda puede seguir apareciendo incluso cuando ya hay resultados que demuestran capacidad. La mentoría y las redes de acompañamiento entre pares aparecen como las estrategias más efectivas para romper ese ciclo.

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En la práctica, eso significa algo simple. A veces una mujer no necesita que le expliquen otra vez cómo empezar. Necesita ver que otra persona empezó sin tenerlo todo claro. Que también dudó. Que no desapareció por equivocarse.

Ese lugar ocupa Antonia Villa Navarro para parte de su comunidad. No como figura que baja respuestas cerradas, sino como alguien que muestra el proceso con menos maquillaje. Los meses en que nada funcionó. Las decisiones que tomaría distinto. Lo que tuvo que aprender haciendo, no preparándose para hacer.

Lo que ha visto repetirse es eso: jóvenes capaces esperando sentirse más autorizadas para empezar. En digital nadie entrega ese permiso. Y a veces esperar demasiado a sentirse lista termina pareciéndose mucho a quedarse afuera.

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