Una piscina, un chapuzón improvisado, un descuido de segundos. Para muchas familias, el agua es sinónimo de diversión, vacaciones y tiempo en familia. Pero también puede convertirse en un riesgo silencioso cuando no existen habilidades básicas de seguridad acuática.
Este 15 de mayo se conmemora el Día Mundial de la Seguridad Acuática (International Water Safety Day), una fecha creada para concienciar sobre la prevención de ahogamientos y la importancia de enseñar a niños y jóvenes a desenvolverse de forma segura en el agua. Más que una efeméride, es un recordatorio de una realidad incómoda: aprender a nadar no es un lujo ni un deporte opcional; puede ser una habilidad de supervivencia.
Para muchos padres, la idea de que un niño pueda estar en peligro cerca del agua parece lejana. Sin embargo, los expertos en prevención insisten en algo clave: los accidentes acuáticos ocurren rápido, suelen ser silenciosos y muchas veces suceden cuando los adultos creen que “solo fue un momento”.
De acuerdo con los Centers for Disease Control and Prevention (CDC), el ahogamiento es una de las principales causas de muerte accidental infantil en Estados Unidos. En niños de 1 a 4 años, incluso representa la principal causa de muerte relacionada con lesiones no intencionales. Entre menores de 5 a 14 años, sigue ocupando uno de los primeros lugares entre las muertes accidentales.
La estadística resulta aún más inquietante porque muchos incidentes ocurren en lugares cotidianos: piscinas residenciales, fiestas familiares, campamentos de verano o visitas a casas de amigos.
La buena noticia es que existen herramientas concretas para reducir riesgos, y una de las más importantes es el aprendizaje temprano de natación.
Los CDC recomiendan que los niños aprendan habilidades básicas de natación y seguridad acuática desde edades tempranas, combinadas siempre con supervisión constante. Las clases formales de natación pueden reducir significativamente el riesgo de ahogamiento infantil, especialmente en menores pequeños.
Pero aquí aparece un error frecuente: asumir que un niño que sabe nadar ya está completamente protegido.
No es así.
“Aprender a nadar” no significa solo avanzar unos metros o sentirse cómodo en una piscina. Los especialistas hablan de una combinación de capacidades: saber flotar, mantenerse calmado, respirar correctamente, girar el cuerpo, regresar a un borde o reconocer cuándo pedir ayuda.
Y aun con entrenamiento, ningún niño debería permanecer sin vigilancia cerca del agua.
De hecho, una de las recomendaciones más repetidas por organizaciones de seguridad acuática es la llamada “supervisión activa”: un adulto atento, físicamente presente y sin distracciones como teléfonos, conversaciones largas o alcohol. Porque los ahogamientos, contrario a lo que muestran las películas, suelen ser silenciosos y pueden ocurrir en menos de un minuto.
Con el verano acercándose, expertos también recuerdan que la seguridad acuática no se limita a piscinas. Lagos, playas, ríos, canales y hasta bañeras representan riesgos distintos. En aguas naturales pueden existir corrientes invisibles, desniveles o cambios bruscos de profundidad que incluso nadadores experimentados no anticipan.
Hay además varios mitos que conviene desmontar.
Uno de los más comunes es confiar demasiado en flotadores inflables o juguetes de agua. Las autoridades sanitarias advierten que estos artículos no sustituyen dispositivos de seguridad aprobados ni reemplazan la supervisión adulta. Cuando se trata de niños pequeños o nadadores inexpertos, los chalecos salvavidas adecuados ofrecen mucha más protección.
Otro error frecuente es pensar que “hay salvavidas, así que no tengo que mirar”. Los expertos son claros: la presencia de un socorrista no elimina la responsabilidad de los padres o cuidadores.
Entonces, ¿qué puede hacer una familia para reducir riesgos?
Las organizaciones de prevención recomiendan algunas medidas simples pero poderosas:
- Inscribir a los niños en clases formales de natación.
- Mantener supervisión constante y cercana cerca del agua.
- Instalar cercas de seguridad alrededor de piscinas residenciales.
- Enseñar reglas básicas: nunca nadar solos y siempre pedir permiso.
- Aprender reanimación cardiopulmonar (CPR), especialmente si hay piscina en casa.
El Día Mundial de la Seguridad Acuática no busca generar miedo, sino conciencia. Porque el agua puede seguir siendo un espacio de alegría, deporte y encuentro familiar, siempre que exista preparación.
Y quizá la pregunta más importante no sea si un niño disfruta del agua, sino si realmente sabe qué hacer cuando algo sale mal.
Porque a veces, aprender a flotar, respirar o pedir ayuda puede marcar la diferencia entre un susto y una tragedia.
FUENTE: Pool & Hot Tub Alliance / CDC