LA HABANA. IVAN GARCÍA
Especial

Helicópteros, camiones militares fumigando y palas mecánicas recogiendo escombros y toneladas de basura es el panorama de La Habana, la ciudad que dentro de unas semanas recibirá al presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

No es una campaña nueva. Desde hace treinta y cuatro años, cuando en 1982 se desató un brote de dengue hemorrágico que provocó la muerte de 101 personas, la mayoría niños, y que la autocracia verde olivo todavía acusa a la CIA de haber introducido la epidemia, las fumigaciones para frenar pandemias locales son cíclicas en la Isla.

Son los casos del dengue, en sus diferentes tipos, el Chikungunya y ahora el Zika, que las autoridades sanitarias aseguran no existe ningún caso, pero dan por hecho que podría entrar al país debido a su presencia en el Caribe o Venezuela, donde el régimen tiene a más de cuarenta mil cooperantes. Para anticiparse al Zika, el Gobierno ha puesto en marcha un fuerte despliegue militar en todos los barrios habaneros.

“Es una orden directa de Raúl Castro. Todos los puestos provinciales de salud y epidemiologia de Cuba están en alerta. Sobre todo La Habana, por su elevado número de turistas y por la llegada de Obama el próximo 21 de marzo”, dice un jefe de brigada de fumigación en La Víbora.

Según un directivo de Higiene y Epidemiología, en esta ocasión, para la batida contra el mosquito Aedes Aegypti, se han invertido cuantiosos recursos. “En el extranjero se han comprado productos químicos de última generación. Se han movilizado miles de reclutas y suboficiales de las Fuerzas Armadas. También estamos siendo más rigurosos con aquellos morosos que no dejan fumigar en el interior de sus casas, a quienes se les van imponer multas que van desde los 200 hasta los 500 pesos”.

Desde el aire, helicópteros y avionetas de fumigación expanden abate por toda La Habana. En una misma semana, en el Reparto Sevillano, a media hora del centro de la ciudad, ya han fumigado dos veces.

El penetrante olor del producto químico utilizado genera malestar entre los vecinos. “Es verdad que es por la salud de todos nosotros, pero los asmáticos y alérgicos sufren muchísimo con el olor que dejan esas fumigaciones aéreas”, señala Edna, ama de casa.

De acuerdo con funcionarios de Salud Pública, una de las causas del intenso despliegue se debe también a la llegada del Secretario de Estado John Kerry dentro de dos semanas, para allanar el camino a la visita de Obama.

“Tú te imaginas, que en plena visita de Obama, surja un brote de Zika. Esta vez estamos jugando al duro. Pudiera parecer que el Zika es una variante más del dengue, pero puede ocasionar la muerte o malformaciones a los fetos de mujeres embarazadas. Y si algo funciona en Cuba es el cuidado a los niños”, expresa Dagoberto, médico de la familia en el municipio Cerro.

Desde horas tempranas y hasta bien entrada la noche, decenas de camiones y buldócers recogen desechos sólidos y escombros, habituales en las calles de la capital. “Ayer trabajé trece horas. La cantidad de basura en La Habana es enorme. Las orientaciones del puesto de mando provincial es dejar la ciudad lo más limpia posible”, subraya Héctor, chofer de un camión de la era soviética.

Los abundantes salideros de agua, que se habían convertido en parte del paisaje, están siendo remendados con premura. Algunos ya eran como viejos vecinos, que en noches alternas, dilapidaban miles de litros de agua. En la esquina de San Francisco y Diez de Octubre, una brigada de acueducto y alcantarillado, ahora mismo repara un salidero de vastas proporciones mientras los vecinos y curiosos miran las obras.

“Hace falta que esta vez lo hagan con calidad. Pues ya ese salidero parece no tener solución. Lo remiendan como pueden y a los pocos días vuelve a salir el agua”, acota Deborah, quien vende pizzas en el portal de su casa.

En otra esquina, en Carmen y Diez de Octubre, dos camiones y una pala mecánica en tres horas limpiaron la basura y los escombros que llevaban varios acumulados en el lugar. Pero cuando cayó la noche, la gente volvió a depositar desechos.

“Es que se han perdido los valores y el respeto por los bienes públicos. Fidel Castro y su revolución han barrido con las normas que velan por la limpieza de la ciudad. Cualquiera mea en la calle y bota los tarecos de la casa en una esquina, como si viviéramos en África”, dice Saúl, jubilado.

Puede que la visita de Barack Obama a Cuba sea puro espectáculo mediático. Puede que no. Pero ya los habaneros están ganando. Para cuando arribe el Air Force One a La Habana, tendremos una ciudad más limpia. Y probablemente más segura frente a las epidemias.

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