sábado 21  de  febrero 2026
VIOLENCIA

Ola de asesinatos en Costa Rica enciende las alarmas

SAN JOSÉ.- Según los registros del Organismo de Investigación Judicial, entre enero y el 18 de noviembre anterior, el país registraba 374 asesinatos. 

SAN JOSÉ.- JOSUÉ BRAVO / ESPECIAL DLA

Una mañana de noviembre la Policía encontró asesinados a tres hombres debajo de un puente. Según el Organismo de Investigación Judicial (OIJ), uno fue ultimado al menos con cuatro balazos, otro apuñalado y asfixiado con una faja, y un tercero baleado y degollado.

Al día siguiente la policía halló en la vía pública el cuerpo de un hombre quemado. Estaba envuelto en una sábana, con un disparo en la sien derecha. Las autoridades lo reconocieron por sus tatuajes en el cuerpo: tres hojas de marihuana en la espalda, un escorpión en el brazo derecho y otro más en el izquierdo con las letras BYE.

Tres días después, la Fuerza Pública y el OIJ  capturaron a tres hombres (dos de ellos nicaragüenses) que llevaban  un cadáver en el asiento trasero de un automóvil. La víctima viajaba atada de pies y manos con un envoltorio plástico en la cabeza, donde además tenía un impacto de bala.

A inicios de diciembre tres menores fueron asesinados, uno de ellos acribillado de 15 disparos de pistolas calibre 3.57 y 9 milímetros.

No son de otro país, son áreas calientas "ticas"

Estas escenas parecieran haber sido extraídas de la vida cotidiana de ciudades de Honduras, El Salvador o Guatemala, los países más violentos de Centroamérica.

Pero no. Son de la periferia de San José, la capital costarricense con desarrollo desigual donde las bandas locales de narcotraficantes han sembrado el miedo a punto de balas y ajusticiamiento en la lucha por territorios.

Según los registros del OIJ, entre enero y el 18 de noviembre anterior, el país registraba 374 asesinatos. En el cantón central de San José han ocurrido 58 y es el más violento del país, le sigue Desamparados, al sur de la capital, con 40 y Limón, en el Caribe, con 29, aunque no todos los hechos son atribuidos al narcotráfico.

La zona roja

Los crímenes en Desamparados encendieron aún más las alarmas. Parte de ellos ocurrieron en noviembre y la opinión pública, así como las autoridades, los atribuyen a  “El Indio”, el jefe de una banda que estaría saldando cuentas pendientes con sus contrincantes, dirigiendo los asesinatos desde la cárcel, donde se encuentra recluido;  aunque el OIJ ha intentado bajarle el perfil a este personaje con el interés de calmar la alerta.

“Es la misma lucha de poder por las áreas geográficas. Las mismas luchas de las bandas criminales que están operando  en Alajuelita, Calle Fallas [sitios al sur de San José] y todo ese sector”, declaró hace semanas el director del OIJ, Francisco Segura, al explicar sobre el hallazgo de dos cuerpos en la zona de Desamparados, en declaraciones que se han vuelto recurrentes por los continuos asesinatos.

Las autoridades le siguen los pasos a unos seis grupos criminales que luchan por apoderarse de territorios de San José para ejercer el ilícito negocio de venta de drogas al menudeo. La pugna también podría ser interna en cada banda por cuentas pendientes, “tumbonazos” (robo de cargamento) y cobros de dinero.

Las bandas delictivas

La banda de “El Indio”, como apodan a Marco Zamora Solórzano, es la más temida, aunque el OIJ no cree que él sea el responsable de todas las muertes de los últimos días.

“Es un delincuente más”, indicó Segura, en un intento de bajarle el perfil a este mítico personaje.

“Hicimos el trabajo que nos corresponde. Lo detuvimos, ahora viene el juicio con el dispositivo de seguridad que se merece. [Los medios] lo lanzaron al estrellato, ahora se habla de El Indio y cuando hay un asesinato muy probablemente se los atribuimos a él. No significa que El Indio es el gran capo de Costa Rica, ni que toda la droga que pasa por Costa Rica ni todos los muertos tienen que ver con El Indio”, añadió.

Zamora, de 42 años, fue capturado en marzo de 2012. Él y 10 integrantes más de su banda son enjuiciados por tráfico local e internacional de drogas, legitimación de capitales (lavado) y asesinatos bajo la modalidad de “sicariato”.

Permanece recluido en La Reforma, la cárcel de máxima seguridad del país pero se cree que valiéndose de artimañas para comunicarse con sus compinches desde su celda, ha dirigido parte de los asesinatos en Desamparados, sobre todo contra aquellos que le quitaron cargamentos de droga o le quieren robar territorios.

El fiscal adjunto contra la delincuencia organizada, Walter Espinoza, comparó las acciones de El Indio a las de cualquier organización criminal de México.

“La banda actúa de manera similar a la de un cártel mexicano. Es violenta, actúa de manera permanente, respeta jerarquías, tiene cohesión interna, tiene acopio de armas y hasta un grupo de sicarios a quienes llaman Los Perros”, acotó el fiscal.

La zona caliente de la capital por años fue Pavas, un suburbio ubicado al oeste. Desde que la Policía aumentó su presencia en esa zona y empezó a desarticular organizaciones, las bandas habrían trasladado sus operaciones hacia el sur. Es la tesis que manejan las autoridades, quienes sospechaban que el vacío de poder dejado por El Indio cuando fue capturado, desencadenó la la ola de asesinatos.

“Es un tipo [El Indio] que tuvo su organización y cuando hay un vacío de poder tiene que llenarse. Era lógico que desde que detuvieron a El Indio y su grupo se sabía que vendrían una serie de manifestaciones violentas como son la muerte de personas, porque hay un campo que quedó vacío y alguien quiere aprovecharse de esos beneficios”, explicó Segura.

Qué dicen las autoridades

La vocera del OIJ, Marisel Rodríguez, ha explicado en reiteradas ocasiones que los criminales han reclutado a jóvenes y adolescentes que se salieron del colegio o simplemente no estudian ni trabajan.

A ellos los seducen con facilidad dándoles regalías como celulares, vehículos y cuanta cosa material quieren a cambio de favores ilícitos como traslado, distribución de droga y hasta trabajar “gatilleros” en los asesinatos.

La escalada de violencia es a varios niveles. Hace dos meses, el OIJ capturó a dos sospechosos de pedirle dinero a varios establecimientos comerciales a cambio de no ser asaltados. Cobraban entre 30 y 50 dólares de extorsión –al tipo de cambio actual- por comercio, cada semana, a cambio de brindarles protección y no asaltarlos. Los sospechosos eran jóvenes menores de 20 años.  

En la provincia caribeña de Limón ya ocurrió lo mismo que ahora vive la capital. La policía mandó más oficiales para controlar la criminalidad. En el norte del país también hay operaciones vinculadas al narco.

Hace más de una semana el OIJ desarticuló una banda vinculada al tráfico de drogas, “sicariato” y lavado de dólares. En 13 allanamientos realizados en Barranca de Puntarenas, en el Pacífico norte, los agentes mataron a tres sospechosos que ofrecieron resistencia y capturó a tres más.

La violencia en cifras

La Policía Judicial los vincula a tres ajusticiamientos ocurridos en la provincia norteña de Guanacaste. La banda de El Chapín, como era conocida, tenía roces con una liderada por dominicanos en la zona norte. Además de disputar territorios, luchaban por clientes a quienes les prestaban dinero al 20% de intereses mensual.

Costa Rica terminó el 2013 con una tasa de homicidios del 8.7% por cada 100.000 habitantes, una de las más bajas de Centroamérica.

A juicio del sociólogo Carlos Sandoval, las cifras podrían dispararse en 2014 por los recientes acontecimientos, pero el país aún está lejos de emular a países inseguros como Guatemala, El Salvador y Honduras.

Según Sandoval, por años Costa Rica tuvo una tasa de 11 homicidios por cada 100.000 habitantes, la cual bajó durante el Gobierno anterior, dirigido por Laura Chinchilla, a 8.7. “Y no bajó por virtud de la mandataria, pero sí fue la baja más significativa en los últimos 25 años. Yo creo que este año la tasa volverá a subir por lo que ha pasado en Limón y Desamparados en los últimos meses. Todo el lío de disputa territorial que un grupo le robó drogas a otro grupo. Que la esposa de El Indio se fue con otro chavalo y ahora El Indio anda matando a todo el mundo”, explicó.

En los crímenes y capturas, el OIJ ha detectado a extranjeros, sobre todo colombianos, dominicanos y hasta nicaragüenses.

“Esa escalada de violencia ya no está asociada con nicaragüenses como justificaba la sociedad costarricense. Son bandas de ticos. La sociedad costarricense tiene el enredo ahora de no tener a quien echarle la culpa. Tampoco son los colombianos”, aseguró Sandoval, quien añadió que a raíz del Plan Colombia, firmado en 1999 por el presidente Bill Clinton y el mandatario colombiano Andrés Pastrana, que permitió el patrullaje  conjunto en el mar Caribe, la droga dejo de pasar por ese ahí y ahora transita más por territorio de Centroamérica.

“El bloqueo del mar Caribe implica que la droga sube por territorio centroamericano. La logística está más a cargo de carteles mexicanos que colombianos. Al transitar más droga, queda más droga acá. Eso provoca más narcomenudeo y el narcomenudeo provoca luchas territoriales entre bandas. Ese narcomenudeo genera conflicto y hay mucha gente armada en el país, por lo que los conflictos se resuelven más rapiditos”, añadió.

Todo eso va asociado a la desigualdad que vive en Costa Rica, que no ha podido sacar al  20% de su población de la pobreza. “Es un caldo de cultivo donde el líder de una banda puede ser cualquier persona”, dijo.

“Hay un riesgo de que la cosa escale porque hay mucha droga circulando. Se desmonta una red y aparece otra”, explicó.

 

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Deja tu comentario

Te puede interesar